En un año marcado por la imparable marcha de la renta variable norteamericana, debería llamar la atención poderosamente la mala evolución de los índices asiáticos. Los principales índices de acciones chinas están todos en negativo. Japón plano. Solo India se mantiene a flote entre las grandes economías asiáticas.

No es una cuestión de que estos países se encuentren rezagados en términos de crecimiento económico pues iniciaron antes que nadie la recuperación y siguen dando muestras de solidez.

Tras el histórico parón del primer trimestre de 2020, toda la región viene registrando tasas de crecimiento incluso superiores a las de trimestres anteriores, salvo la economía japonesa, la más débil más por su condición de economía madura en la región de los emergentes. 

La región viene registrando tasas de crecimiento superiores a las de trimestres anteriores 

Y es que en un contexto de inflación ligado a un fuerte repunte del precio de las materias primas, recordemos que la evolución anual de las principales commodities industriales registra crecimientos muy altos de doble dígito, las economías emergentes históricamente siempre han reaccionado de forma positiva. Pero las bolsas están pinchando en hueso. 

El índice IShares MSCI Emerging Markets está plano en el año después de una caída del 11% desde el máximo anual de febrero y del 7% desde el 1 de junio. La causa está en el desplome de las acciones chinas que desde junio acumulan una espectacular caída del 15%. Solo la semana pasada las acciones chinas experimentaron la mayor caída desde la crisis financiera del 2008.

Es evidente que algo subyace detrás del plano macroeconómico que está causando este mal performance de los índices chinos frente a los índices globales, y en particular, frente a los estadounidenses. 

En las últimas semanas han aflorado números titulares alrededor del intervencionismo político de las autoridades chinas, en la figura del siempre polémico PBoC, que han puesto de manifiesto, por si había alguien al que se le había olvidado, que esta es una economía que no tolera que el protagonismo de sus empresas sobrepase la disciplina de partido. 

China es una economía que no tolera que el protagonista de sus empresas sobrepase la disciplina del partido 

Ant, Didi, Tencent, ByteDance, Alibaba, el sistema educativo privado… China es una economía gobernada con brazo de hierro y eso supone que el éxito de las empresas ha de ser compartido (y controlado) por el gobierno de Xi Jinping.

Como los tiempos de las grandes empresas públicas (eso que se llama monopolio) parecen algo trasnochados, lo que desde el Partido se hace es imponer un control absoluto sobre el activo más importante de los grandes líderes, que no son ni los centros de producción ni la tecnología. Son los datos. El mensaje es claro, ningún dato personal puede pertenecer al mercado. 

No sé muy bien cómo interpretar esto bajo el estricto control que se intenta imponer desde esos fuegos artificiales llamados criterios de sostenibilidad o ESG. Un punto muy interesante que próximamente desarrollaré.

Pero el control político es la parte más visible del “iceberg chino”. Lo que no se ve son otras manipulaciones del gobierno de Xi.  Como el e-yuan. Esta moneda digital del banco central dirigida a los depositantes chinos (y a los turistas chinos dispuestos a difundirla por todo el planeta) es un cambio de juego global ya que obliga a todos los bancos centrales a reaccionar. Ninguno escapará al dilema del anonimato asociado con una moneda digital. 

El e-yuan es un cambio de juego global ya que obliga a los bancos centrales a reaccionar 

El PBoC no tiene preocupaciones tales como los derechos individuales o las libertades algo que, a su manera, comparten los bancos centrales del resto del mundo. En esto no hay diferencias políticas. Controlar quién tiene el dinero, dónde lo emplea y en qué lo gasta es de un valor demasiado importante como para renunciar al mismo.

De ahí viene su enconada lucha contra el Bitcoin que, precisamente, lo que posibilita es un total anonimato y una libertad monetaria total. La cuestión es que el PBoC está llevando a otros bancos centrales a un campo minado.

Que hay tensiones en el mercado monetario lo demuestra la intervención masiva que está llevando el Banco Central Chino, que en los últimos días ha inyectado 30.000 millones de yuanes de forma diaria para evitar el desplome del repo. 

La moneda es otro caballo de batalla silencioso.  En un año el yuan se ha revaluado frente al dólar un 10% sosteniendo un crecimiento de las importaciones de niveles record en una década. Esto, además de drenar unas décimas de crecimiento, contradice una de las máximas del Banco Central que desea un yuan débil, y por ende, un dólar fuerte. La guerra lleva servida desde hace mucho tiempo y la pandemia relajó algo los objetivos bilaterales. 

El Banco Central de China ha inyectado 30.000 yuanes al día para evitar el desplome del repo y el yuan se ha revaluado un 10% frente al dólar 

Pero no todo es China. El índice Emerging Markets exChina, también está cayendo con fuerza después de que en julio los flujos de salida sean netamente negativos. 

The Economist lleva en su portada esta semana un titular muy en esta línea. El problema de crecimiento de los mercados emergentes está en que su crecimiento es desordenado.

Las economías emergentes luchan por cerrar el gap con las desarrolladas pero en medio de grandes desequilibrios sociales. Descontento social creciente, revueltas y violentas protestas, son algunas de las consecuencias.

En India la inflación no ha estado en ningún momento por debajo del 4% mensual en esta etapa de pandemia. En México se ha disparado, como en Sudáfrica o en Turquía, cuya media de los últimos meses supera el 15%. 

De momento sigo pensando que estas salidas no harán descarrilar las bolsas globales pero el foco de riesgo está ahí y va a seguir copando titulares hasta que despejemos la gran duda de quien se impondrá finalmente en esta carrera.

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