China se está convirtiendo en la nueva meca de los laboratorios occidentales. La rapidez de sus ensayos clínicos y sus bajos costes de producción han situado al país como el segundo mayor desarrollador mundial de fármacos innovadores, sólo por detrás de Estados Unidos. La preocupación europea por perder el tren de la innovación cada vez es mayor.
Estas ventajas han impulsado que las compañías estén trasladando el ciclo completo de desarrollo de medicamentos y firmando acuerdos de colaboración con biofarmacéuticas chinas.
Han pasado de la concesión de licencias de principios activos a adquirir plataformas completas de I+D en China. Así lo señala un reciente informe elaborado por GlobalData.
El análisis pone como ejemplo los recientes acuerdos de Bristol Myers Squibb (BMS), AstraZeneca o Pfizer.
BMS ha sellado un acuerdo global de colaboración y licencia con Jiangsu Hengrui Pharmaceuticals que abarca 13 programas en fase inicial para desarrollar varios tipos de terapias. Estos incluyen pagos potenciales por hitos de hasta 15.200 millones de dólares (unos 13.081 millones de euros).
La colaboración abarca una cartera de doce programas contra el cáncer, compuesta por ocho activos tempranos producidos por la empresa china y cuatro nuevos proyectos propuestos por la farmacéutica estadounidense.
Anteriormente, la propia Jiangsu Hengrui ya había firmado contratos de licencia con otras multinacionales del sector, como MSD (la Merck americana, como se conoce popularmente) y la británica GSK.
A todo esto se suma un acuerdo de colaboración de Pfizer con la biofarmacéutica Innovent Biologics.
En mayo anunciaron una alianza global para desarrollar doce medicamentos oncológicos en fase temprana por 10.500 millones de dólares (unos 9.029 millones de euros al cambio actual).
Según los términos del acuerdo, Innovent liderará el desarrollo de los doce programas hasta los ensayos clínicos de fase 1, tras lo cual Pfizer asumirá el desarrollo global.
La estructura de la alianza se divide en tres bloques: cuatro programas serán codesarrollados y comercializados de forma conjunta, repartiéndose los beneficios de Estados Unidos y Europa. Innovent conservará los derechos completos en el mercado conocido como Gran China (que incluye China continental, Hong Kong, Macao y Taiwán).
En otros cuatro programas, Pfizer recibirá una licencia exclusiva fuera de Gran China y asumirá la mayor parte de los costes de desarrollo. En los cuatro restantes se quedará con una licencia global exclusiva y se hará cargo del desarrollo a escala mundial.
Por su parte, AstraZeneca ha sellado varios acuerdos que han dado forma a una colaboración estratégica en I+D con CSPC. Ambas compañías han creado una sociedad conjunta de fabricación de biológicos por un valor de 18.500 millones de dólares (15.919 millones de euros).
De hecho, se trata del mayor acuerdo -en términos de volumen financiero- que firma una multinacional farmacéutica occidental y una biotecnológica china.
Así, la nueva sociedad tiene como objetivo combinar un sistema de gestión de fabricación automatizada -impulsado por inteligencia artificial y las capacidades operativas de CSPC- con la experiencia de AstraZeneca en la gestión de la cadena de suministro.
Oleada masiva de acuerdos
"Las grandes farmacéuticas están recurriendo a China en busca de las últimas innovaciones en medicamentos, y los resultados empiezan a ser evidentes, con una oleada masiva de acuerdos de licencia multimillonarios por parte de gigantes farmacéuticos occidentales", precisa Sarah Nightingale, consultora para Asia-Pacífico en GlobalData Healthcare.
Los acuerdos de licencia en China también están alcanzando precios más elevados, con un valor y volumen mayores que nunca. En 2025, estos pactos superaron los 115.000 millones de dólares.
La brecha de competitividad en comparación con otras potencias como Europa es cada vez más evidente.
En la última década, la cuota europea en ensayos clínicos globales se ha desplomado del 22 % al 12 %, al tiempo que China ha escalado hasta rozar el 29 % del total mundial.
Un sorpasso en I+D respaldado por informes de la patronal de la industria farmacéutica europea, EPFIA, e IQVIA, que confirman cómo el gigante asiático le come terreno a Europa no sólo en inversión, sino también en áreas críticas como las terapias avanzadas.
