El aumento del gasto farmacéutico en los últimos años es una tendencia imparable en los países de altos ingresos, pero aquí está la buena noticia: está impulsado por la prescripción de fármacos realmente novedosos, no por el mayor precio de estos.
Al menos esa es la conclusión a la que han llegado investigadores de la Universidad del Sur de California al analizar los datos de las dos primeras décadas de este siglo.
Tomaron 600 medicamentos basados en moléculas sencillas y pequeñas (dejaron fuera a los biológicos, que están basados en proteínas, moléculas mucho más grandes) aprobados entre 2000 y 2019 por la agencia reguladora de medicamentos de EEUU, la FDA.
Los dividieron en tres categorías, según su grado de innovación o novedad, aplicándola a tres dimensiones: su estructura molecular, su diana terapéutica y su capacidad para distribuirse y ser absorbido por el cuerpo.
Seguidamente, analizaron los datos de prescripciones y gasto farmacéutico del país en el mismo periodo de tiempo, tomando como referencia una base de datos sobre uso y gasto representativa a nivel federal.
Así, observaron que, si en la primera década del siglo el incremento del gasto estaba protagonizado por productos que solo aportaban ciertas mejoras en rendimiento frente a lo existente (novedad baja y media), a partir de 2013 la tendencia cambió con un fuerte incremento del gasto impulsado por moléculas altamente innovadoras.
Por ejemplo, los fármacos que se dirigían a dianas terapéuticas nuevas vieron cuadruplicar sus ingresos en solo seis años, hasta 2019, pasando de 400 millones de dólares (347 millones de euros) a 1.600 millones (1.388 millones de euros).
En ese mismo periodo de tiempo, aquellos que presentaban formas novedosas de distribución y asimilación en el cuerpo crecieron más del doble.
La sorpresa fue que, al analizar número de recetas y precio, observaron que el crecimiento del gasto venía impulsado por un mayor número de prescripciones, no por un precio sustancialmente mayor que el de los medicamentos con un grado de innovación bajo o medio.
Premiar la innovación
¿Y por qué a partir de 2013? Los autores sostienen que, aunque el aumento en el gasto en fármacos altamente innovadores viene de antes, fue el momento de expansión de políticas de exclusión de ciertos medicamentos en los planes de gestión farmacéutica, lo que puede haber reducido el uso de fármacos con alternativas cercanas y aumentado la búsqueda de la novedad farmacológica.
Darius Lakdawalla, jefe científico del Centro Schaeffer para las Políticas y la Economía de la Salud de la Universidad del Sur de California y uno de los autores del texto, ha señalado en declaraciones a su universidad que "las fuerzas del mercado y las políticas gubernamentales parecen estar evolucionando en formas que premian mejor la innovación farmacéutica".
"A medida que los legisladores continúen escrutando el gasto farmacéutico, nuestros hallazgos sugieren que este gasto es cada vez mayor en tratamientos que es más probable que representen auténticos avances científicos".
El trabajo contribuye a arrojar algo de luz sobre un problema cada vez más acuciante en la sanidad de los países con altos ingresos: ¿está aportando beneficios en salud un gasto farmacéutico disparado?
Las innovaciones farmacológicas son cada vez más caras. Este estudio, publicado en la revista Health Affairs, apunta que el aumento del gasto se debe no tanto al precio como al incremento en las prescripciones, pero también deja fuera las moléculas grandes, que suelen ser las terapias con los precios más altos.
Varias investigaciones han mostrado que buena parte de los fármacos aprobados por procedimientos acelerados –que se suelen conceder a aquellos medicamentos altamente novedosos o que cubren necesidades médicas no cubiertas– no ofrece beneficio terapéutico destacable.
Un trabajo publicado en la revista JAMA en 2024 concluía que, de los 46 medicamentos contra el cáncer que fueron aprobados por la FDA de forma acelerada entre 2013 y 2017, solo el 43% mostraron un beneficio clínico tras más de cinco años de seguimiento.
Otra investigación, esta vez centrada en la Agencia Europea del Medicamento, concluía que el 41% de los medicamentos oncológicos aprobados entre 1995 y 2020 no habían mostrado beneficio clínico, pero la mayoría de los fármacos habían recuperado su inversión en I+D en tres o cuatro años.
Con todo, el trabajo también mostraba que aquellos medicamentos con mayor beneficio añadido generalmente obtenían mayores ingresos.
