"Nunca dejes que la realidad te estropee una buena historia". Con la inflación en el 5,4%, la factura de la luz por las nubes, los organismos nacionales e internacionales (con la notable excepción del Gobierno) rebajando las previsiones de crecimiento y la tasa de paro en el 14,5%, inicié una ronda de llamadas entre prestigiosos economistas para ver si creen que el Gobierno de coalición podrá aguantar hasta 2023.

La idea era contar que la legislatura se complica. Pero, tras hablar con quienes conocen bien la macro, opté por la cautela: los datos dicen que Sánchez puede aguantar hasta el final. No sin dificultades, pero si Yolanda Díaz no rompe la coalición, la tormenta perfecta que tenemos en la economía puede ser un nubarrón que aguante sin tronar hasta las elecciones. Otra cosa es la herencia que recibirá el próximo inquilino de la Moncloa (si es que se produce el vuelco que espera Pablo Casado).

El sentido común del lector -que estará pensando en cómo va a sobrevivir el Gobierno a este frío invierno con estos precios de la energía- puede poner en duda unas proyecciones macro que, todo hay que decirlo, no dejan de ser revisadas a la baja. Pero, de momento, hay margen.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

En una conversación privada, uno de los economistas más conocidos de este país decía hace unas semanas que, aunque el Gobierno cogiera la lluvia de millones que va a llegar de Europa (si nos aprueban las reformas) y tirara los billetes por el balcón, los fondos europeos impulsarían la economía española.

Ilustraba así que, aunque fracasaran todos los planes de inversión, la mera recepción de ese volumen extraordinario de transferencias tendría un efecto positivo en el bolsillo de los españoles. Cada vez se estima que ese impacto va a ser menor por el retraso del Plan, las dudas sobre las reformas estructurales y la creciente frustración del mundo empresarial con Next Generation EU. Pero es innegable: 70.000 millones de euros son una ayuda para Sánchez.

Luego está la evolución del PIB. Que España esté a la cola de la recuperación de la Unión Europea no es buena noticia. La cuestión es, ¿lo notará el ciudadano?

El panel de Funcas acaba de rebajar las previsiones al 4,8% para 2021 y al 5,7% para 2022. Son datos pobres (no olviden la brusca caída del PIB en 2020), pero no dejan de mostrar crecimiento, lo que se traducirá en empleo gracias a la inercia que introdujo la reforma laboral de 2012, aún no derogada.

Que España esté a la cola de la recuperación de la Unión Europea no es una buena noticia. La cuestión es, ¿lo notará el ciudadano?

"Si crece el empleo en 2022, las familias notarían un efecto positivo en su bolsillo", dice el responsable de un servicio de estudios. ¿A pesar de la inflación? Esta es la clave.

En este punto, el Gobierno tiene un comodín, aunque que pueda sacarlo para acabar la partida no depende de él. El escenario que maneja el consenso económico es que los precios de la energía empezarán a dar una tregua en la primavera de 2022.

Veremos si se cumple porque es un dato que desde la dirección de algunas empresas se coge con pinzas, pero por el momento, es lo que dicen las previsiones. Y si se confirma, las familias podrían empezar a notar otro alivio en su bolsillo a partir de la próxima primavera. Aire para que el Gobierno acabe la legislatura.

Si esa proyección yerra, Sánchez y Díaz tendrán un problema, pero mucho menor al del Ejecutivo que le suceda y que será el que tenga que pagar las facturas de esta pandemia. 

José Luis Escrivá, Yolanda Díaz, Pablo Casado, José Félix Tezanos, Pedro Sánchez, María Jesús Montero y Christine Lagarde.

La inflación en la eurozona dejará de ser "transitoria" cuando las autoridades decidan que es "permanente". Será entonces cuando Christine Lagarde acelere la retirada de estímulos y suba tipos.

El paisaje para España se ensombrecerá. Sin embargo, en términos presupuestarios, esa subida de tipos no tendrá un efecto inmediato. En estos años de dinero gratis, el Tesoro ha ido prolongando la vida media de la deuda española y ahora es de siete años y medio.

Esto implica que una subida de tipos por parte del BCE no tendrá un duro impacto presupuestario en el primer año. El sudor para financiarse llegará partir del primer lustro. Otra baza a favor de la resistencia del presidente.

Sin embargo, la bolsa, que siempre se anticipa a la macro, ha dado ya un aviso a España. El Ibex 35 es el patito feo de Europa en 2021 y el FTSE Mib de la Italia de Mario Draghi le toma una gran ventaja. ¿Lo saben los ciudadanos?

Queda otra gran incógnita para 2022. ¿Qué hará el Gobierno con su reforma fiscal? Como ya refleja el CIS de José Félix Tezanos, a los españoles les empieza a preocupar la subida de impuestos.

El anuncio de los tributos que subirán y el calendario vendrán en 2022. Pero Bruselas tendrá todavía suspendidas sus reglas fiscales, lo que da margen a María Jesús Montero para retrasar la entrada en vigor de esas medidas que golpearán el crecimiento a medio plazo. Otro problema para el próximo Gobierno.

Aunque las proyecciones macro no sean boyantes, el Gobierno puede aguantar hasta 2023. Tiene a los sindicatos a su favor -importante para controlar la calle- y el viento de cola del fin de la austeridad soplando a su favor en tiempos de crisis de la energía y los suministros.

Otra cosa son sus líos internos y los efectos que tengan sus reformas en el futuro de España. Lo ocurrido con la subida de las cotizaciones de Escrivá para financiar las pensiones confirma los peores temores del mundo económico. La pérdida de competitividad se notará en la próxima legislatura mucho más que en esta. Y será entonces cuando la Alemania socialdemócrata de Scholz restablezca las reglas fiscales para poner en orden las finanzas públicas (Next Generation no es gratis).

Como decía James Carville en su manida frase: "es la economía, estúpido". Solo que en este caso, el mensaje ya no es para el político, es para el votante.

ATENTOS A...

Este estudio de Canvas Estrategias Sostenibles en el que refleja que para la sociedad, el primer propósito que tienen que tener las empresas es la creación de empleo y la prosperidad. Esta demanda social a los empresarios está por encima a la de que reduzcan las emisiones, que contribuyan a reducir las desigualdades o innoven en productos y servicios. 

Fuente: Canvas

Es un dato llamativo que se presentó la pasada semana en un foro organizado por este periódico y DKV sobre el sector asegurador. La política económica debería tenerlo en cuenta, dada la importancia que tiene para los individuos la creación de puestos de trabajo en el contexto actual.

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