Hay cosas que no cambiarán nunca. Como la épica de un deporte –el esquí- que combina como pocos esfuerzo y naturaleza. O la magia de una disciplina tan bella –el patinaje artístico- que sigue siendo la que más espectadores congrega alrededor de una pantalla. O el papel de los jueces de todo, las personas más importantes en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Los árbitros.

Temen algunos que la profesión vaya a desaparecer. Nada más lejos de la realidad. Si son decisivos en deportes como el fútbol, desde donde hacer años se emplea el famoso VAR para determinar si un gol ha sido o no en fuera de juego, cuánto menos no lo van a ser en deportes donde el resultado final no se determina por un tanteo o por quién cruza primero la meta, sino por quién obtiene una mayor puntuación.

El patinaje artístico, como la gimnasia rítmica o los saltos de trampolín, puede ser el deporte más injusto del mundo, porque el resultado final, el que determina si consigues una medalla de oro o te quedas con el insípido y cruel cuarto puesto, recae en las manos de un jurado compuesto por humanos.

Y no es que los humanos fallen, que también, es que, encarando ya el segundo cuarto del siglo XXI, resulta absurdo no recurrir a lo que la tecnología nos ofrece para hacer mejor nuestro trabajo. Ahí entra la inteligencia artificial y el concepto de “árbitros aumentados”.

Jueces que hacen su labor pero, al igual que utilizan unas gafas para ver mejor de lejos, pueden usar la IA para afinar más en sus puntuaciones.

Jueces que hacen su labor pero, al igual que utilizan unas gafas para ver mejor de lejos, pueden usar la IA para afinar más en sus puntuaciones

Todo esto ya lo veníamos viendo, pero ha explotado con especial intensidad en estos Juegos Olímpicos de Milan-Cortina. En las preciosas cumbres dolomíticas asistimos a una revolución en el modo en que la IA ha transformado el deporte. Para los deportistas, para el espectador y para los árbitros.     

Solo que hoy estamos asistiendo a algo cualitativamente distinto. No se trata solo de herramientas más precisas, sino de sistemas inteligentes que intervienen, analizan y, en algunos casos, deciden. La inteligencia artificial ya no es un complemento: es infraestructura crítica. Y eso está redefiniendo cinco pilares del espectáculo olímpico.

  1. El arbitraje aumentado: del ojo humano al modelo predictivo

La primera gran transformación es el arbitraje. En deportes de invierno, donde milésimas y trayectorias marcan la diferencia entre el oro y el olvido, la subjetividad ha sido históricamente un campo minado.

En patinaje artístico o snowboard halfpipe, los jueces valoran ejecución, dificultad y estilo. Ahora, sistemas de visión artificial entrenados con miles de horas de competiciones anteriores analizan en tiempo real la altura de los saltos, la rotación exacta, el ángulo de aterrizaje y la estabilidad posterior.

No hablamos de sustituir al juez, sino de aumentarlo. Los modelos de machine learning generan métricas objetivas que sirven como segunda capa de validación. Si un algoritmo detecta una subrotación de 12 grados en un triple axel, esa información se integra en el panel de decisión.

El resultado es doble: más transparencia y menos controversia. Cada decisión puede auditarse con datos. El árbitro ya no está solo frente a la presión mediática; cuenta con un sistema de soporte que reduce el margen de error humano.

  1. Cámaras inteligentes: del plano fijo al análisis inmersivo

La segunda revolución está en la retransmisión. Las cámaras en Milán-Cortina 2026 no solo capturan imágenes; interpretan la escena. Sistemas de seguimiento automático basados en IA identifican a cada atleta, anticipan movimientos y ajustan el encuadre sin intervención humana.

Las cámaras en Milán-Cortina 2026 no solo capturan imágenes; interpretan la escena

Además, la producción incorpora análisis superpuestos: mapas de calor en pistas de patinaje de velocidad, comparativas instantáneas de tiempos parciales, simulaciones en 3D de la línea ideal. La IA no solo mejora la estética de la señal; la convierte en una herramienta pedagógica.

El espectador entiende mejor qué está viendo y por qué un atleta ha marcado la diferencia. Estamos pasando de la retransmisión como narración lineal a la retransmisión como experiencia aumentada.

  1. Relojes cuánticos y la obsesión por la millonésima

El tercer cambio es menos visible, pero fundamental: el tiempo. En pruebas donde las diferencias se miden en milésimas, la evolución hacia relojes basados en principios cuánticos ha permitido una precisión que roza la millonésima de segundo.

Estos sistemas, sincronizados mediante redes de referencia atómica, reducen la deriva y el error acumulado a niveles prácticamente despreciables. En deportes como el skeleton o el patinaje de velocidad, donde el oro puede decidirse por una diferencia ínfima, esta precisión no es un lujo tecnológico; es una garantía de justicia competitiva.

  1. Drones: coreografía aérea y seguridad predictiva

La cuarta gran transformación vuela sobre nuestras cabezas. Los drones se han convertido en piezas clave tanto para la retransmisión como para la seguridad y la logística.

En términos audiovisuales, ofrecen planos imposibles hace apenas una década: seguimientos aéreos a baja altura en pruebas de snowboard cross, tomas cenitales dinámicas en pistas de curling o recorridos inmersivos sobre trazados de esquí de fondo. Pero la verdadera innovación está en la autonomía.

Los drones operan con sistemas de navegación asistida por IA que evitan obstáculos, ajustan rutas en función de condiciones meteorológicas y coordinan vuelos en enjambre sin interferencias. No son meros dispositivos teledirigidos; son nodos inteligentes dentro de una red.

  1. Chatbots olímpicos: la conversación como servicio

El quinto cambio está en el bolsillo del espectador. Los chatbots impulsados por modelos de lenguaje avanzados se han integrado en apps oficiales y plataformas de difusión para ofrecer atención personalizada a millones de aficionados.

Ya no se trata de un FAQ automatizado. Estos sistemas responden preguntas complejas sobre calendarios, resultados históricos, normativa específica o estadísticas comparativas. Pueden explicar por qué una puntuación en patinaje artístico ha sido inferior a otra o detallar el formato exacto de una prueba de relevos en biatlón.

La IA en Milán-Cortina 2026 no es un experimento futurista. Cuando los árbitros son aumentados, las cámaras piensan y el tiempo se mide en millonésimas, la tecnología deja de ser invisible. Y empieza a formar parte del propio resultado.

*** Alicia Richart es directora general de Afiniti para España y Portugal.