Un estudio publicado en la revista médica The Lancet Regional Health-Europe advierte de que las coberturas vacunales infantiles han disminuido en la Unión Europea en los últimos años.
Se basa en datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef entre 1980 y 2024 y se refiere a las inoculaciones frente a siete patógenos: difteria, tétanos, tosferina, hepatitis B, Haemophilus influenzae tipo B, sarampión, neumococo, poliomielitis y rubeola.
Tras un periodo de crecimiento más o menos continuo -en general, producto de que ha sido en las últimas décadas del siglo XX y principios del XXI cuando la mayoría de estas vacunas han sido introducidas en el calendario vacunal- se ha notado una estabilización y descenso, especialmente tras la pandemia, en el periodo 2019-2022.
En España, apunta el trabajo, los datos indican una disminución de las tasas de vacunación para cinco de estas siete vacunas, mientras que solo han aumentado las de rubeola y sarampión.
Hay que tener en cuenta, con todo, que los antígenos de estos dos patógenos van juntos en la vacuna conocida como triple vírica: sarampión, paperas y rubeola.
Igualmente, difteria, tétanos y tosferina (DTP) van en una única vacuna, que ha añadido antígenos frente a la poliomielitis en los últimos años.
Por eso, es llamativo "el diferente comportamiento de la vacuna DTP y polio cuando ambas vacunas se administran desde hace décadas de forma combinada, en el mismo pinchazo" considera Jaime Jesús Pérez, presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV).
En declaraciones al Science Media Centre, Pérez concluye que, en este caso, "cualquier diferencia o no es real o no es trascendente".
En nuestro país, el estudio refleja, "independientemente de las tendencias, unas buenas coberturas vacunales, si bien aquellos valores que están en 94% y 92% sería deseable que se alcanzasen valores por encima del 95%", considerado por muchos el umbral para alcanzar la inmunidad de grupo.
Estimación de coberturas
Pérez sostiene que, pese a que el estudio es de "buena calidad", su objetivo es discutible, ya que analiza tendencias en lugar de umbrales, por lo que un país puede salir bien parado si su cobertura vacunal crece pese a que esta sea más baja, en niveles absolutos, que otro país con altas tasas de vacunación pero que haya acusado un ligero descenso en los últimos años.
"Existen pocos trabajos que evalúen tendencias tan a largo plazo; el final del estudio coincide con la pandemia y el periodo pospandémico, periodos en los que, en general, se ha observado un pequeño descenso de coberturas en parte debido a la priorización de la vacunación Covid-19 y, posteriormente en algunos casos, por un posible aumento de las reticencias vacunales".
De la misma forma, el también subdirector general de Salud Pública de la Región de Murcia apunta que, al ser tan largo el periodo analizado, el método para estimar las coberturas puede haber cambiado y no reflejar "una variación real".
"Hace décadas no era raro que las coberturas vacunales se calcularan teniendo en cuenta el total de dosis distribuidas que se dividían entre los niños existentes, no se tenían en cuenta las vacunas eliminadas por caducidad o por cualquier otra pérdida posible".
En la actualidad, "la mejora de los sistemas de registro asegura que las coberturas sean reales porque la cobertura se estima midiendo los niños realmente vacunados respecto al total, es decir, la mejora en los métodos de estimación de coberturas juega en contra del dato y puede llevar a estimar una cobertura más baja que en otros periodos que se calculaba de otra manera (más baja pero real)".
También habría que tener en cuenta posibles cambios en los calendarios vacunales, que pueden haber movido dosis de edad, cuando "es conocido que las vacunas en los bebés de mayor edad tienen menor cobertura" que en los de menor edad, "pero este dato no se menciona ni se tiene en cuenta en el estudio".
Por tanto, indica el experto, las tendencias "son interesantes, pero siempre evaluadas junto a la cobertura real frente a cada una de esas vacunas y no solo frente a la tendencia, los valores descendentes registrados pueden no tener repercusión real".
Con todo, el estudio "sirve como aldabonazo para seguir vigilando tanto coberturas como tendencias, algo que los responsables de programas vacunales hacen habitualmente".
