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LO ESENCIAL
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En enero de este año, Estados Unidos oficializaba su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la que fue fundador en 1948 y miembro durante 78 años. Esta orden ejecutiva fue firmada por el presidente, Donald Trump, el día que llegó por segunda vez al poder.

La Casa Blanca argumentó su salida alegando una "mala gestión" de la pandemia por parte de la OMS. Y, además, Trump criticó el rol de la organización en "otras crisis sanitarias mundiales", su incapacidad para adoptar reformas y "su falta de independencia frente a la influencia política indebida" de otros Estados miembros.

Lo mismo ha ocurrido con Argentina. Su presidente, Javier Milei, se marchó del organismo sanitario el pasado 17 de marzo. Milei también cuestionó el modelo de confinamientos durante la Covid, calificándolo de un crimen contra la humanidad. Ante estos dos movimientos relevantes, María Neira, candidata española a presidir la OMS, cuenta a este diario la necesidad de "traer de vuelta a todos los estados miembros y, por supuesto, a Estados Unidos que es un actor clave para completar la organización".

En una entrevista con este diario, Neira explica que para intentar recuperar a todos los países será imprescindible "trabajar con todas las redes científicas internacionales, usar vías diplomáticas y el argumento que nos une a todos: Queremos salud para nuestros ciudadanos, incluido en Estados Unidos".

La institución se llama Organización Mundial de la Salud y, por lo tanto, creo que todos los estados deben formar parte de este gran proyecto, de esta gran misión que es la salud mundial, la salud global", incide.

¿Por qué organizaciones como la OMS ahora son cuestionadas por una parte de la derecha? ¿Cree que la salud pública tiene un sesgo de izquierdas?

Creo que la salud pública está por encima de cualquier tendencia política o de cualquier ideología. Lo que sí tendremos que hacer es una comunicación adecuada para que la gente entienda qué es lo que representa realmente esta organización.

Si quieres una OMS fuerte, pues tienes que construirla. Toda la comunicación debe estar orientada a proyectar rigor científico, alineación regulatoria y cumplimiento de estándares para generar máxima confianza.

La dirección de la OMS tiene que asegurarse de que los cambios generados en el pasado no provoquen desconfianza. La ciencia es la que nos dirige y nada más. Y el bienestar de la población, evidentemente.

¿Considera que la OMS hizo lo suficiente para esclarecer el origen de la Covid?

En salud pública tenemos que ponernos siempre límites de ambición altísimos. Por lo tanto, decir que se hizo todo bien sería de muy conformista.

También conviene recordar cómo funciona la OMS y en eso vamos a tener un papel muy importante para explicarlo y convencer. Es un organismo puramente científico y técnico. Al irrumpir la Covid, la organización no estaba acostumbrada a gestionar una crisis de semejante dimensión geopolítica y territorial.

Nosotros estábamos habituados a recomendar cuál es el nivel de ciertos minerales que tiene que tener el agua potable o si te pones una crema de protección para el sol, qué tipo de componentes tiene que tener para realmente proteger. Es un trabajo muy importante, pero muy a la sombra, muy discreto.

La OMS es un organismo científico y técnico. Al irrumpir la COVID-19, la organización no estaba acostumbrada a gestionar una crisis de semejante dimensión geopolítica y territorial

Y la Covid generó una serie de dimensiones que van más allá de lo técnico, de lo científico y de lo normativo y de los estándares que normalmente proponemos. Por lo cual es lógico que haya efectos secundarios, que haya movimientos en muchos lugares y que haya generado también un shock con todas estas repercusiones que ha tenido.

Lo más importante ahora es concentrarse en que no vuelva a pasar y que no vuelva a fallar. Ahora hay un tratado pandémico que se adoptó, pero que queda todavía un anexo muy importante por firmar. Y, de nuevo, ahí no es la OMS son los países los que firman. La organización facilita el proceso.

Si ahora vuelve a ocurrir algo de tal magnitud, pues creo que la responsabilidad tiene que estar distribuida entre todos. Somos los países, cada estado miembro el que firma, el que adopta, el que decide si está de acuerdo también. No hay que olvidar que somos 194 estados.

Concretamente falta por firmar la detección de un patógeno. ¿Que quiere decir esto? Que si un país identifica un patógeno, pero luego en otro -más avanzado tecnológicamente- se desarrolla una vacuna o un medicamento habría que definir cómo se comparten esos beneficios económicos que se puedan generar después.

Una de las grandes problemáticas que más preocupa es el repunte de enfermedades infecciosas como el sarampión y la evolución de patologías tropicales. De hecho, hace unos meses, la OMS retiró a España, Reino Unido, Austria, Armenia, Azerbayán y Uzbekistán el estatus de país con el sarampión eliminado, ¿Qué podemos hacer ante esto?

Hay que trabajar otra vez en la prevención primaria. Y la prevención, por ejemplo con el sarampión, comienza en volver a tener una buena estrategia de vacunación.

En el caso de las enfermedades tropicales, muchas veces pasa por la vigilancia epidemiológica, el acceso al agua, saneamiento, control de vectores en otros lugares. Ahora, con el cambio climático, evidentemente, este tipo de enfermedades van a aparecer más en sitios donde no nos las esperamos.

Pero, lo que forma parte de esa buena respuesta, es esa capacidad de anticipar y después de responder de una manera alineada, estratégica y con esa confianza que te da el tener los mejores científicos detrás.

¿Por qué la gente no se vacuna? ¿Por qué nos está costando tanto que se refuerce después de haber pasado una pandemia?

Y no sólo una pandemia, yo creo que todavía dentro de la sociedad actual todavía hay personas que se acuerdan de lo que fue la polio. De hecho, hay algunas con secuelas de esta enfermedad y saben perfectamente lo que representó. Sin embargo, parece que se han olvidado cuando se empezó a hacer una campaña de vacunación.

Por supuesto, la viruela ya nadie se acuerda, pero erradicamos la viruela. Y volvemos a lo de antes, hay que convencer con buena comunicación, con solidez, con conciencia y, por supuesto, entendiendo también qué es lo que hace a estas personas tener estas ideas un poco, digamos, originales. ¿Por qué han llegado a ese tipo de pensamiento? Intentar a partir de ahí abordar esas sensaciones con argumentos.

Hay que usar también la voz de los profesionales sanitarios. Muchos pediatras, todas las asociaciones profesionales, oncólogos, ginecólogos deben explicar cómo se transmiten las enfermedades, por qué es relevante la vacunación. Ahí tenemos una buena campaña que hacer también para atraer de nuevo a esas personas con ideas estrambóticas.

Hablando de su candidatura a presidir la OMS ¿Por qué España no ha llegado nunca tan lejos ?, ¿Qué supondría para usted llegar al cargo?

Llegar a dirigir la OMS tampoco es fácil. Ha habido pocos países que lo han conseguido. Ha estado un japonés, una china, un etíope, una noruega, un brasileño.

María Neira durante su participación en el XXIV Congreso de Farmacéuticos de Oviedo. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL

Entonces, es efectivamente un puesto que pocos llegan a él. Creo que esta vez tenemos la oportunidad. Ojalá yo no deje mal a España. Va a estar difícil, no te lo niego, porque hay otros seis candidatos que son también importantes y que representan a países que van a poner muchísimo esfuerzo. Arabia Saudí está poniendo muchísimo empeño en todos los sentidos.

En fin, que va a estar muy duro, pero sería efectivamente muy bonito que por primera vez hubiera un español, en este caso una española, que dirigiera a la Organización Mundial de la Salud.

¿Cuáles van a ser sus prioridades en el caso de que tuviera dicho privilegio?

Es difícil decir una. Pero, una de las grandísimas prioridades y algo que yo considero fundamental es esa transición rápida a la prevención en Atención Primaria, es decir, a ocuparnos realmente de que las personas no enfermen, de que su salud esté protegida.

Y, eso, pasa obviamente por la vacunación, por evitar la resistencia a los antibióticos. Pasa por políticas anti-tabaco, por una mejor nutrición, una vida menos sedentaria y también por influenciar otro tipo de políticas sectoriales, como el acceso a energía limpia que no contamine.

Con lo cual, prevención primaria es un pilar. El otro sería una especie de antena, tener como un GPS puesto para detectar cuáles van a ser esos nuevos riesgos para la salud (microplásticos, neurodivergencia, descenso de la fertilidad) y que no se nos vengan encima, sino que los detectemos. Todo esto, con ciencia, conocimiento, intercambio entre profesionales, una cultura impregnada también y un ambiente de trabajo muy estimulante para que lo podamos llevar adelante.

Usted como española, ¿Qué opina del futuro de la sanidad en nuestro país? ¿Es sostenible el modelo español ante la evolución del envejecimiento de la población y de personas con mayores patologías crónicas?

Efectivamente, con el envejecimiento de la población y la aparición de todas estas enfermedades crónicas que cuestan mucho dinero a la sanidad se hace todavía más necesaria esta política de prevención primaria.

Esto consiste en reforzar los centros de salud pero también en que otros ministerios inviertan en salud. Todo el dinero no tiene que salir del Ministerio de Sanidad, sino de buenas políticas.

El dinero no tiene que salir sólo de salud sino también de otros ministerios. Por ejemplo, Hacienda considera la salud a veces como un gasto y no como una inversión

Imagínate que el Ministerio de Industria decide ubicar una fábrica contaminante en el centro de una capital donde viven millones de personas. Eso, obviamente, sería un atentado a la salud. Lo que quiero decir es que muchas veces nuestra salud depende de decisiones tomadas por otros departamentos, por otros sectores.

El sector salud lo que tiene que hacer es tener los buenos argumentos para convencerlos de que tengan una política agrícola que proteja nuestra nutrición, que tengamos una política de transporte que facilite el transporte público y disuada de la utilización del coche privado que contamina.

Y, por supuesto, está Hacienda también que muchas veces considera la salud como un gasto y no como una inversión. Es la mejor inversión que cualquier sociedad puede hacer.