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Tu código postal decide si tienes que ir a recoger tu medicación al hospital o simplemente puedes hacerte con ella en la farmacia de barrio. Mientras un vecino de Barcelona puede recoger su tratamiento a dos minutos de casa, otro de Murcia debe recorrer kilómetros para hacer cola en la ventanilla de su centro médico.

Esta brecha territorial responde a la desigual implantación de la dispensación colaborativa, un modelo impulsado por el sector en el que intervienen hospitales, distribuidoras farmacéuticas y las propias farmacias, claro.

Sin embargo, esta fórmula sólo está desplegada en ocho comunidades autónomas, lo que deja a media España atada a las visitas hospitalarias para retirar determinadas medicinas.

Las que cuentan con este modelo son Andalucía, Cataluña, Valencia, Castilla-La Mancha, Madrid, Castilla y León, Cantabria y Navarra, siendo las dos primeras las pioneras en implantar dicho modelo.

Esta iniciativa se impulsó en los primeros meses de la pandemia cuando varias autonomías activaron protocolos de emergencia junto a las cooperativas y los colegios farmacéuticos (COF) para evitar que los enfermos crónicos y vulnerables tuvieran que acudir a los hospitales a por su medicación y, así, reducir los riesgos de contagio.

Cuando la crisis sanitaria acabó algunas regiones dejaron a un lado estos mecanismos volviendo a la dispensación tradicional, mientras que otras lo mantienen a día de hoy y algunas están empezando a dar pequeños pasos para sumarse a la carrera. Sin embargo, seis años después la situación avanza a paso lento.

"Hemos demostrado con evidencia que este modelo es bueno para el paciente y eficiente para el sistema, ahora deben ser las administraciones quienes den un paso al frente y lo vayan incorporando", señala Jordi de Dalmases, vicepresidente del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, a este diario.

Cabe recordar que cada comunidad autónoma -al tener las competencias transferidas- es la que tiene la potestad de impulsar este modelo.

El Consejo General ha repetido en varias ocasiones que hay regiones que se están interesando por esta iniciativa pero son las administraciones autonómicas las que tienen la autoridad legal y presupuestaria para activar el modelo.

Reducción de costes

En el XXIV Congreso del Consejo General de Farmacéuticos (CGOF) se ha puesto de manifiesto el valor de la dispensación colaborativa poniendo de ejemplo los modelos de Cataluña y Navarra.

En ambos, es el órgano colegial el que gestiona todo el circuito. Y es la farmacia la que selecciona al hospital en base a unos criterios y el paciente elige donde va a recoger la medicación.

¿Cómo es el proceso? Pues hay una petición por parte del hospital, después esta medicación es recogida por las distribuidoras farmacéuticas que son las que llevan a las oficinas de farmacia la medicación para que la recoja el paciente.

Por ejemplo, en el modelo catalán hay un plazo de 72 horas para confirmar que ha llegado el fármaco, si no es así tienen que ese plazo para resolver qué ha podido pasar. Además, la dispensación colaborativa de esta región cuenta con alarmas que alertan a la oficina de farmacia del plazo (de siete días) que tiene el paciente si no lo recoge.

Con todo, hay datos que avalan una reducción de costes tras la implementación de este modelo de dispensación de medicamentos. Tal y como indicó el Consejo General en su anterior Congreso, este evita desplazamientos innecesarios al hospital.

Así, se estima que si se extendiera a toda España, podría reducir 11,6 millones de visitas hospitalarias y beneficiar a 1,2 millones de pacientes.

Y se calculó que podría evitar una pérdida de productividad de aproximadamente 652 millones de euros anuales.