Los resultados de PISA de la educación primaria y bachillerato española son un desastre.

Nuestro sistema educativo es malo, tanto comparado con otros sistemas, como consigo mismo. En lugar de mejorar retrocedemos.

También retroceden otros países. Pero "mal de muchos consuelo de tontos".

¿Por qué ocurre esto? Los expertos indican que se debe en parte a la utilización de las "pantallas" /móviles, tabletas, PCs, ...); que su uso abusivo hace que muchos alumnos tengan dificultades para comprender textos de más de 400 palabras.

Es posible que sea así. Sin embargo, hace años se dijo lo mismo de la TV. Hasta que la TV se integró en la vida diaria.

El informe PISA sobre este colectivo de alumnos dio un resultado similar al de países desarrollados europeos en ciencias, matemáticas y lectura

Lo mismo va a pasar con las nuevas tecnologías. No se van a ir. Más bien su utilización irá en aumento.

Por tanto, prohibir el uso de las pantallas a los alumnos será no sólo difícil, será inútil.

La solución ya ha sido ensayada en algunos países. Es preparar mejor a los dos protagonistas más activos de la formación: los profesores y los familiares.

En el Salvador, con el asesoramiento del Banco Mundial, organismos internacionales especializados y la OCDE se ha hecho un experimento piloto en 171 escuelas públicas que tenían las infraestructuras adecuadas, incluida la conexión informática.

Los alumnos eran unos 1.100 de último curso de primaria y primer curso de bachillerato (más o menos 15 años).

En ellas se hizo un plan de formación de profesores adaptado a ese entorno.

El informe PISA sobre este colectivo de alumnos dio un resultado similar al de países desarrollados europeos en ciencias, matemáticas y lectura. Algo que sorprendió a la opinión pública del país.

Otro de los resultados fue un aumento significativo de la asistencia de los docentes en esas escuelas. Una señal de su mayor implicación en el proceso.

El experimento demuestra dos cosas: la primera es que la enseñanza debe adaptarse a las circunstancias cambiantes del entorno; la segunda que la atención a los profesores y familiares es la clave del rendimiento educativo.

Porque los familiares también se involucraron en el proceso. Por ejemplo, se les pidió ayuda para cumplir con temas como la disciplina, los horarios y la puntualidad o el cuidado de los uniformes (que debían estar impecables).

El éxito se ha achacado a las técnicas empleadas, pero sobre todo a la colaboración y empeño conjunto de la Administración pública, los docentes, los asesores especializados y las familias.

El programa da una esperanza: no hace falta esperar varias generaciones para conseguir mejorar los resultados de un sistema educativo; basta que se empeñe la sociedad en su conjunto para acortar el proceso.

Este no es el único caso. Singapur es ejemplo de cómo un sistema educativo puede convertirse en el motor fundamental del desarrollo económico y social.

Singapur invierte el 12% de su presupuesto en educación, el 2,5% de su PIB. España el 9,1% del presupuesto y el 4% del PIB.

Estos números no dan la clave del éxito. En matemáticas, por ejemplo, la puntuación de España ha bajado mientras Singapur con 575 puntos lidera el ranking global.

Por tanto, el resultado no se debe sólo a lo que se invierte o gasta, también depende de cómo se gasta.

Singapur basa su prosperidad en una educación integral de sus ciudadanos. En sus capacidades personales, conocimientos, actitudes y aptitudes. Porque sus recursos naturales son más bien pocos. Pero nadie duda de su éxito económico.

Estos ejemplos tienen un problema. No son precisamente los admirados por la izquierda gobernante en España.

Precisamente por ello, esta izquierda debería reflexionar ¿no es posible que su ideología educativa esté equivocada?

Porque la economía del futuro de un país depende de la creación de inteligencia colectiva de los habitantes; de su sistema educativo.

Si España quiere dar un futuro a sus niños y jóvenes debe poner las bases en su educación.

El informe PISA es una llamada de atención que exigiría un acuerdo nacional, lo que se llama un "Pacto de Estado" educativo.

Pacto de Estado educativo siempre esperado y nunca logrado a causa de las ideologías que inspiran a cada partido; cuando la solución está ya experimentada y probada.

** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.