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Las claves

La nueva cepa del ébola conocida como Bundibugyo ha convertido la nueva epidemia de la República Democrática del Congo en la más letal hasta el momento. Desde que se decretó la emergencia sanitaria hace tres meses, alrededor de 2.500 personas han muerto y se han confirmado más de 5.200 contagios.

Miriam, enfermera española presente en la zona cero (Ituri-Congo) de la epidemia que preocupa al mundo cuenta a este diario que lo más duro es la gran mortalidad infantil y su rápida expansión con respecto a otras cepas.

Lleva más de 21 años trabajando con Médicos Sin Fronteras (MSF). Ha estado presente en los brotes de ébola en Guinea (2014) y los del Congo (2014, 2018 y 2022) y, ahora, en este. De ahí la gravedad de su diagnóstico sobre el brote actual: asegura que lo que más preocupa es que todavía no existe una vacuna o tratamiento para frenar su propagación.

"Lo más duro es cuando llega un niño o una niña pequeña con los síntomas ya muy avanzados y no puedes hacer nada por él/ella. El ébola es una enfermedad muy cruel porque aparte de todos los síntomas conocidos, también hay hemorragias, dolores de cabeza y musculares. También, les genera mucha ansiedad y mucho miedo. Son personas que están totalmente traumatizadas porque han visto morir a gran parte de sus familiares", cuenta.

En una entrevista con este diario advierte de que las cifras de contagios se mantienen en niveles preocupantes, afectando tanto a la población civil como, especialmente, al personal sanitario. En concreto, "el 25% de los casos de ébola son de personal que están en primera línea, es decir, médicos y enfermeras", asegura la especialista.

Y, entre esos casos, "ha habido bastantes fallecimientos. De hecho, lamentablemente, murió la semana pasada un enfermero del equipo que estaba trabajando aquí con nosotros".

"Las medidas de prevención en los centros de salud son deficitarias. En general, el Sistema Nacional de Salud (SNS) del Congo está muy debilitado. Y es difícil seguir todas las medidas de seguridad en los centros tanto públicos como privados porque el personal ya está infectado", relata.

Miriam en el brote de ébola en Kivu Norte (Congo) en agosto de 2018 Fotografía cedida a E.E

Miriam denuncia que lo más grave es que hay muchas cadenas de transmisión ocultas a causa de muertes comunitarias que no se detectan a tiempo. "Es decir, hay miles de positivos de los que aún no tenemos constancia".

Muchas personas están muriendo en sus hogares o comunidades sin recibir atención médica, mientras el virus continúa propagándose antes de que se detecten los casos.

Propagación

La enfermera pediátrica alerta de que el riesgo de propagación a nivel nacional es bastante alto.

"Hay muchos movimientos de población que huye tanto de la violencia porque estamos ubicados en una zona bastante peligrosa como de la epidemia. En esta zona, los centros de salud han cerrado y las personas se están desplazando a lugares donde puedan recibir asistencia sanitaria y no hay apenas casos detectados", asegura.

En la actualidad, hay cinco regiones afectadas. El foco está muy localizado en el oeste del Congo. El riesgo de expansión es especialmente elevado en países colindantes como Sudán del Sur o Kenia, dada su proximidad geográfica y el constante flujo fronterizo.

"A nivel intercontinental el riesgo es muy bajo porque se han puesto en marcha medidas de cuarentena estrictas para todas las personas que han estado en estas zonas", afirma.

Más apoyo

Mientras tanto, los positivos siguen creciendo como la espuma. Desde la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) han denunciado que las comunidades del Congo no están recibiendo el apoyo suficiente para contener dicho brote.

"La epidemia continúa propagándose y el ritmo al que avanza es superior al de la capacidad de respuesta desplegada", señaló el presidente internacional de MSF, Javid Abdelmoneim, el pasado viernes.

Abdelmoneim añadió que "los centros de tratamiento siguen siendo esenciales para salvar vidas, pero esta respuesta necesita algo más que camas adicionales".

En este sentido, manifestó que se requiere "una mejor detección de los casos, aislamiento seguro de las personas enfermas y sus contactos, y apoyo para los trabajadores sanitarios".

"También es necesario proteger frente a la infección a las personas que acuden a los centros de salud existentes para recibir atención. La respuesta debe construirse con las comunidades, no en torno a ellas".

Al igual que afirma la enfermera a este diario, MSF precisa que el 60% de las muertes por enfermedad se han producido fuera de los centros de tratamiento "y, a menudo, lejos de ellos".

Vacunas

Por ahora, no hay un medicamento específico ni vacuna para esta nueva cepa.

"De las 17 epidemias del Congo que hemos tenido en todas ellas contábamos con una vacuna que se desarrolló en 2015 y esta es específica para la variante Zaire. Igualmente, sí que estamos observando que parece que las personas que están vacunadas con ella presentan menos riesgo de mortalidad", precisa la enfermera española.

Pero, ante la evolución de los casos hay dos vacunas en desarrollo. Una de ellas se está desarrollando por la farmacéutica estadounidense Moderna que ya ha comenzado su primer ensayo clínico en humanos.

Aparte de esta hay otra candidata también avanzada. Esta vacuna, desarrollada por la Universidad de Oxford y el Serum Institute of India, inició el 24 de julio un ensayo de fase I en el Reino Unido. Se está estudiando la seguridad y la respuesta inmune en cincuenta personas sanas de 18 a 55 años.

En cualquier caso, la fabricación de la vacuna ya ha comenzado ya que el Serum Institute of India ya ha producido y almacenado unas 620.000 dosis para un potencial uso en el futuro.