El pasado 21 de marzo, en el tercer encuentro CPSLive, organizado por la Asociación CPS, compartí una visión de la pobreza desde la complejidad. El punto inicial era entender la naturaleza dinámica de la escasez.

En las diferentes etapas de nuestro progreso como especie, la escasez no ha desaparecido, sino mutado, desde alimento, herramientas o energía hasta tiempo libre o cuidado personal. Por tanto, la pobreza es la distancia entre diferentes niveles de escasez en unas sociedades que han superado la falta de un recurso y las que no.

La superación de la escasez de determinados recursos implicaría una mayor distancia entre ellas y las comunidades que no lo han hecho. Esa distancia es lo que conocemos como pobreza relativa.

Hoy, la mayoría de los españoles estamos pendientes del agujero negro de las pensiones, la probable crisis energética y sus consecuencias en nuestros bolsillos, la asfixiante presión fiscal y el tremendo problema de vivienda que sufrimos y que lastra a nuestros jóvenes. Mientras tanto, un nuevo tipo de pobreza se cierne sobre nuestras cabezas. 

Esta semana, Jack Dorsey, creador de Twitter (hoy X), de Sequoia y de Block, ha publicado un artículo titulado De la jerarquía a la inteligencia, que contiene la semilla de una revolución en la organización empresarial.

La mayoría de las empresas están usando hoy la inteligencia artificial como un “copiloto” personal

El profesor y amigo, Juanma López Zafra, interpreta esta innovación como una conjunción de las perspectivas de Hayek y su idea del conocimiento disperso, y Jensen y Meckling y su teoría de la agencia. Básicamente consiste en lo siguiente. 

La mayoría de las empresas están usando hoy la inteligencia artificial como un “copiloto” personal. Es decir, una herramienta que ayuda a cada empleado a escribir correos más rápido, analizar datos o generar ideas, pero sin cambiar la estructura jerárquica tradicional de la compañía.

Dorsey, quiere ir mucho más lejos con Block. Su visión es convertir la empresa entera en una inteligencia, algo parecido a un mini-cerebro artificial que coordina toda la organización de forma autónoma.

Para lograrlo, Block se basa en dos “modelos del mundo” que funcionan en paralelo. El primero es el modelo interno de la empresa, que sabe en tiempo real qué está ocurriendo dentro de la organización: qué proyectos avanzan, qué está bloqueado, dónde hay recursos disponibles y dónde faltan.

Este modelo sustituye la función tradicional de los mandos intermedios, que se encargaban de recoger y transmitir información hacia arriba y hacia abajo.

La IA llegará primero como herramienta de productividad puntual, no como sustituto de la estructura jerárquica

El segundo es el modelo de los clientes que sería mucho más potente gracias a los datos reales de transacciones. Block “ve” ambos lados del dinero a través de sus dos aplicaciones: al consumidor a través de Cash App (para particulares) y a las empresas a través de Square (para comerciantes).

Como explica Dorsey, el dinero es “la señal más honesta del mundo”, porque las personas pueden mentir en encuestas o ignorar anuncios, pero cuando gastan, ahorran o piden un préstamo, están revelando una verdad sobre su vida real.

Estos dos modelos alimentan una capa inteligente, o cerebro artificial de la empresa, que actúa como el verdadero motor de coordinación. En lugar de que los directivos o equipos de producto decidan qué ofrecer, esta capa de IA combina “piezas” básicas ya existentes, pagos, préstamos, tarjetas, financiación, nóminas, etc., y las monta como un puzle para crear soluciones a medida.

Se entiende mejor con un ejemplo. Supongamos un restaurante que comienza a tener problemas de liquidez antes de la temporada baja, un patrón que el modelo ha visto otras veces.

La capa de inteligencia detecta automáticamente la situación, compone un préstamo a corto plazo usando la capacidad de lending, ajusta el calendario de devolución con la herramienta de pagos y ofrece la solución al dueño del restaurante antes de que este la solicite. De esta forma, la propia realidad del cliente genera las prioridades en tiempo real. 

Suena a ciencia ficción, pero es el cambio que Jack Dorsey ya está aplicando en su empresa. Este es el salto adelante que nosotros no vamos a dar y que va a aumentar nuestra pobreza relativa.

Porque la visión de Dorsey resulta mucho más idealista cuando se aleja del ecosistema de Silicon Valley. Para la inmensa mayoría de las empresas españolas, PYMEs y micropymes, el modelo propuesto es extremadamente difícil de aplicar.

La primera barrera es la falta de datos adecuados. Block observa en tiempo real ambos lados de millones de transacciones (Cash App y Square). En cambio, la empresa media española suele trabajar con datos fragmentados, incompletos o sesgados (encuestas, ventas históricas, opiniones de clientes).

Sin un “modelo del cliente” profundo y actualizado, la inteligencia artificial no genera soluciones proactivas, sino que se limita a optimizar procesos existentes.

En segundo lugar, el modelo exige una cultura organizativa radicalmente distinta. Asume que los nuevos ejecutivos deben actuar con autonomía, intuición y responsabilidad ética.

Esto choca frontalmente con la realidad de muchas empresas españolas con una cultura jerárquica muy arraigadas, resistencia al cambio, presencia sindical en algunos sectores y niveles de formación digital desiguales

Además, los sistemas adaptativos complejos no solo producen orden espontáneo, sino también dependencia del camino (path dependence), no-linealidades y fragilidad. Un “modelo del mundo” centralizado basado en IA puede convertirse en un punto único de fallos: sesgos, alucinaciones o lagunas en los datos podrían propagar errores a gran velocidad. Hayek ya advertía contra la pretensión de conocimiento y aquí aparece una nueva versión tecnológica de ese mismo peligro.

Por último, Block opera en un entorno muy específico, Fintech, pero la empresa española media, a menudo familiar, con dificultades crónicas para escalar, limitada digitalización y fuerte dependencia del mercado local, carece de las condiciones mínimas para dar este salto.

En muchos casos, la IA llegará primero como herramienta de productividad puntual, no como sustituto de la estructura jerárquica.

¿Dónde va a quedar la empresa española si el modelo sigue impidiendo su evolución? En el furgón de cola. Da que pensar.