Una revisión de estudios publicada en Science profundiza en las claves de la mayor prevalencia de dolor crónico entre las mujeres que en los hombres, incluso en las más jóvenes.
Las hormonas sexuales tendrían un papel preponderante desencadenando mecanismos de mayor sensibilización y que contribuirían a que, si aproximadamente el 20% de la población general sufre dolor crónico, la proporción de mujeres sea el doble que la de hombres.
El trabajo ha sido publicado en la revista Science dentro de un especial sobre la salud de las mujeres ha sido liderado por Archana Venkataram, profesora de la Universidad de California en San Francisco.
No se trata únicamente de dolores asociados a los órganos reproductores como la endometriosis o la migraña menstrual, sino también a una mayor prevalencia de artrosis, síndrome de intestino irritable, fibromialgia y dolor neuropático.
La revisión ha sintetizado los últimos avances en dolor visceral y somático, destacando cómo las hormonas sexuales, la interacción inmunoneural, la microbiota intestinal y los circuitos analgésicos endógenos impactan en la sensación.
Como describe Javier Rivera, director de la Unidad de Reumatología y Fibromialgia del Instituto Nacional del Dolor, al Science Media Centre, "la influencia hormonal muestra una correlación estrecha con el dolor y su cronificación a través de los mecanismos de sensibilización central. Los niveles de estrógenos en la mujer aumentan la sensibilidad visceral a través de sus receptores específicos en los órganos internos", así como influyen "en el microbioma intestinal por medio de la generación de determinados productos metabólicos del propio microbioma que son responsables de la aparición de hipersensibilidad al dolor".
Además, los estrógenos también influyen "en el procesamiento del dolor en varias de las estructuras del sistema nervioso y condicionan la activación de circuitos neuroinmunes en respuesta a estímulos dolorosos a través de la activación de células inmunitarias que resultan ser distintas en ambos sexos".
En otros síndromes de dolor crónico primario como la fibromialgia, las cefaleas y el dolor crónicos de la artrosis, "la evidencia científica sobre los mecanismos fisiopatológicos implicados es más limitada, pero probablemente sean los mismos y achacables también a las diferencias hormonales".
Por su parte, Carlos Goicoechea García, catedrático de Farmacología en la facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, señala al mismo centro que las diferencias en el dolor "tienen que ver tanto con aspectos puramente sensoriales -como el umbral de respuesta del dolor y la tolerancia al dolor, que son más altos en el hombre que en la mujer- como con diferencias emocionales relacionadas con aspectos de género, es decir, con el papel de la mujer en la sociedad".
De ahí que "no deberíamos tratar el dolor de forma genérica, sino en función del sexo de la persona (esto más relacionado con aspectos farmacológicos y fisioterápicos) y del género (en cuanto al abordaje psicológico)".
Goicoechea profundiza en el concepto del dolor indicando que, de hecho, "debemos considerar que cada dolor es único, cada dolor es la expresión de una sensación tamizada por la emoción. Por lo tanto, no hay dolores realmente iguales".
Tal y como indican las autoras de esta revisión, "las mujeres esperan con desesperación respuestas concretas que puedan ayudar a eliminar el enfoque habitual de 'está todo en tu cabeza' respecto a sus enfermedades".
