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Las claves

"La orden no habla de autismo en ningún momento pero en la rueda de prensa no dejaron de hacerlo".

Jaime Pérez se refiere al decreto firmado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ordena separar los componentes de la vacuna triple vírica, que combina antígenos frente al sarampión, las paperas y la rubeola.

"Hay muchísimas pruebas de que la relación entre esta vacuna y el autismo es falsa, pero estas decisiones no están basadas en la ciencia sino en ocurrencias".

Porque la vacuna triple vírica ha sido uno de los grandes éxitos de la salud pública a nivel mundial. Tanto, que desde que se desarrolló a principios de los años 70 hasta el día de hoy apenas ha cambiado.

Pérez, que es médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y presidente de la Asociación Española de Vacunología, lo resume así: "Es buena, bonita y barata".

A lo largo de los años 60 se desarrollaron vacunas para las tres enfermedades, causadas por sendos virus.

Ya en la siguiente década, Maurice Hilleman, un vacunólogo empleado de la farmacéutica Merck que había desarrollado previamente una inmunización frente a las paperas, combinó las tres vacunas monovalentes en una sola, que fue autorizada en 1971.

Alta eficacia

A España llegaría 10 años después y, hasta el día de hoy, permanece sin apenas cambios. Se basa en virus atenuados, una tecnología ampliamente superada (luego llegarían los virus inactivados, las proteínas recombinantes y el ARN mensajero) pero que sigue siendo imbatible en este caso.

Con dos dosis, la vacuna tiene un 97% de eficacia frente al sarampión, un 99% frente a la rubeola y un 88% para las paperas.

"Además, ha demostrado una alta seguridad a lo largo de las décadas", señala Pérez. Con una salvedad: en las personas inmunodeprimidas, al estar basada en virus atenuados, "no se puede utilizar, pero estas se protegen vacunando al resto".

Un estudio reciente publicado en The Lancet concluía que las vacunas han salvado 154 millones de vidas en el último medio siglo. Sólo la del sarampión salvó 94 millones, el 60% del total.

La seguridad y eficacia de la inyección, unida a su bajo precio, deja poco espacio para la mejora y se limita la posibilidad de competencia.

En España sólo hay dos empresas que la comercializan: Merck (ahora conocida como MSD) y la británica GSK.

La orden ejecutiva firmada por Donald Trump a inicios de esta semana conmina a separar las vacunas combinadas en varias dosis. Además de la triple vírica, existe la triple bacteriana (difteria, tétanos y tosferina). Pero la orden indica que se debe empezar con la triple vírica.

Esta vacuna lleva siendo el centro del odio de las personas antivacunas desde finales de los años 90, cuando un médico inglés llamado Andrew Wakefield publicó un estudio que asociaba su uso con un aumento del autismo.

El problema es que Wakefield había manipulado las cifras para llegar a esa conclusión. También había ocultado que recibía dinero de bufetes de abogados que representaban a personas que habían denunciado a los fabricantes de la vacuna.

A mediados de la primera década de los 2000 se destapó la farsa y en 2010 el artículo fue retractado. A Wakefield se le retiró la licencia para practicar medicina en Reino Unido y los coautores del trabajo lo rechazaron alegando que no conocían esa manipulación.

Una evidencia aplastante

Por otro lado, la evidencia acumulada que desmonta la relación entre la vacuna triple vírica y el autismo es enorme. Un estudio en Dinamarca siguió a más de 650.000 niños nacidos entre 1999 y 2010 y no halló asociación alguna.

En 2020, una revisión de 138 estudios que reunían los datos de más de 23 millones de niños de todo el mundo llegó a la misma conclusión.

En contraste, el estudio de Wakefield sólo se refería a 12 niños.

Sin embargo, "la sospecha sobre los efectos de la vacuna ha quedado en el inconsciente colectivo", apunta a EL ESPAÑOL-Invertia una fuente de la industria de las vacunas.

Esta fuente explica que, en la actualidad, ni en EEUU ni en España ni en la mayoría de países de altos ingresos existen vacunas monovalentes dirigidas al sarampión, las paperas o la rubeola.

Sólo hay un caso: Japón retiró la vacuna triple vírica en 1993 por un problema en la cepa de paperas de un fabricante local y daba los antígenos por separado. Ha sido este marzo cuando ha 'recuperado' la triple vírica.

Curiosamente, la retirada de la vacuna (y la consiguiente caída en las coberturas que hubo después) no tuvo ningún efecto en la incidencia del autismo.

En opinión del experto en vacunas de la industria, pasar de una trivalente a una vacuna monovalente no supondría un problema en la fase de desarrollo vacunal, pues se pueden utilizar los datos de ensayos clínicos ya realizados para pedir su autorización, sino que sería, más bien, un problema de producción.

"Multiplicas la necesidad de recursos. Las vacunas se producen por separado y luego se combinan, pero ahora tendrías que producir por triplicado. Además, la logística sería mucho más compleja".

Pese al sinsentido que supone hacerlo, considera que algún fabricante puede acabar acatando el mandato y comenzar a producir vacunas monovalentes.

"Y ahí está la trampa. En lugar de dos pinchazos, tendrás que dar seis, y eso va a generar mucha más reticencia a vacunarse. Creo que la intención es que la gente optará por poner a sus hijos un par de vacunas y dejar de lado la del sarampión".

Comparte su opinión Jaime Pérez, el presidente de la AEV. "Es evidente que va a haber repercusión y va a sembrarse la desconfianza. Está demostrado que la combinación mejora la cobertura vacunal. Al separarlas, va a ser más difícil acceder a ellas para algunas personas, especialmente las que tengan más dificultades sociales: no es lo mismo pedir un día para llevar a tus hijos a vacunarse que tener que pedirse tres".