La irrupción de la crisis de la Covid-19 llevó a una homogeneización de las políticas monetarias que, de la mano de la fuerte rebaja de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal, arrastró al resto de bancos centrales. También los programas de compras se incrementaron decisivamente, en un intento de que la crisis sanitaria no se transformara en una crisis corporativa, y desde entonces los spreads de crédito han recuperado prácticamente la normalidad.

Las vacunas propician un cambio de sentimiento y una apertura económica que, espoleada, además, por impulsos fiscales de los gobiernos, lleva a muchos países a crecimientos muy por encima de tendencia, con un incremento evidente de las presiones inflacionistas, en parte por efectos base, en parte por una serie de disrupciones en las cadenas de suministros a nivel global.

Primero la Reserva Federal y luego el Banco Central Europeo se apresuraron a cambiar sus objetivos de inflación, que pasaron a ser "flexibles", permitiendo que pueda superar los niveles habituales del 2% sin necesidad de verse forzados a subir tipos para enfriar la economía. Con los elevados niveles de incertidumbre y endeudamiento, prefieren que la economía se recaliente antes que arriesgarse a causar una recesión.

La mirada de los inversores está puesta en las próximas reuniones de los bancos centrales y en el comienzo de la retirada de los estímulos

¿Qué puede ocurrir a partir de ahora? La mirada de los inversores está puesta en las próximas reuniones de los Bancos Centrales y en el comienzo de la retirada de los estímulos. Con una economía en expansión, hay pocas excusas para mantener pisado a fondo el pedal de las ayudas monetarias y comienza a hablarse del tapering (reducción de los programas de compras). Algo que pone nervioso al mercado, recordando lo ocurrido en 2013, cuando el anuncio inesperado del tapering provocó un repunte muy fuerte de las rentabilidades de los bonos americanos y bruscas correcciones en varios activos. Esto no ocurrirá esta vez, gracias a la prudencia de los banqueros centrales y la mejora en los procesos de comunicación a los inversores.

Sin embargo, no todos los países actúan igual y, a lo largo de los últimos meses, las presiones inflacionistas han comenzado a forzar movimientos en bancos centrales de países emergentes. Brasil y Rusia ya iniciaron subidas de tipos de interés en marzo, en junio Hungría y República Checa realizaron subidas de tipos y por último México también endureció su política monetaria con una subida inesperada de su tipo de interés de 50 puntos básicos. Corea del Sur ha sido la primera economía asiática en subir su tipo de interés, 25 puntos básicos, hasta el 0,75%. También hemos visto como los bancos centrales de Canadá, Reino Unido y Nueva Zelanda tomaban la decisión de reducir paulatinamente el ritmo de compras mensuales

La principal divergencia puede estar, a partir de ahora, entre la Reserva Federal y el Banco Central Europeo, que ya antes de la crisis tenían casi un 3% de diferencial entre ambos (+2,50% vs -0,4%). Tanto los datos de crecimiento económico como los de inflación presionan a la Fed, donde la tasa de desempleo puede ser clave para decantar la balanza de comenzar el tapering en los próximos meses, algo que se da por hecho tras los comentarios de Powell en la reunión de Jackson Hole y esperamos que se ratifique en la próxima reunión de la Reserva Federal del 21 y el 22 de septiembre.

El posible movimiento de apreciación del dólar en un escenario de Fed más agresiva y la posible normalización de tipos reales en EEUU son clave para la toma de decisiones de inversión

Mientras tanto, Christine Lagarde, en la última reunión de septiembre, dibujó un escenario de mayor crecimiento, pero con una inflación muy cercana al objetivo, lo que le permitirá mantener los estímulos quizá durante más tiempo. El último de sus intereses es un endurecimiento prematuro de las condiciones financieras en la Unión Europea, ni un fortalecimiento indeseado del euro que, aunque no sea un objetivo per se, sigue siendo una variable a vigilar por parte del BCE.

El posible movimiento de apreciación del dólar en un escenario de Fed más agresiva y la posible normalización de tipos reales en EEUU son clave para la toma de decisiones de inversión, ya que pueden afectar tanto a las carteras de renta fija como desinflar algunas de las fuertes valoraciones bursátiles, provocar rotaciones de growth a value e incluso cambiar el comportamiento relativo entre bolsas americanas y europeas.

Cualquier decisión o cambio en la política monetaria de los bancos centrales es clave, ya que conlleva importantes implicaciones para los activos y mercados financieros; por ello, desde Welzia Management consideramos que seleccionar productos flexibles y con una gestión verdaderamente activa es la mejor opción para los inversores en el actual contexto de mercado.

*** Miguel Uceda es director de Inversiones en Welzia Management.

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