El conflicto en Oriente Medio ha vuelto a demostrar que, incluso en plena transición energética, el petróleo sigue siendo el activo geopolítico por excelencia. No hace falta que se bloquee el Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del crudo mundial, para que el precio se dispare.

Al mercado le basta con percibir que ese riesgo aumenta. En un escenario así, no sorprende que muchos inversores vuelvan a mirar a los ETF de petróleo como una vía rápida para posicionarse, aunque no siempre tengan claro qué están comprando.

Invertir en un ETF de petróleo no es lo mismo que comprar crudo físico. En la mayoría de los casos, estos productos se construyen sobre contratos de futuros, y esa estructura condiciona de forma directa su comportamiento.

Su rentabilidad no solo depende de que el precio del crudo suba o baje, sino también de cómo estén estructurados esos contratos y del efecto que puede tener su renovación con el paso del tiempo. Eso significa que, en determinados momentos, renovar posiciones puede jugar en contra del inversor y restar rentabilidad aunque el precio del crudo no esté cayendo de forma clara.

En otros casos, puede ocurrir lo contrario. Por eso no basta con acertar la dirección que tomará el petróleo, hay que entender en qué se invierte. De hecho, buena parte de los errores en este mercado empiezan precisamente ahí, en pensar que un ETF replica de forma lineal el comportamiento del barril cuando no siempre es así.

Un mercado que se mueve por expectativas

Seguir la evolución del petróleo sigue siendo una de las formas más eficaces de tomarle el pulso al mercado. Su precio, además de reflejar lo que ocurre en la energía, también da pistas sobre inflación, tipos de interés, márgenes empresariales, crecimiento económico y apetito por el riesgo.

Pocos activos conectan de forma tan directa la geopolítica, la macroeconomía y el comportamiento de los mercados financieros. Cuando el crudo sube, se encarece el transporte y la producción, y esa presión acaba trasladándose a los precios y al consumidor.

Eso complica el margen de maniobra de los bancos centrales, que no pueden ignorar el impacto de la energía sobre la inflación. Si, además, esa subida se mantiene en el tiempo, el problema deja de ser puntual y empieza a notarse en el consumo, en la actividad y en la capacidad de muchas empresas para sostener márgenes.

Actualmente, los ETF han dejado de ser una simple puerta de entrada al petróleo para formar parte de la propia dinámica del mercado. Facilitan una entrada mucho más rápida del capital y hacen que el crudo reaccione con más intensidad a los flujos, al sentimiento y a los cambios de posicionamiento.

Cuando entra dinero, los movimientos pueden acelerarse, y cuando sale, las correcciones también pueden intensificarse. Por eso, además de fijarse en qué replican, también conviene entender el papel que pueden jugar en esos movimientos.

Del crudo al resto de los activos

En general, cuando la tensión geopolítica aumenta, la energía suele ser la primera beneficiada porque es la consecuencia más inmediata de una subida del crudo. También la defensa gana atractivo ante la posibilidad de un mayor gasto militar, mientras que activos como el oro recuperan con facilidad su papel de refugio en momentos de mayor inestabilidad.

En sentido contrario, un encarecimiento prolongado del precio del petróleo suele pasar factura a otros sectores. La tecnología tiende a resentirse cuando el mercado asume que la inflación puede mantenerse alta y retrasar una bajada de tipos. El consumo de los hogares también se ve afectado, así como el transporte, sobre todo cuando el combustible representa una parte importante de sus costes, que ve cómo sus márgenes se reducen.

Los ETF de petróleo no deberían entenderse como productos pensados simplemente para comprar y mantener sin más

Todo esto deja claro que el petróleo no solo afecta al sector energético. Sus movimientos acaban impactando en muchas otras áreas del mercado y obligan a replantearse dónde invertir. Y ahí los ETF vuelven a cobrar importancia para posicionarse ante un escenario de inflación, tensión geopolítica o cambios en el reparto del capital entre sectores.

Según datos internos de Lightyear, desde el inicio de la guerra en Irán, los ETF más populares vinculados al petróleo han sido iShares STOXX Europe 600 Oil & Gas, iShares Oil & Gas Exploration & Production e iShares S&P 500 Energy Sector. La plataforma ha registrado miles de órdenes de ejecución en estos productos, con un aumento superior al 1.000% en los volúmenes de operaciones del primero frente al periodo comparable anterior y de más del 400% en el ETF de Oil & Gas Exploration & Production.

Entender el producto para invertir con criterio

Ese es, en el fondo, uno de los puntos clave. Los ETF de petróleo no deberían entenderse como productos pensados simplemente para comprar y mantener sin más.

En muchos casos funcionan mejor como herramientas tácticas, útiles para posicionarse ante un escenario de escalada geopolítica, para cubrir una cartera frente a un shock energético o para aprovechar movimientos rápidos ligados a cambios de narrativa y de flujos. La facilidad de acceso no los convierte en instrumentos simples.

En un mercado marcado por la velocidad, la narrativa y los flujos de capital, el riesgo no suele estar en la falta de información, sino en interpretar esa información de forma demasiado rápida o superficial.

El petróleo seguirá siendo una referencia útil no solo para quienes quieren invertir en energía, también para quienes quieren entender hacia dónde puede desplazarse el mercado en un sentido más amplio. Y los ETF seguirán siendo una de las herramientas más utilizadas para canalizar esa exposición.

*** Álvaro Quesada, director de crecimiento de Lightyear para el mercado español.