El rápido avance de los fármacos contra la obesidad (inyectables y, ahora, con la irrupción de los orales) provocará el desplome del 30,3% del mercado de las cirugías bariátricas y los balones gástricos.
Las nuevas alternativas para perder peso arrinconarán al bisturí. O así lo avalan las previsiones. Su valor a escala mundial caerá pasando de los 49,1 millones de euros alcanzados en 2025 a los 34,2 millones de dólares en 2035, con un descenso anual del 3,54%, según estima GlobalData en un reciente análisis.
La Federación Internacional de Cirugía de la Obesidad y Trastornos Metabólicos (IFSO, por sus siglas en inglés) calcula que entre 2022 y 2025 en Europa y América Latina estas cirugías se redujeron entre un 15% y un 35%.
Por otro lado, en Estados Unidos -donde hay una fuerte implantación de los fármacos análogos de GLP-1- las cirugías bariátricas cayeron un 46% entre ese periodo.
En cambio, las recetas de semaglutida y tirzepatida pasaron de 4.600 a más de 1,4 millones.
La gastrectomía en manga (reduce el tamaño del estómago sin tocar el intestino) fue la que más disminuyó, seguida del bypass gástrico (cirugía que reduce el estómago y desvía el intestino para absorber menos calorías).
"Si bien el uso de bandas y balones gástricos parece estar disminuyendo por el auge de los fármacos contra la obesidad, los investigadores señalan que esta caída podría concentrarse en los pacientes más graves", indica Aidan Robertson, analista médico de GlobalData.
Robertson añade que se trata de las personas que se beneficiarían más de la cirugía. Sin embargo, optan por no operarse, a pesar de ser la opción más eficaz.
"Otros pacientes podrían estar utilizando estos fármacos como un puente hacia una futura intervención", continúa.
Aun así, asegura que todavía el 90% y el 95% de la obesidad severa permanece sin tratamiento.
"Se prevé que el continuo descenso del mercado se traduzca en un menor volumen de intervenciones quirúrgicas y, a su vez, en menores ventas, lo que podría provocar que los competidores más pequeños tengan dificultades para mantener su posición en el mercado debido a la disminución de los ingresos", añade Robertson.
No obstante, a largo plazo los fármacos no eliminarán la necesidad de cirugía bariátrica. Es cierto que están reconfigurando la demanda y actuando como sustituto para algunos pacientes, como complemento o puente para otros. Pero dejarán a los pacientes más graves y resistentes al tratamiento como la población quirúrgica principal.
Dado que un número significativo de pacientes puede interrumpir la terapia con GLP-1 en el plazo de un año y el peso tiende a recuperarse tras la interrupción del tratamiento, se prevé que una parte de los pacientes que actualmente reciben tratamiento farmacológico como primera opción vuelvan a las vías quirúrgicas con el tiempo.
"Por lo tanto, es posible que el descenso actual se revierta parcialmente o se estabilice, en lugar de continuar de forma lineal", asegura el análisis de GlobalData.
"A pesar de la disminución de procedimientos en los últimos años, el mercado sigue siendo muy prometedor a largo plazo. La obesidad es una pandemia que afecta a unos 2.100 millones de personas. Si bien los GLP-1 pueden ser beneficiosos para algunos pacientes, no pueden reemplazar por completo los procedimientos bariátricos. Es más probable que estos tratamientos provoquen una reestructuración del mercado de la obesidad, con algunos escenarios en los que ambos métodos se utilicen de forma conjunta", termina Robertson.
