Si el ruido y la confusión que se ha creado alrededor de la OPV (salida a bolsa) de SpaceX va a ser la norma, va a hacer falta un gran trabajo de separar el grano de la paja.
Para quien no tenga información de cierta calidad, parece que va a salir a bolsa toda la compañía, cuando en realidad va a salir menos del 5%. Además, los inversores institucionales - y los que ya lo eran de colocaciones privadas anteriores - no pueden vender hasta pasados varios meses.
Así que, de momento, estamos ante un juego de corto plazo entre jugadores relativamente pequeños, que pasarán a menudo de la euforia al miedo. De hecho, se ha reservado la mitad de la colocación a inversores minoristas, un porcentaje inusualmente elevado.
Se está mirando al dedo y no a la luna, porque, en realidad, estamos ante una inversión de largo plazo, cuyo éxito o fracaso no se conocerá hasta 2030, momento en el que sabremos si Musk y su equipo han sido capaces de reducir a menos de 200 dólares por kilo el coste de poner material en el espacio.
No estamos ante ciencia ficción, estamos ante números. La clave del éxito o fracaso de Space X está en esa cifra. Es la que hace que sea rentable poner en órbita el material necesario para montar un centro de datos.
El esfuerzo tecnológico para recuperar cohetes o abaratar su lanzamiento es lo que permitió hacer rentable Starlink
Porque resulta que no hay sitio mejor, ya que la fuente de energía (el sol) allí es inagotable y 100% estable. Y lo mismo la refrigeración (hace siempre un frio impresionante).
El problema es el coste de subir allí los trastos. Así de sencillo. Lo que pasa es que eso no da para un titular o sirve de clickbait para captar seguidores.
Si en 2030 sale más barato montar un centro de datos en la tierra que montarlo en el espacio, Space X sólo vale lo que llegue a valer el negocio de Starlink, que, siendo bueno, no justifica ni de lejos una valoración como la que se ha utilizado para la salida a bolsa de SpaceX.
Pero si sale más barato en el espacio, entonces en 2030 parecerá barato el precio de salida.
En paralelo, se habla de la misión a Marte como algo que no aporta rentabilidad alguna, una divagación megalómana de Musk. Hay algo de cierto en lo de que es un sueño de Musk, pero hay algo más que eso.
El esfuerzo tecnológico para recuperar cohetes o abaratar su lanzamiento es lo que permitió hacer rentable Starlink. El esfuerzo “marciano” de Elon Musk es lo que va a permitir a Space X colocar en el espacio “cosas” a un coste igual o inferior a 200 dólares por kilo.
Porque el reto de Marte es el reto de despegar de la tierra un cohete monstruoso capaz de llevar todo el combustible que se requiere para ese viaje. Marte “per se” aporta poco económicamente, pero ayuda con la tecnología necesaria para abaratar el coste de subir centros de datos al espacio, que ya hemos dicho que es la clave de todo el asunto.
Influencers y opinadores de todo pelaje se centran en anécdotas, detalles y opiniones, cuando lo que hay que valorar es muy sencillo y está en el nombre: SpaceX. Es la compañía que pretende ser líder en todos los grandes negocios relacionados con la industria aeroespacial: satélites, centros de datos y, muy importante: lanzamiento de cohetes “en general” y tecnología militar espacial. No podemos limitar el análisis a “las OPV son las élites colocándole acciones a los minoristas”.
Otro ejemplo de mirar a los árboles y no al bosque lo tenemos en Anthropic. Se habla de un montón de cosas, pero no de lo fundamental. Como, por ejemplo, los llamados “costes de inferencia”, es decir, lo que cuesta entrenar a los agentes de IA. O el consumo de energía. O el uso de tokens.
Y si van a poder cobrarlo adecuadamente. O las necesidades de computación. Se habla más de conceptos – cuánta gente dejará Claude sin trabajo, si todo el mundo podrá forrarse en bolsa llevando a Claude bajo el brazo, etc., - cuando estamos ante un tema mucho más basado en datos, previsiones y de cómo vayan materializándose
En este asunto de las grandes OPV, tanto la de SpaceX como la de los grandes de la IA, está tan despistado el que dice que todo es humo como el que da por hecho que estamos ante una apuesta segura. Si SpaceX consigue ser la opción ganadora en Centros de Datos, en 2030 su precio de salida a bolsa parecerá un chollo.
En caso contrario será un fiasco. Si Anthropic cumple su plan de negocio, será una compañía con unos múltiplos espectaculares, siempre y cuando – y aquí está el detalle importante – los costes de inferencia pasen del 100 % de los ingresos – que es lo que se espera para los próximos dos años – a sólo un 25 % en 2030.
De nuevo, una cifra mágica cuyo cumplimiento o incumplimiento marca totalmente la valoración de la compañía. Pero claro, de esas cosas tan poco “sexys” como los “costes de inferencia” no habla nadie. Y sin embargo, ahí está la clave.
La mejor forma de plantearse este asunto es ir por fases. Con alguien con el historial de éxito de Musk, hay que darle, como mínimo, un voto de confianza , es decir, tomar una pequeña posición de entrada. Y luego, si va cumpliendo, aumentar la posición.
Especialmente aprovechando correcciones del mercado en general. Y algo parecido con Anthropic u Open AI.
Se llama construir una posición y es lo que hicieron los accionistas que fueron acudiendo a las rondas de financiación de estas compañías y que han multiplicado el valor de su inversión. Ahora el margen de revalorización es menor, pero tampoco podemos dar el tema por cerrado. Ni en un sentido, ni en otro.
***Víctor Alvargonzález es socio fundador de la empresa de asesoramiento financiero independiente Nextep Finance.
