La concienciación sobre el suicidio está superando los estigmas, los estudios han definido el perfil de personas que están en riesgo y las situaciones en que éste aumenta, se han diseñado programas de intervención tras un intento no consumado, pero el reto siempre pendiente es llegar hasta donde está la persona y prevenirlo.
"Se está haciendo una labor importante, pero el riesgo cero no puede existir", explica Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental. "Se está incrementando mucho la atención a la conducta suicida, tanto a nivel nacional como autonómico, se están habilitando gate keepers, personas formadas para identificar individuos en riesgo en zonas donde este es mayor, etc".
La comorbilidad psiquiátrica está detrás de la ideación suicida "el 97% de las veces. Pero con tratamiento adecuado e intervención precoz puede salirse".
Suele asociarse con depresión y ansiedad, trastorno bipolar y otras condiciones que no se pensaba que estuvieran relacionadas, como el trastorno obsesivo compulsivo (TOC). "Se pensaba que la prevalencia era similar a la de la población general, pero se ha visto que es mayor, más parecida a la de las enfermedades comúnmente asociadas con el suicidio", señala Cinto Segalàs, especialista de la Unidad de TOC del Hospital de Bellvitge.
Segalàs ha coliderado un estudio donde ha seguido a unos 200 pacientes con TOC a lo largo de casi 20 años para evaluar los elementos que indiquen un riesgo aumentado de suicidio.
"Utilizamos una técnica de machine learning y algoritmos predictivos. El mejor resultado: fue tener antecedentes familiares de suicidio, el consumo de sustancias y la presencia de un trastorno depresivo". Sorprendentemente, la intensidad de los pensamientos obsesivos o las conductas compulsivas no era un factor esencial.
"A partir de ahí, hacemos un seguimiento más personalizado: se aumenta la frecuencia de las visitas, se pueden cambiar la estrategia farmacológica y enfocarla más hacia la depresión, etc".
El psiquiatra apunta que hay factores de riesgo social, como ser hombre, tener cargas familiares, el aislamiento social, etc. Son circunstancias externas independientes del trastorno mental "que pueden contribuir a que el paciente esté más angustiado y tener más ideas de suicidio".
La señal de alarma viene cuando la persona verbaliza una ideación autolítica, sostiene. "Por eso hay que preguntar: hacerlo no va a hacer que los pacientes se suiciden más".
Cierta sobre-alarma
En este tema incide la psiquiatra de urgencias África Balbás. "Sigue habiendo mucho miedo cuando un paciente llega a consulta y te dice que se quiere matar. Hay médicos que piensan que, si ahondan en el tema, les van a dar más ganas de hacerlo. Un psiquiatra tiene claro que no es así, está acostumbrado a hablar de esto todos los días con los pacientes, pero para los generalistas es un tabú que les da miedo manejarlo".
Como especialista de urgencias en un hospital público madrileño, Balbás, que orienta su práctica hacia el psicoanálisis, apunta el gran potencial de la atención primaria para detectar a las personas en riesgo. "Están capacitadísimos para hacer esa primera atención, pero hace falta información. Así, se podrían descolapsar los servicios de urgencias".
Se refiere a que, en ocasiones, la primaria "incurre en cierta sobre-alarma. No es lo mismo alguien que tiene planificada una conducta suicida que una mujer de 80 años que se siente triste y dice que ojalá no se despierte mañana".
El 024, teléfono de atención a la conducta suicida, criba algo mejor, en su opinión. "El problema es que activa un aparataje que implica enviar servicios de urgencias ante la mínima duda. He tenido pacientes que se han quejado que llamaron al 024 por algo que no era tan grave y le mandaron a casa la policía, una ambulancia... Los vecinos vieron el 'pifostio' y se alarmaron".
Por su parte, Beatriz Vielba, responsable del grupo de trabajo de salud mental de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), añade la necesidad de tiempo para que el profesional pueda "escuchar, acompañar y dar continuidad a la atención. Generas confianza y das la oportunidad a personas que lo están pasando mal. Poder escucharles, como médico de familia, es un privilegio".
Desde la consulta de Atención Primaria se puede valorar la situación de la persona, tanto personal como social, y realizar una primera intervención. "En ocasiones detectamos cambios en la conducta, en sus hábitos, sensación de desesperanza... Ahí es cuando tenemos que actuar, sin esperar a que nos consulte por un sufrimiento significativo".
Al igual que los otros expertos consultados, Vielba subraya la importancia de preguntar explícitamente, "igual de forma más abierta al principio, pero abres un espacio seguro donde la persona pueda desahogarse y acompañarla".
Aunque no se trate de un riesgo inmediato. Como indica Miguel Guerrero, coordinador del Programa Andaluz de Prevención del Suicidio, "prevenir no es predecir, ni consiste únicamente en evaluar riesgo, diagnosticar y derivar. Es una responsabilidad compartida entre el sistema sanitario, los servicios sociales, la educación, las familias, los medios, las instituciones y la propia comunidad".
Hacen falta, en su opinión, no sólo "buenos profesionales y recursos", sino también "comunidades capaces de acompañar el sufrimiento y entornos que protejan".
Y es que, apunta, "prevenir el suicidio no consiste únicamente en evitar una muerte; consiste en construir las condiciones que permitan que una persona pueda seguir encontrando razones, vínculos y posibilidades para vivir".
Guerrero apunta que el plan de acción para la prevención del suicidio, aprobado el año pasado, ha sido un paso importante, pero más "en términos políticos e institucionales que en términos de transformación del modelo de prevención".
Se ha reconocido el suicidio como una prioridad de salud pública y se ha establecido un marco común, "pero ahora viene la parte verdaderamente difícil: conseguir que ese marco se traduzca en políticas sostenidas, recursos suficientes, coordinación entre Administraciones y actuaciones evaluables en los territorios".
Un plan, señala, "no previene por sí mismo; previene lo que somos capaces de hacer con él".
El teléfono 024, línea gratuita de atención a la conducta suicida, ofrece ayuda las 24 horas del día, los 365 días del año.
