Desde el inicio de los ataques de EEUU e Israel a Irán a finales de febrero, el estrecho de Ormuz ha estado prácticamente cerrado al tráfico marítimo y numerosas instalaciones gasísticas y petroleras han sido destruidas. El anuncio de acuerdo de paz aporta, por tanto, un respiro a la economía mundial y reduce las presiones inflacionarias en la economía española.

El memorando de entendimiento, a la espera de su próxima ratificación oficial, prevé un alto el fuego por un periodo de 60 días prorrogable y el desbloqueo total del estrecho de Ormuz en un plazo de 30 días. Tiene consecuencias positivas sobre todo por la importancia del petróleo y el gas en las economías desarrolladas, la reactivación del comercio internacional y los efectos de todo ello en la estabilidad financiera.

El principal efecto positivo es sin duda la reducción de los precios de la energía. La reapertura del estrecho de Ormuz, por donde circulaba aproximadamente la quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos, está siendo progresiva, pero los precios ya han empezado a descender. La corrección tardará tiempo, porque las reservas gasísticas y petrolíferas están bajo mínimos.

Reponerlas llevará meses y esa mayor demanda, unida a la reducción de la producción hasta que se puedan reparar las instalaciones energéticas dañadas por la guerra, todavía tensionará los precios del gas y el petróleo durante unos meses.

Con relación al petróleo, el conflicto llegó a disparar el precio a más de 120 $/barril en algunos momentos, actualmente está en torno a 80 $/barril y según los precios de los futuros del petróleo, en diciembre de este año cotizará a ese mismo nivel, por encima del precio anterior al inicio del conflicto, que rondaba los 70 $/barril.

Se notará la retirada de los recortes de IVA y de otros impuestos energéticos

Por su parte, el precio del gas antes del conflicto era de 30 €/MWh y en los momentos de mayor tensión superó los 60 €/MWh.

Actualmente, tras el acuerdo de paz se sitúa en 40 €/MWh, y según los precios de los futuros se mantendrá en esos niveles (40-42 €/MWh), al menos hasta finales de año.

Estos precios, considerando que España importa casi toda la energía, afectan principalmente a los costes del transporte y a la producción del resto de bienes y servicios, sobre todo los alimentos, influyendo en la evolución del Índice General de Precios.

También se notará la retirada de los recortes de IVA y de otros impuestos energéticos, un proceso que necesariamente se trasladará al IPC.

Con todo, la inflación que se espera, tanto en España como en la eurozona, para este año 2026 estará en torno al 3%, por encima del objetivo del 2% marcado por el BCE. De ahí la reciente subida de tipos de interés de un cuarto de punto, y la previsible nueva subida de otros 25 puntos antes de que finalice este año.

La normalización del comercio internacional va a reducir los costes de las cadenas de suministro

Sin embargo, a lo largo del próximo año 2027 es previsible que los precios comiencen a relajarse, mejorando el poder adquisitivo de las familias españolas y, al propio tiempo, los márgenes empresariales. Las empresas más beneficiadas son las de los sectores del transporte y aerolíneas, que tendrán combustible más barato, las de la industria pesada por los menos costes energéticos y las del sector agrícola al disponer de fertilizantes más baratos.

En todo caso, la normalización del comercio internacional va a reducir los costes de las cadenas de suministro, con unas materias primas más fiables y baratas, lo que tendrá efectos positivos en la recuperación del crecimiento y del empleo.

Sin embargo, no podemos ser ajenos a los riesgos y limitaciones de este acuerdo de paz. En primer lugar, por su fragilidad. El primer ministro israelí Netanyahu no ha participado del mismo y ha advertido que su ejército no abandonará el Líbano y que el conflicto no ha terminado.

Por lo tanto, todo apunta a que van a seguir las tensiones y la peligrosidad en el Golfo Pérsico.

En segundo término, el memorando de entendimiento puede ser temporal, ya que emplaza a una negociación durante un plazo de 60 días para llegar a un acuerdo definitivo más completo en el que se aborden temas clave como el programa nuclear, las sanciones y la seguridad regional.

El propio presidente estadounidense ha advertido que, ante posibles incumplimientos de los extremos fijados en el acuerdo por parte de Irán, reanudarían los ataques. Algunos de los puntos de este acuerdo figuraban ya en anteriores pactos, como el compromiso por parte de Irán a no desarrollar armas nucleares que se firmó en 2015 entre Irán, EE. UU. y otras potencias.

Pese a estos riesgos, el acuerdo aporta un balón de oxígeno y aleja el escenario de una crisis energética duradera. También delata la voluntad por parte de Donald Trump de cerrar rápidamente un conflicto bélico impopular entre la mayoría de sus votantes.

En todo caso, con esta guerra Europa ha podido comprobar las consecuencias económicas de su dependencia de energías fósiles y de otras materias primas procedentes de regiones inestables. De ahí, también, la urgencia en lograr mayor autonomía estratégica en la UE, apostando por energías que podamos generar internamente, y aumentando la diversificación de mercados a los que acudir para su suministro.

*** Mónica Melle Hernández es profesora de Economía de la UCM.