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Las claves

Hace diez años que España vigila las infecciones por enfermedades tropicales o emergentes, pero ha sido tras la pandemia cuando estas han acabado por explotar.

Con más de 70 casos entre Andalucía occidental y Badajoz, incluyendo más de 20 hospitalizados y una muerte, 2026 va camino de ser el segundo peor año de la fiebre del Nilo, tras 2024.

La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo lleva ya contabilizadas cuatro infecciones (tres en Salamanca y una en Ciudad Real) y un fallecimiento.

Los casos de chikungunya se han triplicado respecto al año pasado (119 frente a 39, todos importados) y el goteo de infecciones de dengue (142 hasta finales de julio) no cesa.

"Los virus no conocen fronteras", resume Federico Arribas, portavoz de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE).

"Estas enfermedades estaban acantonadas en países tropicales y subtropicales hasta hace algunos años. El aumento de las temperaturas está favoreciendo que ciertos vectores —mosquitos y garrapatas, básicamente— puedan transmitirlas en nuestro territorio".

En 2016, la Organización Mundial de la Salud declaró la emergencia sanitaria internacional por un brote de zika en América Latina.

Los fuertes lazos que guarda España con la región nos puso sobre aviso. Además, nuestro país acababa de reorganizar el sistema de vigilancia epidemiológica, incluyendo, por primera vez, las arbovirosis (virus transmitidos por artrópodos).

Fue un punto de inflexión. En aquel entonces ya se estaban aglutinando los elementos que favorecían la llegada de estos virus: el aumento de temperaturas producto del cambio climático, el cada vez más intenso comercio internacional y el turismo masivo.

Vectores

"Para la fiebre del Nilo, el vector es el mosquito vulgar", explica Arribas. "Sin embargo, ha sido la llegada de mosquitos de zonas donde es más prevalente, por ejemplo, con el transporte de neumáticos, que ha propiciado la aparición de casos".

El reservorio de este virus son las aves silvestres. La fuerte presencia en Andalucía de humedales, lugares donde se juntan decenas de especies de paso, y la alta densidad de mosquitos (que se reproducen en aguas estancadas) ha hecho de esta zona el cóctel ideal.

Aunque el primer caso se registró en 2010, no fue hasta 2020 cuando dejaron de ser esporádicos para verse con cierta frecuencia.

El número de infecciones reportadas en 2023 (20), 2024 (159) y 2025 (45, con cinco fallecidos) ya indican que es un problema que ha llegado para quedarse.

En el caso de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, el reservorio es el ganado que pasta en el campo, donde es picado por las garrapatas transmisoras de la enfermedad. "Si vas por el campo con brazos y piernas desnudos, tienes que saber que están medio colgando en las ramas y, cuando pasas, se pueden quedar agarradas". Por eso se recomienda la manga larga.

Desde 2020 se reportan casos todos los años, con un máximo de cuatro en 2024 y en 2026. Parecen pocos pero el problema es que la letalidad de esta enfermedad es muy alta, hasta del 40%.

"Tienes un cuadro gripal salvaje que empieza de súbito, y entre el día 6 y el 9 comienza el cuadro hemorrágico, pudiendo llegar al fallo multiorgánico. Los que sobreviven, pueden tener problemas crónicos".

El chikungunya ha visto ascender en número de casos desde 2023 y el año pasado se confirmaron 279, si bien ninguno era autóctono.

El auge del turismo masivo tras la pandemia —España ha quintuplicado el número de visitantes en unos pocos años— ha favorecido este aumento de casos. La cada vez mayor presencia de su vector, el mosquito tigre (Aedes albopictus) crea el caldo de cultivo perfecto para la expansión en nuestro país.

"El mosquito tigre estaba limitado a la costa del Mediterráneo pero ha llegado ya a casi todo el país. Si continúan subiendo las temperaturas, seguimos viajando y continúa el comercio internacional, estamos jugando una ruleta con cada vez más papeletas", apunta el epidemiólogo.

Es lo que ha pasado con el hantavirus. "Cada vez nos metemos más en selvas, en nichos ecológicos donde los virus antes no contactaban con nosotros y ahora sí lo hacen. Por eso hay que conocer bien la situación epidemiológica de los países a los que viajamos, igual que nos informamos de su cultura".

Dengue y zika son otros de los recurrentes en nuestro país (más el primero que el segundo), con casos autóctonos en el primero, si bien controlados.

Para Arribas, que estas enfermedades tropicales vayan a más es cuestión de tiempo, aunque matiza que "las arbovirosis pueden ser relevantes pero el impacto es más progresivo que el de los virus respiratorios, menos explosivo", por lo que estamos a tiempo para seguir vigilando su impacto y prevenir males mayores.

Con todo, "si siguen aumentando las temperaturas tendremos un gran reto, es importante controlar las poblaciones de vectores y, sobre todo, tener sentido común cuando viajamos".