Tanto para los ayatolás como para Trump, el secuestro del estrecho de Ormuz es un arma económica, más poderosa que los misiles más potentes y precisos. Un arma nuclear económica.

Al inicio de la guerra de los 40 días Irán se percató de su importancia. El paso del 20% del comercio de hidrocarburos y gas mundial convertía el cierre del estrecho en un arma poderosa para los Ayatolás.

Con la paralización del estrecho en su tráfico los aliados suníes de Trump dejaban de exportar su “oro negro y gaseoso”. Sus economías se resentían más con ello que con los misiles que atacaban sus infraestructuras. Sólo en el turismo cada día las monarquías suníes del golfo pierden 600 millones de dólares, y entre ellas e Irak ingresan 1.100 millones diarios menos por exportación energética.

Los Ayatolás creían que, por ello, estas monarquías presionarían a Trump pidiendo el cese de los ataques. Aún no ha ocurrido, pero el tiempo corre a su favor.

Por eso, con minas, drones y misiles, los Ayatolás, y su guardia revolucionaria, bloquean los mercantes calificados de enemigos.

El secuestro del estrecho es un mecanismo para su financiación

Además, el secuestro del estrecho es un mecanismo para su financiación. Sólo pagando un peaje iban a permitir ese tráfico marítimo.

Las economías asiáticas, China, Pakistán, India, … que necesitan su energía fósil, no pueden vivir sin esos combustibles. Sus nuevas infraestructuras los usan y el recurso al carbón es complejo y contaminante. A precios superiores a los 100 dólares barril, el peaje ayatolá es económicamente aceptable; un porcentaje pequeño del coste.

Encima, China puede pagar en yuanes, esquivando el dólar como moneda de intercambio. También directamente con armas, pasando del comercio internacional al trueque: petróleo por drones. Eso lo descubrió la inteligencia americana enseguida.

Al principio la administración Trump pensó que ese cierto tráfico minimizaba el efecto económico de la guerra.

Pero el peaje serviría para reconstruir las infraestructuras de defensa y ataque iraníes. Era un factor de supervivencia del régimen ayatolá y esa supervivencia es la derrota de Trump.

Al comunismo chino le queda acceder a las fuentes rusas y africanas

De manera que, para Trump y su equipo, pasó del temor al cierre del estrecho de Ormuz al deseo de su cierre. Si el estrecho no es útil para sus aliados suníes, tampoco debe serlo para el régimen ayatolá, ni para sus competidores económicos como China, ni para los desertores europeos.

Así que la Administración Trump ha pasado de pedir la apertura de Ormuz a buscar su cierre.

Con ese cierre China deja de tener acceso a la fuente de energía fósil más cercana.

Por otra parte China no puede acceder a la energía de origen americano, una vez Venezuela -el mayor productor potencial- ha caído bajo la órbita de EEUU.

Al comunismo chino le queda acceder a las fuentes rusas y africanas. Lo puede hacer con precios altos (por encima de los 100 dólares barril).

En el mercado africano, además, debe competir con Europa. España, por ejemplo recibe petróleo nigeriano y gas argelino o egipcio.

Es verdad que Europa puede utilizar otra fuente de suministro: América. Un gran negocio para las compañías estadounidenses que, además, controlan Venezuela. Por ejemplo: España recibe gas y petróleo americano y se ¡lo paga en dólares!

En conclusión: en estos momentos, el cierre de Ormuz perjudica la potencia de China, competidor de EEUU y a países europeos que, según psicología trumpiana, le abandonaron cuando los necesitó.

El cierre de Ormuz se ha convertido en un arma nuclear económica, silenciosa, eficaz, en manos de los dos contendientes: el Irán de los ayatolás y la América de Trump.

A quienes les interesaría el desbloqueo es: a) China, que necesita la energía; b) Europa que quiere que baje el precio internacional; y c) a los aliados suníes que deben exportar. Ni a los Ayatolás, ni a Trump les interesa.

Tampoco le interesa a Rusia, que ha visto reducidas las sanciones y puede vender su energía a China más cara.

Con este panorama Ormuz es secundario. Lo importante, para Israel, el socio de Trump, es que Irán no tenga armas nucleares. Por eso las negociaciones se han roto en ese punto y no por el cierre, o no, de Ormuz.

** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.