Ni en el mejor momento de recaudación de la historia reciente fuimos capaces de generar superávit en las cuentas públicas. ¡Y vendemos como gran éxito haber conseguido 3.535 millones de euros de superávit primario!
Aunque pueda sonar simplista, con esto podemos resumir la gran oportunidad perdida de la Hacienda española de generar un “colchón” anticíclico que, en una economía que sigue fuertemente endeudada, habría servido para estabilizar la economía en momentos de crisis.
Pero la impericia de nuestros gobernantes muta en irresponsabilidad si tenemos en cuenta que el mejor momento de recaudación de la historia se debe, en buena medida, a cobrar injustamente más impuestos de los que debería a los asalariados y los profesionales por el efecto de la inflación.
La última actualización del análisis que hace la AIReF de la evolución de los ingresos tributarios entre 2019 y 2025 revela que 3,6 de los 9,5 puntos de crecimiento anual en 2025 se debieron a la inflación, a lo cual cabría sumarse una parte del punto porcentual que contribuyó el tipo efectivo medio del IRPF, dado que al no ajustar bases, mínimos, reducciones y deducciones, para muchos contribuyentes un aumento nominal de salarios, pensiones o rentas profesionales provoca saltos de tramo y, con ello, pagar un tipo efectivo medio mayor.
Si lo vemos en términos de PIB, de los 1,7 puntos de incremento de los ingresos tributarios en 2025, por efecto de la inflación vinieron 0,7. Y el grueso de estos 0,7 puntos de PIB (aproximadamente 11.800 millones de euros) provienen del IRPF (0,4pp) y los 0,3 restantes del IVA, Impuestos Especiales y otros.
Esta cifra sería sensiblemente más alta si incluimos, siquiera en parte, los 0,2 puntos de PIB que ha aumentado la recaudación por el aumento del tipo efectivo medio del IRPF.
En el acumulado 2019-2025, Hacienda ha recaudado a través del IRPF 2 puntos de PIB sólo por el efecto de la inflación. En el caso del IVA ha sido de 1,3 puntos y en el impuesto de Sociedades fue de 0,5 puntos.
Tanto los Impuestos Especiales como otras figuras tributarias no supusieron incremento neto de recaudación por efecto de los precios durante el período. En total son 3,8 puntos de PIB que, convertido a euros, son 54.218 millones de euros.
La inflación ha sido el contribuyente individual más importante a las tasas de variación de la recaudación fiscal. Y aun así, el conjunto de las AA. PP han registrado un déficit presupuestario equivalente al 2,39% del PIB incluyendo los gastos extraordinarios por la riada de 2024.
Al igual que pasó con el rescate de las cajas de ahorros en 2012, se publican dos líneas de déficit: una sin lo que consideran “extraordinarios” y otra con ellos. Obviamente, es necesario computar el total de los gastos para tener la información más completa y precisa.
Y ahí es donde retratamos de una manera más fiel el enorme coste de oportunidad que tendrá que España, en plena fase de desaceleración del ciclo económico, no haya sido capaz de generar un abultado superávit presupuestario.
La clave está en una magnitud que es enormemente relevante para comparar con el resto de los países comunitarios: el ahorro público.
Mientras las comunidades autónomas y las corporaciones locales conjuntamente llevan generando ahorro bruto desde 2023 (los ayuntamientos, individualmente, desde muchos más años antes), tanto la Administración Central como la Seguridad Social siguen des ahorrando.
En 2025, la Administración Central generó un ahorro negativo de 13.542 millones y los Fondos de la Seguridad Social, 4.752 millones (ambas cuantías incorporando el gasto de la DANA).
Sin embargo, el mayor ahorro tanto de CC. AA como de CC. LL llevó la cifra del ahorro bruto por primera vez a terreno positivo desde que gobierna Sánchez: 1.450 millones, un escuálido 0,09% del PIB.
En 2006 ambas cifras mejoraron, respectivamente, hasta el 6,79% y 3,84%, siendo esta última la cifra de superávit primario más elevada de la serie histórica. Y en 2007 se alcanzó el mayor ahorro bruto tanto en términos nominales (más de 74.000 millones de euros) como en porcentaje del PIB (6,91%). Ya en 2008 la cifra quedó reducida al 0,65% y el superávit primario se convirtió en un déficit ya abultado (-2,68%).
Con estas cifras, España fue capaz de reducir drásticamente la ratio de deuda pública sobre PIB. Del 60% con el que entramos en el euro al 34,9% en el primer trimestre de 2008, siendo el punto más bajo de la serie histórica.
Ahora, con una recaudación récord por encima de los 325.000 millones de euros, habiendo acumulado 54.218 millones de euros por efecto de la inflación entre 2019 y 2025 y con unas facilidades de financiación nunca vistas (el caso, por ejemplo, de los fondos europeos), España sigue emitiendo deuda en términos netos (55.000 millones en 2025 y cifra similar prevista para 2026), pero por el crecimiento del PIB conseguimos bajar la ratio de deuda hasta el umbral del 100% del PIB al cierre de 2025.
¿De verdad que podemos “vender” como éxito estos números? En honor a la prudencia y el rigor necesarios cuando se gestiona un dinero que no es de los políticos sino de los ciudadanos, no podemos decir que estamos ante ningún éxito.
Es más, la oposición debería intensificar su denuncia del coste de oportunidad que tendrá para nuestro país no haber ahorrado suficiente y a tiempo.
*** Javier Santacruz es economista.
