Los sanitarios que están enfrentándose al colapso de la sanidad ceutí denuncian que ya son 20 los casos de sarna identificados en los migrantes que permanecen en la ciudad autónoma, así como 30 entre los militares allí destinados.
Pero la realidad es que la sarna forma parte del día a día en España. Lejos de ser una enfermedad del pasado, su incidencia se ha multiplicado casi por 50 en poco más de una década, especialmente tras la pandemia.
También ha cambiado el perfil de personas afectadas. Antes se asociaba más a población institucionalizada y de bajos recursos, pero un estudio reciente advierte de que la población general ya es susceptible.
La sarna es una enfermedad contagiosa de la piel producida por el ácaro Sarcoptes scabiei y causa picor e ictericia persistente. Muchas veces, este picor dificulta enormemente el sueño de la persona que lo sufre.
Se transmite por el contacto con la piel de una persona infectada, pero también por compartir objetos como la ropa, las toallas o sábanas. De ahí que existan brotes en residencias o prisiones.
El problema es cuando ocurren infecciones bacterianas secundarias, que pueden llevar a complicaciones graves como la sepsis, necrosis de tejidos blandos, daño renal y, en algunos casos, la muerte.
Pese a su importancia a nivel de salud pública, la sarna no es de declaración obligatoria (solo se declaran los brotes), por lo que hace difícil seguir su evolución.
El trabajo, liderado por investigadores del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III, ha cruzado bases de datos de atención primaria y hospitalaria, enfermedades ocupacionales, seguimiento de brotes, etc.
Publicado en la revista de epidemiología europea Eurosurveillance, observó que las consultas por sarna en atención primaria pasaron de 130,9 por millón de habitantes en 2011 a 6.307,3 en 2023. Es decir, casi 50 veces más.
De 15 a 24 años, las edades más afectadas
El incremento constatado en primaria coincide con un aumento de las prescripciones de antiparasitarios, que pasaron de 0,4 dosis diarias en 2017 a 3,8 en 2023.
La franja de edad más afectada era la de 15 a 24 años, que tiene la mayor tasa de incidencia y el mayor ritmo de crecimiento, con una media del 40%.
En cambio, los ingresos por sarna (como problema primario o secundario) los lideraron los mayores de 65 años, que pueden acarrear más complicaciones por tener enfermedades crónicas y estar polimedicados.
Geográficamente, los archipiélagos canario y balear, así como las comunidades de Asturias y Cataluña, registran una mayoría de casos. En cambio, Melilla y Ceuta tuvieron las mayores tasas de ingresos (52 y 44 por millón, respectivamente).
Donde más han crecido los brotes ha sido en las residencias, pasando de 13 a 130 solo entre 2020 y 2023, si bien el pico máximo fue de 100 en 2018.
No obstante, los brotes en hogares han sido la mayoría, suponiendo el 40% del total. Curiosamente, en el periodo estudiado solo ocurrieron dos brotes en barracones militares, pero fueron los que más casos registraron, con una media de 57 por brote.
El análisis sociodemográfico revela que el 80% de las personas que acudían a la primaria por sarna tenían niveles de renta inferiores a los 18.000 euros anuales y solo el 31% era económicamente activo, si bien el porcentaje era del 24% al inicio del estudio y del 34% al final.
También se redujo, entre 2020 y 2023, el número de personas que se encontraban en situación de desempleo, hasta la mitad.
Diagnóstico ocupacional
Curiosamente, el dato que se ha mantenido con cierta estabilidad a lo largo del tiempo es el del origen: el 82% de los individuos con esta información habían nacido en España, por el 18% que lo hizo fuera.
Otro de los grandes cambios en este tiempo ha sido el de la sarna como enfermedad ocupacional. Si antes se daba en personal de catering, comerciales o servicios de seguridad, ahora es mayoritariamente personal sanitario: el 59% de los casos son de auxiliares de enfermería.
Del total de diagnósticos ocupacionales, además, el 81% es en mujeres.
"Es un ácaro que prolifera cuando hay colectivos que tienen una vivencia muy estrecha, comparten servicios, zonas comunes, esa ropa de casa como toallas y sábanas, etc.", indica Paloma Repila, portavoz del sindicato de enfermería Satse.
"Cuando hay una mala gestión de la limpieza, se producen los brotes. En residencias, además, los afectados suelen sobreinfectarse y ser un grave problema", añade.
Repila explica que los escasos recursos materiales, humanos y profesionales de estos centros los hacen especialmente susceptibles a brotes.
"En los hospitales se acota muy rápido la situación. Las lavanderías lavan a temperaturas de 60 grados, pero en las residencias no se hace".
En el caso de los profesionales, suele darse la baja y "en unos 15 días estás recuperado. No es lo mismo en un anciano o un dependiente, polimedicados, con patología de base... Su estado de salud no es el más boyante, los profesionales tenemos suerte", continúa.
El aumento de la sarna en nuestro país ha venido acompañado por un incremento de casos en toda Europa. La gran pregunta es, ¿por qué? Y la respuesta no está muy clara.
Un factor importante es el turismo. Desde el fin de la pandemia, en España se ha multiplicado por cinco. El movimiento de personas y el alojamiento (muchas veces compartido) puede haber jugado un papel.
El problema de la vivienda
Por otro lado, se ha detectado resistencia a los tratamientos clásicos, la perimetrina y la ivermectina, que implicaría que las personas tratadas pueden haber seguido transmitiendo el ácaro.
Los autores del trabajo señalan, además, que hay una carencia de estandarización en los test diagnósticos y, por tanto, los síntomas pueden solaparse con otras condiciones dermatológicas.
Quizá lo más crucial, con todo, es el cambio social en la propiedad de los hogares. Entre los menores de 35 años hay una proporción cada vez mayor que no puede permitirse una vivienda completa y tiene que compartirla "por periodos más largos", indica el trabajo.
Esto explicaría por qué donde más brotes se producen son los hogares.
