Hay conversaciones que adquieren un significado especial cuando el tiempo les da perspectiva.
Por eso, en el VIII Congreso Iberoamericano de CEAPI, celebrado en 2025 en Sevilla, Keiko Fujimori compartió con los empresarios de Iberoamérica una visión de país y de liderazgo que hoy merece ser recordada al iniciar una nueva etapa al frente del Perú.
No habló entonces desde la certeza de una victoria electoral, sino desde el compromiso con su país. Recuerdo una afirmación que reflejaba esa convicción de que, pasara lo que pasara, seguiría en la vida política y al servicio del Perú.
Porque para ella la política trasciende los cargos y se sitúa por encima de circunstancias personales.
A través de CEAPI, nuestros socios han tenido la oportunidad de convivir en diferentes ocasiones con Fujimori y conocer de cerca lo gran estadista, política y, sobre todo, extraordinaria persona que es. En ella no hay rastro de resentimiento ni de ánimo de revancha; al contrario, su experiencia ha fortalecido aún más su vocación de servicio y su compromiso por generar un impacto positivo.
El progreso exige instituciones sólidas, seguridad jurídica, inversión, confianza y una sociedad civil comprometida
Pese a haber sufrido un encarcelamiento injusto, que la mantuvo alejada de sus hijas durante años, siempre habla de ese periodo poniendo el foco en lo que aprendió de la convivencia con mujeres marcadas por historias especialmente difíciles y en la profunda fe que desarrolló durante esa etapa.
Keiko insistió en una idea que me pareció especialmente relevante: la necesidad de construir consensos en un escenario político polarizado. Lo hacía consciente de la complejidad del momento que vivía el Perú y defendiendo que las alianzas y los acuerdos son la mejor herramienta para afrontar los grandes desafíos nacionales.
Es la misma idea que ha repetido en sus entrevistas previas a la toma de posesión: “El Perú tiene que sanar sus heridas, y una de las responsabilidades más grandes que tengo que liderar y buscar un proceso profundo de reconciliación y de unidad”.
Quienes impulsamos espacios de encuentro entre empresarios y responsables públicos sabemos que los países avanzan cuando existe una visión compartida o por lo menos compatible. Ningún proyecto nacional prospera únicamente desde la política, del mismo modo que tampoco lo hace exclusivamente desde la empresa.
El progreso exige instituciones sólidas, seguridad jurídica, inversión, confianza y una sociedad civil comprometida. Y contribuir, como empresarios a cumplir ese objetivo, esa es la razón de ser de CEAPI. Llevamos años defendiendo la cultura del diálogo.
Cuando el crecimiento económico se acompaña de inclusión y oportunidades, toda la sociedad avanza
Iberoamérica necesita menos confrontación y más espacios de encuentro para definir objetivos comunes. Esa capacidad de construir agendas compartidas será, sin duda, uno de los grandes retos de cualquier gobierno en la región y especialmente del que ahora comienza una nueva etapa en el Perú.
Fujimori también nos habló de juventud. En una época en la que la política despierta desafección entre los jóvenes, escuchar a un dirigente poner el foco en la formación de quienes deberán tomar el relevo resulta especialmente significativo.
La que será presidenta de Perú en pocos días es un ejemplo de un liderazgo que, lejos de improvisado, se cultiva y se construye con valores, conocimiento, convicción en lo que se trabaja, y capacidad de escuchar y conectar.
Lo mismo ocurre en la empresa. Los mejores proyectos empresariales son aquellos que invierten en talento, preparan a sus futuras generaciones y entienden que el liderazgo consiste, sobre todo, en generar oportunidades para otros. Esa es la manera de conseguir apoyo y generar confianza.
Otro mensaje compartido fue su defensa de una economía social de mercado, de la libertad económica y del papel transformador de la empresa, como el instrumento más eficaz para generar empleo, crear riqueza y reducir la pobreza.
También conocemos su visión de la relación entre empresa y política, defendiendo que el amor por un país puede demostrarse desde muchos ámbitos. Desde el sector privado, promoviendo inversión, empleo y riqueza compartida; y también desde la política, impulsando las reformas que permitan ese desarrollo. No son caminos enfrentados, sino complementarios.
El impacto que tiene la inversión privada cuando encuentra estabilidad institucional, reglas claras y confianza es enorme porque, además de producir bienes y servicios; crea empleo, impulsa innovación, y contribuye al bienestar colectivo.
Cuando el crecimiento económico se acompaña de inclusión y oportunidades, toda la sociedad avanza.
Perú necesita un liderazgo puente para gobernar con la mano tendida, transformar las palabras en hechos, construir confianza, fortalecer las instituciones y generar certidumbre para los ciudadanos y para quienes apuestan por invertir y crear empleo.
Y Keiko Fujimori es la persona indicada para conseguirlo por tres razones: se ha rodeado de un equipo con experiencia, cuenta con una amplia y sólida base de apoyo en el Poder Legislativo y aporta una trayectoria de más de treinta años vinculada a la vida política del país, que le proporciona el conocimiento y la experiencia necesarios para afrontar este momento.
Perú inicia ahora una nueva etapa y en CEAPI estaremos allí para acompañar a Fujimori desde el minuto cero
***Núria Vilanova, presidenta de CEAPI.
