El Banco Central Europeo (BCE) ha aprobado este jueves elevar su objetivo de inflación al 2% -en lugar de la enrevesada fórmula actual de una tasa "inferior, aunque próxima, al 2%"- y tolerará además que esta cifra pueda superarse temporalmente si es necesario para afrontar periodos de crisis. Con esta mayor flexibilidad, el BCE pretende contar con más potencia de fuego para estabilizar la economía de la eurozona en el actual entorno de baja inflación.

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Este cambio en la meta de inflación es la principal novedad de la nueva estrategia de política monetaria que ha aprobado la institución dirigida por Christine Lagarde tras un año y medio de debate, que se vio interrumpido por la crisis de la Covid-19. La estrategia original del BCE se estableció en 1998, en el momento de comenzar sus actividades, y sólo se había revisado una vez, en 2003, es decir, hace 18 años. 

La nueva estrategia comenzará a aplicarse a partir de la próxima reunión del BCE el 22 de julio. Según los expertos, la revisión refuerza la posición de Lagarde frente a las presiones de los banqueros centrales "halcones" de Alemania o Países Bajos, que quieren empezar a retirar ya el arsenal de estímulos monetarios desplegados para hacer frente a la crisis de la Covid-19 por la subida de la inflación. En contraste, la presidenta ha avisado reiteradamente de que el aumento de precios es temporal y de que una retirada prematura de los estímulos pondría en riesgo la recuperación.

Desde 2003, el BCE había fijado su objetivo de inflación en una tasa "inferior, aunque próxima, al 2%". Desde el principio de su mandato, Lagarde ha apostado por simplificar esa fórmula con el fin de que sea más fácil de entender para el público en general y se perciba como simétrica. De ahí que el BCE haya decidido ahora acabar con esta complicada definición y establecer la meta de inflación simplemente en el 2%.

"Creemos que este 2% es más claro, más simple de comunicar, sólido y con equilibrio. A ello hay que sumar que nos da paridad con muchos otros bancos centrales alrededor del mundo que están también operando con el 2%, que es la definición generalmente aceptada de estabilidad de precios", ha dicho Lagarde en rueda de prensa.

La segunda novedad de la estrategia es dar más garantías a los mercados de que este objetivo se cumplirá a medio plazo y de que se combatirá a toda costa el riesgo de deflación. Es decir, el BCE se compromete explícitamente a actuar de forma contundente cuando el nivel de precios se sitúe de forma persistente por debajo de sus metas, incluso si eso significa que la inflación se dispare temporalmente por encima del 2%. La gran preocupación ahora no es la alta inflación como en 2003, sino la deflación.

Objetivo simétrico

"El Consejo de Gobierno considera que la mejor forma de mantener la estabilidad de precios es teniendo un objetivo de inflación del 2 % a medio plazo. Este objetivo es simétrico, lo que significa que las desviaciones positivas o negativas respecto de ese objetivo son igual de indeseadas", señala el comunicado difundido por el BCE.

"Cuando la economía opera próxima al límite inferior de los tipos de interés nominales, son necesarias medidas de política monetaria especialmente contundentes o persistentes para evitar que se afiancen las desviaciones negativas del objetivo de inflación, lo que también podría implicar un período transitorio en el que la inflación se sitúe ligeramente por encima del objetivo", añade el comunicado.

La revisión de la estrategia del BCE pretende responder a la caída persiste de la inflación en todas las economías avanzadas en la última décadaEn la eurozona, la inflación anual se situó en un promedio del 2,3% entre 1999 y el principio de la Gran Recesión en agosto de 2008. Pero ha caído a sólo el 1,2% de media entre esa fecha y finales de 2019. 

Cuando la inflación es demasiado baja, los tipos de interés se rebajan para apoyar la actividad económica. Pero actualmente, los tipos de interés están próximos a cero o son incluso negativos, lo que hace que para el BCE y los demás bancos centrales resulte más difícil rebajar los tipos de interés como lo hubieran hecho en períodos de crecimiento lento y baja inflación. Ante estos límites, han comenzado a utilizarse nuevos instrumentos, en particular los programas de compra de deuda. 

Costes de la vivienda

En su revisión de estrategia, el Consejo de Gobierno confirma que el conjunto de tipos de interés del BCE sigue siendo el principal instrumento de política monetaria. Pero admite también que el resto de herramientas desplegadas en esta crisis -como las indicaciones sobre la orientación futura de la política monetaria, las compras de activos y las operaciones de financiación a plazo más largo- "continuarán siendo parte integrante del conjunto de instrumentos del BCE y se utilizarán según sea necesario".

Para medir mejor la inflación, la institución dirigida por Christine Lagarde reclama incluir en el Índice Armonizado de Precios de Consumo (IAPC) los costes relacionados con la vivienda en régimen de propiedad. No obstante, admite que esta incorporación no podrá producirse de forma inmediata sino que es "un proyecto de varios años".

Finalmente, el Consejo de Gobierno ha reconocido que el cambio climático tiene profundas implicaciones para la estabilidad de precios y, en consecuencia, se ha comprometido con un ambicioso plan de actuación climática. Como parte de este plan, el BCE incorporará criterios climáticos en sus compras de activos del sector empresarial.

Con su revisión de estrategia, el BCE ha seguido los pasos de la Reserva Federal de Estados Unidos, que ya revisó su estrategia de política monetaria en agosto del año pasado. Sin embargo, la Reserva Federal ha ido mucho más lejos. Su presidente, Jay Powell, ha anunciado que permitirá una inflación superior al 2% para favorecer el empleo y compensar los periodos de precios bajos.

El BCE anuncia que la siguiente revisión de su estrategia de política monetaria tendrá lugar en 2025.