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Las claves

La segunda estancia de Donald Trump en la Casa Blanca está provocando un terremoto constante en el sector farmacéutico. A los aranceles y las bajadas de precios a los que Washington está forzando a las compañías hay que sumar sus ataques a las vacunas, en particular a las elaboradas con la tecnología del ARN mensajero (ARNm). Que se están traduciendo en un importante perjuicio económico para las compañías, claro.

Moderna ha sido la última compañía en sufrir las iras del trumpismo contra las vacunas. Concretamente, a través de la Food & Drugs Administration (FDA), que es el equivalente a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) en Estados Unidos y decide si fármacos y productos sanitarios cumplen los estándares necesarios para ser comercializados.

La FDA se ha negado a aceptar la solicitud de Moderna para comercializar su vacuna de ARNm para la gripe estacional. Lo ha hecho mediante una carta en la que alega la ausencia de un ensayo de fase III "adecuado y bien controlado". Además, el grupo de control del ensayo no estaría tratado con "el mejor estándar de atención disponible en Estados Unidos en el momento del estudio".

Sin embargo, según precisa Moderna en un comunicado, los detalles del ensayo clínico de mRNA-1010, que es como se denomina el antígeno, se habían compartido con la FDA. Y el órgano había dado luz verde a la prueba, que se desarrolló con 40.700 personas y usando como comparador otra vacuna antigripal llamada Fluarix.

Además, Moderna asegura que la misiva no recoge ninguna preocupación específica sobre la seguridad o la eficacia de la vacuna.

Sin embargo, la guerra de la Administración americana contra las vacunas de ARNm, que permitieron salvar millones de vidas durante la pandemia de Covid-19, viene de lejos.

Robert F. Kennedy J., secretario de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, ha puesto en duda su efectividad en varias ocasiones. Ha afirmado que, en realidad, no evitan las infecciones de las vías respiratorias superiores.

Por estas razones (no probadas), justificó la cancelación de unos 700 millones de dólares en fondos federales de la Casa Blanca para proyectos de investigación de vacunas de ARNm. Proyectos de Moderna, por cierto.

También el año pasado eliminó la recomendación de la vacuna de Covid de ARNm para mujeres embarazadas y niños sanos.

En cualquier caso, todo esto se veía venir. Antes de su nombramiento, en 2022, Kennedy llegó a decir que "la vacuna de Pfizer -también de ARNm- es la intervención médica más letal de la historia".

Además, la carta citada anteriormente está firmada por Vinay Prasard, director del Centro de Evaluación e Investigación Biológica de la FDA. Es decir, el principal evaluador de vacunas del ente. Y comparte las mismas tendencias que Kennedy respecto a los antígenos desarrollados con ARNm. De hecho, ha limitado el uso de estas vacunas en Covid.

Uno de los principales afectados por esta situación está siendo Moderna. La principal fuente de productos de la compañía es su plataforma de ARNm. De hecho, la biotecnológica ya trabaja en otras patologías además de las respiratorias, como el cáncer o las enfermedades raras.

Hablamos de una tecnología que permitió desarrollar las vacunas de Covid en tiempos nunca vistos hasta entonces y lograr abordar la crisis sanitaria que irrumpió hace seis años.

Sin embargo, todo parece indicar que la FDA ha decidido ponerle obstáculos a que prospere en el principal mercado farmacéutico del mundo, el de Estados Unidos. Y del que es muy difícil prescindir para cualquier compañía.

En cualquier caso, el terremoto no es sólo para Moderna o Pfizer, el otro gran productor de vacunas de ARNm. La guerra de Kennedy es contra todas las vacunas, independientemente de su origen.

Es más: en noviembre de 2025, obligó a eliminar el mensaje "las vacunas no causan autismo" de la página web de uno de los entes de referencia de salud pública en Estados Unidos, el Centro de Control de Enfermedades (CDC).

Lo cambió por expresiones como "la afirmación 'las vacunas no causan autismo' no está basada en evidencias porque los estudios no han descartado la posibilidad de que las vacunas infantiles causen autismo". También introdujo: "Las autoridades sanitarias han ignorado los estudios que respaldan este vínculo".

El empeño de Kennedy de vincular vacunas y autismo ha sido rechazado por la práctica totalidad de las figuras relacionadas con la investigación sanitaria. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) insistió en esta posición hace sólo unos meses: "Las vacunas no causan autismo", reiteraba.

Pablo Álvarez, director general de Moderna en España y con amplia experiencia en Estados Unidos, admitía en una entrevista con este periódico las dificultades por las que pasa el mercado vacunal al otro lado del Atlántico.

Contracorriente

"Es verdad que ahora mismo en Estados Unidos hay debates públicos sobre la validez de las vacunas. Yo reitero que las vacunas han demostrado ser una herramienta de salud pública inigualable, que invertir en vacunas es invertir en salud", indicaba.

"Estados Unidos es un mercado en el que hay que ir un poco a contracorriente y hay que seguir de manera responsable comunicando los beneficios y el impacto tanto social como sanitario que un uso responsable de las vacunas tiene", añadía.

Todo esto le está pasando factura a las compañías de vacunas. Por ejemplo, las ventas de Pfizer de su antígeno para el virus respiratorio sincitial (VRS) son mucho más aceleradas fuera de Estados Unidos que dentro del país.

Unas situaciones por las que también están pasando las ventas en Estados Unidos de gigantes de la vacunación como Sanofi y GSK.