A falta de 15 días para los comicios en la Comunidad de Madrid, la campaña electoral sigue siendo un tema nacional en el que los parlamentarios y miembros del Gobierno interfieren con la política regional. Uno de los temas estrella es, sin duda, el de los impuestos.

Mientras que el candidato socialista, Ángel Gabilondo, aseguraba que los madrileños no van a ver subir sus impuestos porque "no es el momento", la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, de su propio partido, nos hacía saber que está en su propósito armonizar el Impuesto de Sucesiones y Donaciones y subir el Impuesto de Sociedades en toda España.

El de Impuesto Sucesiones y Donaciones no es el que más recauda. Está muy claro que se trata de un tema exclusivamente político. ¿Y el Impuesto de Sociedades? Pues no parece muy oportuno, dado el panorama de nuestras empresas. España es un país que no va a subir al tren de la digitalización y la modernidad si no favorecemos que las empresas tengan miedo a crecer por el hachazo impositivo.

No obstante, tengo que reconocer que la palabra escogida para meter la mano en las carteras de los madrileños, y de los demás españoles afectados, es maravillosa. ¿Quién puede negarse a "armonizar" lo que sea? Todos queremos armonía en nuestras vidas, proporción, correspondencia; evitamos los conflictos, las discordancias, el desequilibrio.

Una mente ingenua podría pensar que armonizar los impuestos también podría lograrse bajando al resto de los españoles y no subiéndolos a las comunidades que apuestan por la creación de riqueza.

Pero esta tendencia, como el pobre Gabilondo afirma, no es exclusiva de nuestro país, sino que forma parte de una agenda internacional mayor. Como lleva un tiempo denunciando Dan Mitchell. La administración Biden pretende que Estados Unidos sea el líder en la campaña de demonización de los impuestos bajos y de imposición de un impuesto mínimo de sociedades global, de manera que ninguna empresa cuente con la ventaja de una fiscalizad menos asfixiantes.

Armonizar los impuestos también podría lograrse bajando al resto de los españoles

Sin embargo, este tipo de medidas, tanto a nivel internacional como nacional, interfiere con la soberanía de los países y, en el caso de España, con las competencias atribuidas a cada autonomía.

Además, impide que los países pobres caminen por la senda del crecimiento, atraigan a los inversores y se modernicen gracias a mantener unos impuestos más favorecedores de la creación de actividad y riqueza económica.

En España, por ejemplo, las regiones menos desarrolladas podrían crecer y ponerse a la altura de las demás o superarlas, sin tener que depender de las aportaciones del resto de las autonomías, sin depender del Estado.

La mayoría de la gente parece entender que no es bueno crecer a costa de aumentar la dependencia del petróleo, del carbón, de materiales que no podemos producir y que nos van a a atar a los productores de esas materias primas y, por tanto, a hacer débiles. ¿Por qué es tan difícil de argumentar con la misma lógica respecto a la dependencia estatal? ¿No querría cualquier político regional o local que su autonomía o municipio tuviera alas sin estar poniendo la mano y esperar que el Gobierno central te provea de lo que crea que mereces?

Además, nada indica que después de la armonización de estos impuestos no vayan a seguir con todos los demás. Y eso sería muy grave, porque no estamos en el mejor momento para perder más fuelle.

Yo entiendo que el liberalismo no está de moda y que avanzamos hacia un sistema dirigista más parecido al de China. Es un régimen que daña gravemente las libertades individuales y, como pueden imaginar, no me gusta nada.

El liberalismo no está de moda y avanzamos hacia un sistema dirigista más parecido al de China, un régimen que daña gravemente las libertades individuales

No obstante, invito a la ministra Montero a que eche una ojeada al decimocuarto Plan Quinquenal de la República Comunista de China. En la agenda destaca el deseo de “promover el desarrollo de alta calidad en todos los aspectos, incluidos la economía, el medioambiente y lograr el ascenso de la economía china en la cadena de valor de la industria global".

No está mal, ¿verdad? Podría ser un punto de una propuesta de una de los grupos de trabajo de la Unión Europea. Pero la cosa sigue. En las dos macro sesiones en las que se fijaron las lineas maestras del Plan, que tuvieron lugar el pasado marzo, se avanzaron las medidas fiscales previstas para lograr los objetivos planteados.

Para reforzar la recuperación, que en China ha sido más rápida que en otros países, se pretende insistir en las facilidades fiscales. En concreto, extender las políticas fiscales preferenciales provisionales para los pequeños contribuyentes en el Impuesto al Valor Añadido (IVA); implementar nuevas reducciones de impuestos estructurales para compensar el impacto de algunos ajustes de política, plantear nuevos incentivos fiscales para compensar que algunos de los recortes de impuestos anteriores ya no sean efectivos, y otros apoyos a micro y pequeñas empresas.

Pero, además de los apoyos a las pequeñas empresas, China también está utilizando incentivos fiscales para fomentar las innovaciones entre las empresas y optimizar las cadenas de suministro. Por ejemplo, se propone extender la reducción adicional del 75 por ciento antes de impuestos de los gastos de I + D y ampliar el catálogo de impuestos preferenciales para las empresas que se dedican a la protección del medio ambiente, la conservación de la energía y el agua.

Todavía estamos esperando que en España se considere a las empresas, grandes o pequeñas, y, por descontado a los autónomos, como protagonistas de la recuperación.

Soy muy consciente de que la economía de China y la nuestra son muy diferentes, tanto por la soberanía monetaria, por la arbitrariedad del Gobierno, por la falta de libertad, y por muchas más razones estructurales. Pero plantear subidas de impuestos en España, con cuatro millones de parados oficiales y otro millón y pico más que aún no ha aflorado es poner muchos palos en nuestras quebradizas ruedas.

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