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Las claves

En el mundo de los trasplantes, los grandes titulares se lo suelen llevar los avances en el órgano. Desde los xenotrasplantes (órganos de animales adaptados a los humanos) hasta la impresión en 3D, los 'recambios' planteados son cada vez más espectaculares.

Pero en todos estos avances, como en cualquier trasplante, hay un problema subyacente. El gran problema de los trasplantes: ¿Cómo lograr que un cuerpo acepte un órgano que no es el suyo?

"En la comunidad científica, el sueño es evitar el rechazo", explica a EL ESPAÑOL-Invertia Rafael Correa, director del Laboratorio de Inmuno-regulación del Hospital General Universitario Gregorio Marañón.

Él tiene la clave de este sueño, los linfocitos T reguladores. "Suponen un cambio de paradigma respecto a las terapias actuales, basadas en inmunosupresores".

Su centro ha ensayado su uso en diez niños trasplantados del corazón con menos de dos años, evitando el rechazo del órgano: ningún niño ha desarrollado anticuerpos específicos frente al corazón extraño incluso dos años después de la intervención.

Pero esta prueba de la viabilidad de la terapia con linfocitos T reguladores va más allá, y es la piedra de toque para un futuro en que las personas receptoras de un trasplante hagan vida normal, sin medicación inmunosupresora y los problemas que conlleva.

"Durante la infancia es cuando el sistema inmune tiene que madurar", cuenta Correa. "Si realizas el trasplante a los pocos meses de haber nacido y le das una terapia inmunosupresora para evitar el rechazo, le bajas todas las defensas. Cuando el sistema inmune debería madurar, su desarrollo se ve comprometido".

Aunque la mayoría de trasplantados toman medicación inmunosupresora, el problema es mayor cuanto más joven es el paciente.

"Al llegar a la edad adulta, el riñón y el hígado están ya muy dañados, es habitual que acaben en diálisis, por ejemplo".

La identificación de los linfocitos T reguladores marcó un antes y un después en el conocimiento del sistema inmune y les ha merecido a sus descubridores el Premio Nobel de Medicina de 2025.

Estas células son las encargadas de moderar la respuesta inflamatoria del cuerpo, indicando al sistema inmune cuándo hay que replegarse.

Rafael Correa.

"Si en el cáncer, por ejemplo, la moda es potenciar el sistema inmune para hacerlo más agresivo frente al tumor, en las enfermedades autoinmunes la idea es la contraria: buscar la forma de reducir su activación, de aumentar su tolerancia".

Su uso en trasplantes estaba cantado. Muchos grupos por todo el mundo están probando a extraerlos de la sangre, cultivarlos y reinfundirlos para moderar la respuesta inmunosupresora.

Pero en los niños, y más si tienen meses de vida, hay un problema: no puedes extraerles sangre en cantidad suficiente para obtener linfocitos para cultivar.

De ahí la importancia pionera del ensayo del Gregorio Marañón. En lugar de extraer los linfocitos de la sangre, lo hacen del timo, el órgano donde estas células maduran y que se atrofia con la edad.

"Para acceder al corazón, el cirujano tenía que extirpar el timo, porque está situado encima, y luego no se puede reimplantar".

En lugar de tirarlo, como se hacía antes, "lo hemos usado como fuente de células reguladoras: las aislamos, las cultivamos y en unos días las reinfundimos al propio paciente. Y así, podemos evitar el rechazo".

El fin de la inmunosupresión

El ensayo ha supuesto una piedra de toque de la terapia. Han mostrado la viabilidad y la seguridad de este procedimiento y, aunque los niños han seguido recibiendo tratamiento inmunosupresor, la idea es probar a retirarlo en un próximo ensayo.

"Una vez completado este ensayo clínico, lo siguiente que queremos hacer es, al superar la ventana de dos años, ir disminuyendo los fármacos inmunosupresores con una nueva dosis de sus propias células".

Es decir, el primer paso es reducir el riesgo de rechazo agudo, y el siguiente, modificar la medicación inmunosupresora.

Eso no es todo. En un futuro, la idea es usar el timo de los pequeños como fuente de linfocitos T reguladores para trasplantes adultos, ya que, al no estar maduros, no son rechazados por el sistema inmune ajeno.

Esto permitiría avances enormes en la aceptación de los xenotrasplantes, por ejemplo, pero también algo muy importante: reducir el coste de estas terapias.

"El problema de las terapias autólogas [extraer células del propio paciente para modificarlas y reintroducirlas] es que hay que hacer un proceso de manufactura específico para cada paciente, y el precio se dispara".

Por el precio de uno de esas terapias "podríamos tratar 100 pacientes con células estandarizadas. Pero es que, además, mejora el acceso: ya no haría falta hacerlo en hospitales con instalaciones adecuadas y equipos acreditados sino que podríamos crear dosis congeladas que se puedan descongelar e infundir en cualquier hospital".

Con el ensayo liderado por Correa (junto a las doctoras Manuela Camino y Nuria Gil, así como los especialistas de Cirugía Cardíaca Infantil del Gregorio Marañón), España da un paso pionero en la nueva era de los trasplantes.

Tal es la relevancia del estudio que ha despertado el interés de instituciones y sociedades nacionales e internacionales como la Universidad de Harvard, el Massachusetts General Hospital, la Sociedad Española de Trasplante y la Cardiología Pediátrica y Cardiopatías Congénitas.

"De hecho, nuestro estudio ya ha sido mencionado por alguno de los Premios Nobel", comenta orgulloso Correa.

Si España es líder en la donación, también está en la vanguardia de la técnica.