Los expertos calculan que los incendios forestales cuestan actualmente unos 25.000 millones de euros al año en España. No solo por el coste directo de la extinción y los destrozos del territorio.

También reducen las cosechas y deterioran las infraestructuras de transporte y energía. Uno de sus efectos directos es el destrozo paisajístico y de vida vegetal y animal.

El sol es la fuente de calor y, en consecuencia el causante de este coste. Al que hay que añadir el coste de combatir el calor en las zonas de residencia y trabajo.

Muchas viviendas e instalaciones laborales necesitan aire acondicionado, que hace años no requerían. Se calcula que los españoles gastan entre 2.500 y 3.500 millones por año en ese aire acondicionado.

Además el sol produce enfermedades. Se calcula en 250 millones anuales el coste de tratamientos como los melanomas, más la perdida de productividad laboral.

En España el sol permite una calidad de vida que atrae casi 100 millones de turistas anuales

Es decir que los efectos negativos del sol cuestan sobre 30.000 millones anuales a los españoles.

Sin embargo, el sol es también la mayor fuente de energía. Sin su existencia la tierra no tendría la riqueza vital de la que goza.

En España el sol permite una calidad de vida que atrae casi 100 millones de turistas anuales. El turismo español supone una aportación superior al 12% del PIB. Se podría calcular en 200.000 millones de los que 134.000 millones son gasto directo.

No todo se debe al calor, pero sin él España no tendría la marca turística de la que goza

Además, el sol produce energía fotovoltaica por valor de 15.000 millones anuales. Si a ello se añade la eólica, que en muchos casos se debe a los vientos originados por desniveles de calor, se pueden sumar entre 3.000 y 4.000 millones más.

El primer principio de la termodinámica dice que la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma

Sin el sol los seres vivos, vegetales y animales, incluyéndonos los humanos no viviríamos.

El balance de todas estas cifras es favorable al sol como fuente de riqueza. Aunque cualquiera podría discutir las cifras porque un incendio forestal puede acabar con vidas humanas y su valor no tiene precio.

Lo cierto es que no hay un estudio completo de la economía circular del sol. Cómo se recicla la energía que desparrama en el territorio; cómo se transforma, se enriquece o se degrada, en cada una de las fases por las que atraviesa y en el paso de una fase a otra.

El primer principio de la termodinámica dice que la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. De manera que el paso de una fase a otra o gana calidad, o la pierde.

Por ejemplo, la energía eléctrica que produce las placas fotovoltaicas es más útil que el simple calor que calienta la tierra. Por contra el incendio forestal transforma la energía acumulada en los vegetales vivos en fuego destructor.

Por tanto una verdadera ciencia de la economía circular de la energía solar ayudaría a entender de verdad el fenómeno ecológico.

Cuando los animales herbívoros pacen, transforman energía vegetal en animal. Cuando los seres humanos comen, la transforman en energía laboral intelectual que, por ejemplo, acaba influyendo en la construcción de fotovoltaicas y así circularmente.

Todo esto se intuye, pero no hay un centro investigador que sistematice todo el proceso.

Si lo hubiera, seguramente algunas de las hipótesis de la teoría ecológica actual se desmontarían y aflorarían otras.

Se podría llegar a la conclusión de que la energía vegetal y animal que hay acumulada en una zona rural debe ser transformada de manera laboriosa, en contra de lo que algunas asociaciones ecológicas defienden.

Si no se transforma de manera laboriosa, mejorando su calidad, tarde o temprano, dejada a su desarrollo autónomo se degrada.

Lo dice el segundo principio de la termodinámica: un sistema dejado a su propia dinámica hace crecer su entropía. La entropía es la medida del desorden, de la pérdida de calidad de la energía del sistema.

De manera que habría que repensar de verdad la economía circular de la energía solar que recibimos para plantear un concepto ecológico científico.

Un concepto que seguramente conmovería los principios de la ciencia ecológica con un nuevo paradigma.

** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.