El Gobierno de Estados Unidos da un nuevo paso en su campaña de desconfianza hacia las vacunas conminando a dividir la triple vírica en tres inyecciones distintas que deben ser administradas en tres visitas médicas diferentes.
El problema es que, en la actualidad, no existen vacunas individuales para cada enfermedad.
La triple vírica —que combina en una sola inyección la inmunización frente al sarampión, las paperas y la rubeola— se desarrolló a principios de los años 70. A finales de los 90, un estudio asoció su uso a un aumento de casos de autismo, pero años después se comprobó que había falseado datos.
Además, su autor, Andrew Wakefield, había ocultado su relación con abogados que representaban a personas que habían denunciado a los fabricantes de estas vacunas, fue acusado de mala praxis y en 2010 se le retiró la licencia para practicar la medicina en Reino Unido.
La relación entre la vacuna triple vírica y el autismo ha sido desmentida por numerosos estudios en diversos países y que incluyen millones de casos, pero todavía es defendida por personajes como Robert F. Kennedy Jr., director del Departamento de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos y principal impulsor de la política antivacunas del segundo mandato de Donald Trump.
Esta política ha llegado a su punto más álgido este lunes. Trump ha firmado una orden ejecutiva en la que dividía las recomendaciones de vacunas para menores de edad (cosa que corresponde a los Centros para el Control de Enfermedades, la agencia de salud pública del país) en tres categorías distintas y establecía el desguace de la triple vírica.
La categoría de recomendadas para todos los niños ve reducida de 18 a 11 el número de enfermedades incluidas: sarampión, rubeola, paperas, difteria, tétanos, tosferina, polio, Haemophilus influenzae tipo B, neumococo, VPH y varicela.
Decisión compartida
Una segunda categoría, de recomendadas para ciertos grupos de riesgo, incluye los anticuerpos monoclonales para el virus respiratorio sincitial (que no son técnicamente vacunas), las hepatitis A y B, la enfermedad meningocócica causada por el serogrupo B y por los serogrupos ACWY, y el dengue.
Por último, la tercera y más polémica de las categorías es la que incluye las vacunas en la que debe haber una toma de decisiones compartida entre el médico prescriptor y los padres: hepatitis A y B, rotavirus, meningococo, gripe y Covid.
Sacando estas enfermedades de la recomendación, se teme que su vacunación quede fuera de la cobertura de las aseguradoras, si bien dos de ellas —Blue Cross Blue Shield y CVS— ya han señalado que, aunque están revisando el decreto, de momento seguirán cubriéndolas, ha informado la CNN.
La orden ejecutiva apunta que el Gobierno federal busca asegurar que los ciudadanos estadounidenses "están recibiendo el consejo médico apoyado en la mejor evidencia científica del mundo, así como protegiendo la libertad religiosa y la autoridad parental".
Respecto a la separación de la vacuna triple vírica en tres inyecciones distintas, la Casa Blanca reconoce que todavía no hay productos que satisfagan esta demanda pero que deberán ser administradas de esta forma "una vez que estos productos estén disponibles domésticamente".
Además, "en la medida de lo posible, todas las vacunas infantiles deben administrarse en consultas médicas separadas".
En la orden, no se incluye justificación alguna para esta decisión ni se señala por ningún lado la relación entre la triple vírica y el autismo. Durante la firma del documento, el presidente de EEUU ha comentado que "es un engorro" separar las inyecciones en distintas visitas pero "tendrá un gran impacto en el autismo".
Las palabras de Trump y las decisiones tomadas también reflejan los vaivenes de su administración con este tema. Cuando Kennedy asumió la cartera sanitaria, prometió aclarar la relación entre las vacunas y este trastorno.
Un año después, se anunció a bombo y platillo que habían llegado a grandes avances en el origen del autismo, pero en la presentación de estos resultados apenas se habló de vacunas y se responsabilizó al consumo de paracetamol durante el embarazo (otra relación desmentida en múltiples ocasiones).
Kennedy ha hablado en múltiples ocasiones de adyuvantes como el mercurio o el aluminio (que no están presentes en gran parte de las vacunas y, en las que lo están, se ha demostrado que una cantidad tan pequeña resulta inocua para el ser humano) pero en esta orden no se menciona nada de materiales.
En cambio, sí recoge, en espíritu, otro argumento negacionista: el de la 'sobrecarga inmunitaria', que señala que al recibir tres virus atenuados a la vez podría abrumar el sistema inmune del bebé.
Esto obvia que el sistema inmune lidia todos los días con multitud de patógenos, no incluidos en las vacunas.
La ministra española de Sanidad, Mónica García, ha acusado a Trump de anteponer su "ignorancia y dogmatismo" a la evidencia científica, afirmando que "el negacionismo científico mata" y recordando que el actual Ejecutivo estadounidense ha recortado los programas en los países en desarrollo para la prevención del VIH, la malaria y la tuberculosis, medidas que "se van a llevar miles de vidas por delante".
