"This is treason of the mind and soul". Opeth.
Los datos de crecimiento de PIB y empleo esconden una realidad opuesta a lo que reflejan los titulares de la Moncloa. La evidencia empírica muestra que el crecimiento extensivo impulsado por el sanchismo sólo disfraza el PIB y el empleo con mayor población por inmigración. Mientras tanto, la renta real neta de los españoles se hunde, la tasa de actividad y la productividad están estancadas y el resultado es empobrecimiento y expolio.
El Gobierno de Pedro Sánchez es el fiel reflejo del inflacionismo socialista de toda la vida, centrado en dopar las magnitudes agregadas cuando la prosperidad no llega a los ciudadanos.
La inflación en España es superior a la media de la eurozona y el sanchismo ha elevado agresivamente la presión fiscal sobre el trabajo, mientras sus políticas intervencionistas han convertido la vivienda en un lujo y frenado la competencia y oferta que mejorarían la asequibilidad.
El sanchismo ha erosionado la renta disponible real neta de la mayoría de la población mientras se presenta como el creador de un milagro económico inexistente.
A nadie le importa si crece el PIB dopándolo con inmigración y gasto público. Lo que le importa al ciudadano medio es cuánto puede comprar después de impuestos y cotizaciones, y si puede acceder a vivienda, ahorrar o formar una familia. En esos indicadores, el balance del sanchismo es el opuesto al relato de crecimiento de PIB agregado.
El salario que vende el gobierno es el bruto, pero el que importa a cada ciudadano es el neto y real. Si el salario bruto fuera sinónimo de prosperidad, Irán y Venezuela serían campeones de aumentos y, sin embargo, lo son de miseria.
Los salarios nominales han aumentado, pero eso no lleva a una mejora del poder adquisitivo. Para valorar la situación material de un trabajador, hay que analizar el salario neto, una vez descontados IRPF y cotizaciones, y deflactarlo por la subida de precios.
La evolución de largo plazo muestra que los salarios reales netos en España han caído un 3,4% con Sánchez en La Moncloa. La cuña fiscal sobre el coste laboral es ya del 41,4%, el máximo de los últimos 25 años. Esto significa que una gran parte de lo que paga la empresa no llega al trabajador como renta neta.
Los salarios reales netos en España han caído un 3,4% con Sánchez en La Moncloa
La subida de impuestos al trabajo, que van a volver a aumentar en 2027, junto con el efecto de la progresividad en frío del IRPF cuando no se actualizan por inflación, eliminan la traslación de las mejoras salariales nominales al bolsillo de los hogares. Los impuestos y la inflación se comen los salarios de los españoles.
Cobras más euros y, a la vez, eres relativamente más pobre porque los precios, los impuestos y el coste de la vivienda crecen mucho más deprisa que la renta neta.
La inflación no es un fenómeno neutro. Castiga especialmente a los hogares con menor renta, porque dedican una proporción mayor de sus ingresos a alimentación, energía, transporte y alquiler, partidas con escasa capacidad de ajuste. Por eso a la inflación se le llama el impuesto de los pobres.
Muchos dicen que la inflación no tiene nada que ver con Sánchez porque España no tiene moneda propia ni política monetaria. Es falso. El exceso de inflación en España con respecto a la media de la eurozona se explica al 100% por las políticas de Sánchez, que son puro inflacionismo.
Un gobierno que gasta mucho más y crea cada año más deuda, que no ha reducido el déficit monetario ni el exceso de gasto político, es uno que imprime muchos más euros de los que demanda el sector privado.
A la vez, usa la política legislativa y fiscal para frenar y entorpecer las mejoras de competitividad, inversión, oferta y competencia que podrían mitigar la erosión del poder adquisitivo de la moneda.
Además, el sanchismo se beneficia mucho de la inflación, ya que obtiene más ingresos y esconde las tasas de deuda, déficit y presión fiscal usando un denominador, el PIB nominal, que ha subido por el aumento de precios.
Es decir, te empobrecen por el numerador (más deuda, déficit e impuestos) y por el denominador (PIB dopado por inmigración e inflación).
En julio de 2026, el IPC fue del 3,6% interanual, cuatro décimas por encima de junio; la inflación subyacente aumentó al 3%, y el IPCA, armonizado y comparable con la eurozona, alcanzó el 3,9%, mientras en la media de la eurozona se situaba en el 2,9%. La diferencia no es menor. Significa españoles más pobres en términos relativos.
El poder de compra de los españoles se erosiona más rápidamente que el de la media de los ciudadanos de la eurozona. Además, los salarios reales netos están estancados. La presión de la población migrante regularizada baja los sueldos en los sectores afectados y pone mayor presión en la oferta de vivienda y los servicios públicos. Pagas más por menos.
La inflación acumulada, medida por IPC, con Sánchez alcanza el 27,4%. Sin embargo, vivienda, alimentos y otros bienes y servicios esenciales han subido mucho más que el IPC general y, por supuesto, mucho más que los salarios.
El Gobierno presenta el crecimiento del PIB como prueba de éxito económico. Pero es la demostración de una economía que engorda, no que se fortalezca.
España engordó el PIB un 2,8% en 2025 y lo hará un estimado 2,3% en 2026. Sin embargo, la tasa AROPE, personas en riesgo de pobreza o exclusión social, apenas se moderó una décima, desde el 25,8% al 25,7%, el año pasado, mientras que la de pobreza descendía únicamente del 19,7% al 19,5%.
Es más, España ha empeorado en el puesto de la Unión Europea en cuanto a tasa de pobreza y exclusión social, según Eurostat. Además, la tasa de carencia material severa ha aumentado con Sánchez, del 7,7% de 2018 al 8,1% en 2026, según la encuesta de condiciones de vida del INE.
El Gobierno presenta el crecimiento del PIB como prueba de éxito económico. Pero es la demostración de una economía que engorda, no que se fortalezca
El crecimiento de población eleva el PIB agregado, pero el crecimiento por habitante no sólo es mucho menor, sino que es equivalente al de la media de una zona euro que no va bien, según los datos del FMI.
La mayoría de la creación de empleo viene de nueva población y se concentra en actividades de baja productividad y salarios moderados. Además, la inflación y los impuestos se comen las mejoras nominales de la renta.
La expansión del gasto público y el aumento de población pueden impulsar el PIB a corto plazo sin mejorar la productividad estructural.
Por ello, celebrar el dato agregado de PIB sin analizar renta real per cápita, productividad, inversión privada, salarios netos y coste de la vivienda ofrece una imagen incompleta.
Los jóvenes están expoliados y empobrecidos. La tasa de riesgo de pobreza o exclusión social entre las personas de 16 a 29 años ha pasado del 23,5% al 27%, un aumento de 3,5 puntos porcentuales.
Hoy, más de uno de cada cuatro jóvenes españoles se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social.
Esto no es un cohete, es un espejismo.
Ante esta lista de evidencias del empeoramiento de la situación de los españoles, la pregunta es: ¿por qué el país está sumiso y callado?
Porque se ha llegado a tal nivel de propaganda y creación de dependientes que la sociedad está anestesiada y aletargada, esperando que la prosperidad venga de un Estado depredador que nos hace cada vez más débiles, resignados y dependientes.
El socialismo quiere pobres sumisos que le echen la culpa a la derecha, y los tiene. Ahora, importa pobres de fuera para callar y desplazar a los que no están de acuerdo con la corrupción y expolio sanchista.
El problema de España es la atroz mejora real neta del crecimiento por habitante. Turismo, consumo público, inmigración, empleo de baja productividad y aumento de población.
La receta del sanchismo es expolio, maquillaje y propaganda. La oposición debe presentar un modelo alternativo y opuesto a este empobrecimiento generalizado.