Con la pandemia dando los que podrían ser sus últimos coletazos si se vacuna la población, la Europa post Merkel y la Europa post Covid se va moldeando. Hay que ocupar vacíos y buscar un nuevo líder para el Viejo Continente. Francia, Alemania, Italia... van tomando posiciones. En España, bastante parece tener Pedro Sánchez con sostener sus alianzas tanto en el seno de su coalición como con su abanico de socios -de Bildu a ERC- en el Congreso. ¿Una oportunidad perdida?

Este jueves Emmanuel Macron y Mario Draghi firmarán una alianza simbólica. Un Tratado de cooperación con el que los dos países quieren convertir el eje franco alemán en un triángulo para equilibrar fuerzas.

En ese nuevo orden, Francia e Italia representarán los intereses de los países más endeudados ahora que hay que abrir la negociación de la vuelta de las reglas fiscales. Alemania seguirá defendiendo la ortodoxia por muy socialdemócrata que sea su próximo canciller.

Mario Draghi y Emmanuele Macron. EP

Olaf Scholz ya tiene configurado su acuerdo para gobernar en coalición con verdes y liberales. Sin que se pueda decir que haya sido una sorpresa, la cartera de Finanzas va a recaer en Christian Lindner (FPD). El político liberal prometió que no formaría parte de ningún Gobierno que subiera los impuestos o altere el equilibrio presupuestario.

Y en una entrevista con el Financial Times advirtió que "continuar con una política fiscal ultraexpansiva para Europa sería un gran peligro".

El ascenso de su nombre puso en alerta al nobel Joseph Stiglitz y al británico Adam Tooze, que en una tribuna conjunta publicada en la prensa alemana pidieron no dar la oportunidad a Lindner de aplicar su agenda fiscal. "Es una prueba de choque que ni Alemania, ni Europa pueden permitirse", escribieron.

La coalición alemana formada por Annalena Baerbock (verdes), Olaf Scholz (SPD) y Christian Lindner (FDP), EP

Es posible que el semblante socialdemócrata del líder de la coalición sirva para contener la sintonía entre Lindner y el resto de los 'halcones' (Austria, Países Bajos, Dinamarca y Suecia). Pero en París y en Roma saben que la convergencia económica es tan costosa, como necesaria y tarde o temprano habrá que reequilibrar las cuentas.

Es conocido que entre Macron y Draghi hay mucha sintonía. El presidente galo no lo ocultó en las elogiosas palabras que pronunció cuando el economista italiano -apodado por muchos como el 'salvador del euro'- abandonó el Banco Central Europeo. Cuenta una crónica de Bloomberg que siendo ya Draghi primer ministro en Italia ambos cenaron juntos en la noche anterior a su 74 cumpleaños y el inquilino del Elíseo le sorprendió con una tarta.

Italia y Francia son dos países que necesitan comprar más tiempo al BCE para reducir deuda. Alemania seguirá abanderando el rigor fiscal y solo cederá espacio si la cancillería y el resto de los 'halcones' ven que los países que necesitan esa ayuda monetaria aprovechan el tiempo para acometer medidas. Más aún, con la inflación por encima del 4%.

Esto es algo que no suena raro a Draghi, ya que él pedía lo mismo a los gobiernos europeos cuando compraba deuda pública a mansalva en el BCE sin que los políticos lo aprovecharan para poner a punto sus economías.

Curiosamente, el italiano recibió este miércoles desde la Comisión Europea el mismo tirón de orejas que España: sus Presupuestos no hacen el esfuerzo necesario de contención de deuda. Sin embargo, los últimos datos colocan a Italia, junto con Francia como los países que están haciendo de locomotora en Europa. España viaja en otro vagón.

Dentro de estos nuevos ejes, hay uno que ya suena viejuno. El de Sánchez-Díaz. Con una agenda de reformas a la que pusieron buena música en el Plan de Recuperación, pero para la que no encuentran ahora una letra que concuerde, España es una gran incógnita. El país más ambicioso a la hora de poner la mano para recibir fondos europeos se ha atascado en clave interna con sus reformas estructurales. Habrá que confiar en que Draghi compre tiempo para todo el Mediterráneo.

Pero como se descuiden, con sus bajadas de impuestos y de cotizaciones, Italia (que partía en peor posición por su nivel de deuda) puede dejar de necesitar la muleta del BCE antes que España. La Bolsa ya lo está viendo. En lo que va de año, el Ibex 35 se anota un 8% y el FTSE MIB un 20,7%. Aquí nadie toma nota.

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