El respaldo de la Unión Europea al acuerdo con Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), alcanzado el 9 de enero no, puede analizarse como un episodio aislado. Llega como el contrapunto a un momento de inflexión, marcado por la consolidación de un mundo multipolar, el retroceso en la globalización de las últimas décadas, y un cambio en las reglas del juego del comercio mundial.

De hecho, la ley de la oferta y la demanda se ha sustituido por criterios geopolíticos, y el comercio -los aranceles de Trump son buen ejemplo- se ha convertido en un arma de negociación en ámbitos tan diversos como la inmigración, la seguridad energética o la política exterior.

Este nuevo escenario, recientemente modificado por la situación de Venezuela, dibuja un mapa en el que China gana presencia en América Latina, los países del Golfo y Asia emergen como grandes emisores de inversión y los BRICS replantean su papel en la economía global, incluso cuestionando la hegemonía del dólar, aunque todavía no constituyan una alternativa plenamente viable.

En este contexto, Europa necesita despertar. La guerra en Ucrania, las relaciones con la Administración Trump, el exceso regulatorio que dificulta la creación de campeones globales y una industria fragmentada y dependiente de recursos externos obligan a la Unión Europea a redefinir sus alianzas si quiere preservar su competitividad, su autonomía estratégica y su peso internacional. América Latina aparece aquí como una oportunidad estratégica: un tren que Europa no puede perder.

Desde el Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (CEAPI) llevamos años defendiendo la cooperación entre la Unión Europea y América Latina como una alternativa realista para construir un modelo de crecimiento más equilibrado, resiliente y basado en reglas compartidas. El acuerdo entre la UE y Mercosur debe entenderse precisamente en este marco, al igual que otros tratados ya en vigor o a punto de estarlo, como los alcanzados con Chile o México, que afectarán al 94% del PIB de la región.

En la geopolítica actual, la relación entre Europa y América Latina no puede sostenerse solo sobre declaraciones institucionales, sino sobre un tejido empresarial fuerte, integrado y con visión estratégica

No estamos hablando únicamente de tratados comerciales. Son el preámbulo de inversiones, de integración de cadenas de valor, de cooperación tecnológica y de convergencia regulatoria entre dos regiones que, juntas, suman más de 1.100 millones de ciudadanos, alrededor del 25% del PIB mundial y -es importante tenerlo en cuenta- el 33% de los votos en Naciones Unidas.

El acuerdo UE–Mercosur puede reforzar decisivamente esta dinámica. Su impacto en sectores primarios y protegidos de la economía europea es muy limitado, mientras que el coste estratégico de renunciar a este espacio económico sería mucho más elevado.

Además, en un contexto de competencia entre bloques, si Europa no ocupa ese lugar, otros actores globales lo harán.

Proyectos conjuntos

La clave ya no es la inversión extractiva, sino el desarrollo de proyectos conjuntos con socios locales y con un impacto transformador en las economías y sociedades de la región.

A ello se suman retos estructurales que solo pueden abordarse de forma compartida: la gestión de los flujos migratorios en un marco de migración circular; la lucha contra la informalidad laboral, que afecta a cerca del 48% de los trabajadores en América Latina; la inversión en educación, talento joven y liderazgo femenino; y el fortalecimiento de la democracia, la transparencia y la seguridad jurídica como condiciones indispensables para atraer inversión y generar crecimiento sostenido.

Este proceso ha dado lugar a un fenómeno clave para entender el momento actual: el paso de empresas multilatinas y españolas a empresas multi-iberoamericanas. Compañías que ya no operan bajo una lógica centro-periferia, sino que integran mercados, talento, innovación y capital a ambos lados del Atlántico.

Desde CEAPI apostamos por este modelo porque consolida flujos de inversión e innovación entre Europa y América Latina y permite avanzar hacia esquemas productivos colaborativos, más competitivos y menos dependientes de terceros.

Nada de esto será posible sin el compromiso activo del sector empresarial. Los empresarios llevamos años adelantándonos a los gobiernos, construyendo vínculos, asumiendo riesgos y apostando por el largo plazo en un entorno político a menudo volátil.

En la geopolítica actual, la relación entre Europa y América Latina no puede sostenerse solo sobre declaraciones institucionales, sino sobre un tejido empresarial fuerte, integrado y con visión estratégica. Ese es, precisamente, el propósito de CEAPI: unir Iberoamérica a través de sus empresarios.

Pieza clave

En España conviene huir de lecturas simplistas y de la tentación de la foto fija. De acuerdo con un estudio elaborado por CEAPI y presentado recientemente, los datos desmienten cualquier relato de retirada de América Latina. En 2024, por cada empresa española que redujo su inversión en la región, cuatro la incrementaron.

La inversión española acumulada se ha triplicado en los últimos 16 años, alcanza máximos históricos. En apenas una década, además, el número de empresas con más de un 50% de capital español en la región se ha multiplicado por cuatro.

España desempeña, por tanto, un papel insustituible. Por su doble pertenencia europea e iberoamericana, es el principal inversor europeo en América Latina y el primer receptor de inversión latinoamericana en la UE, gracias a su seguridad jurídica, su red de acuerdos de doble imposición y su condición de trampolín hacia Europa y el resto del mundo.

El acuerdo UE–Mercosur es una pieza clave de este engranaje. Para Europa, supone la oportunidad de redefinir su papel en el mundo. Para América Latina, una vía para diversificar mercados, ganar autonomía y consolidar su desarrollo. Y para España, la posibilidad de liderar en Europa una visión iberoamericana que combine crecimiento económico, cohesión social y proyección global.

En un momento de incertidumbre y repliegues, tanto para la vieja Europa como para Latinoamérica, apostar por la fuerza de Iberoamérica no es una opción, es una obligación. Bienvenido sea, por tanto, este acuerdo UE-Mercorsur.

*** Núria Vilanova es presidenta del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (CEAPI).