"Desde el minuto cero". Julián Domínguez lleva en primera línea de la atención sanitaria de la crisis migratoria en Ceuta desde su mismo principio.
Y no sólo porque sea el jefe del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario de la ciudad autónoma, sino como voluntario de Cruz Roja que, una vez acabada la jornada laboral, acude a los puntos de atención de las ONG para coordinar esfuerzos y seguir atendiendo pacientes.
Casi un mes sin parar. "En la cooperación, no existen los sábados ni los domingos. ¿Acaso no enferma la gente en fin de semana?" Domínguez ha tenido que anular sus vacaciones en Lanzarote porque todas las manos son pocas para ayudar.
"Los primeros momentos fueron terribles, con muertos en la playa, un drama... Después, anímicamente ha sido aún peor la sensación de desesperanza, de abandono, miedo... La gente ve que su ciudad ha cambiado, su vida normal se ha modificado y está llena de desasosiego".
Su doble visión como responsable de servicio ("es como si estuviera viviendo la Covid pero multiplicado por dos") y médico voluntario le permite hacer un análisis de la situación a pie de cañón.
"Hay una sobrecarga en las urgencias, una alta carga asistencial en atención primaria; medicina interna tiene un aumento muy importante... La situación sigue igual, no ha cambiado, pero se va cronificando: van a ir apareciendo pacientes graves, que tienen tumores, que necesitan tratamientos antirretrovirales, con enfermedades crónicas... Mientras se va asentando un grupo de personas con todos sus problemas y sus necesidades".
Domínguez aprecia las visitas de la ministra de Sanidad, Mónica García, y del secretario de Estado, Javier Padilla, y la entrada de refuerzos, pero se lamenta: "No hay médicos en España. ¿De dónde los van a sacar, de la chistera?"
"Falta gente por alojar"
Lo importante ahora, apunta, es atender la sobrecarga asistencial de la urgencia "y, después, aquellos tratamientos crónicos que no se están haciendo y se pueden descompensar. Las enfermedades que ya venían y que hay que tratar".
Luego está el alojamiento. "Falta muchísima gente por alojar de forma digna". El Gobierno puso en marcha varios espacios con capacidad para acoger a 1.500 personas, pero las estimaciones (no oficiales) de migrantes que permanecen en Ceuta tras la entrada masiva del 30 y 31 de julio llegan a hablar de 10.000 individuos.
"Mientras no podamos alojar a la gente, hay riesgo de enfermedades gastroentéricas, infecciosas, dermatológicas de cualquier tipo..."
Cuando se le pregunta qué sería lo deseable para la ciudad autónoma, tuerce el gesto. "La gran mayoría de la población quiere que los inmigrantes se vayan. Hay personas que tienen recursos, dinero y capacidad suficiente para vivir. Lo otro es el alojamiento de las personas que lo necesitan de verdad".
En la heterogeneidad de personas que entraron a finales del mes pasado también "hay subsaharianos que pueden llevar años intentando pasar a Europa. Hace falta alojamiento adecuado, sí, pero también la devolución de las personas que, legalmente, no deberían estar aquí".
Hasta que la situación no vuelva a la normalidad, Domínguez seguirá acudiendo a su "consulta privada de por la tarde", bromea socarrón, cada día, sin saltarse un fin de semana.
Es consciente, con todo, que esto no ocurrirá pronto. El secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, ha indicado este martes, antes de finalizar su primera visita a Ceuta, que el ministerio va a ampliar el refuerzo sanitario en la ciudad al menos durante tres meses.
Si la situación hasta ahora ha requerido un manejo "hiperagudo", una vez finalizado este primer mes se pasa a un estado "subagudo", en palabras del secretario, cuyo horizonte se sitúa en finales de noviembre.
Esperando que la situación no se cronifique, Domínguez seguirá acudiendo a la playa de El Trampolín o a donde le necesiten cada día.
