El futuro de la economía europea no se juega solo en las fábricas o en los laboratorios, sino en los cables y antenas que sostienen el ecosistema digital.
Esta es una de las conclusiones del encuentro organizado por EL ESPAÑOL en colaboración con Telefónica, donde expertos del sector han alertado de una realidad incómoda: si Europa no facilita la consolidación de sus operadoras de telecomunicaciones para ganar escala, el tejido industrial más avanzado del continente terminará por emigrar.
La falta de rentabilidad del sector, derivada de un mercado hiperfragmentado, está frenando la modernización de unas redes de las que dependen sectores estratégicos.
Sin estas infraestructuras de última generación, industrias como la farmacéutica o la automoción buscarán refugio en geografías donde la conectividad sea más robusta, barata y avanzada.
Un sector fragmentado
La radiografía del sector muestra una Europa estancada en un modelo regulatorio de hace tres décadas.
Alejandra García Hoyos, abogada de Competencia de Telefónica, explica que la esencia del problema reside en el factor de producción: los clientes que pasan por las redes.
Consolidación, soberanía, estratégica y telecomunicaciones en Europa
"A día de hoy, el sector en Europa está fragmentado; hay más de 40 operadores de red y, por lo tanto, hay baja rentabilidad en tanto que no hay suficientes clientes que pasan por las redes", señala la directiva.
Esta situación contrasta drásticamente con otras regiones.
Augusto Baena, socio de TMT de Oliver Wyman España, aporta datos que ilustran esta brecha: "El operador típico de red en Europa tiene 5 millones de clientes. El operador típico de red en Estados Unidos tiene 100 y el operador típico de red en China tiene 500".
Para Baena, no hay alternativa a la consolidación porque las redes son "esencialmente costes fijos" y dependen de las economías de escala para ser sostenibles.
La consecuencia directa es la caída de la inversión.
Mientras en Europa se invierten unos 100 euros por habitante al año en redes, en Estados Unidos la cifra asciende a 180 euros y en Corea del Sur llega a los 500 euros.
Como apunta Baena, el riesgo no es solo para las telecos: "Es una cuestión existencial del tejido económico.
Si alguien inteligente de farma o automoción no tiene infraestructuras, dirá: 'No, mira, es que yo aquí no puedo trabajar, necesito irme a Estados Unidos'".
Bienestar del consumidor
Durante 30 años, la regulación europea se ha centrado exclusivamente en fomentar la competencia para bajar los precios. Sin embargo, los expertos coinciden en que esa "medicina" ya no funciona para el contexto actual de soberanía digital e innovación.
"Se ha utilizado un enfoque estático, viendo los mercados como un pastel que tiene que dividirse. Nosotros queremos que la Comisión analice los mercados como un pastel que puede crecer", defiende García Hoyos.
Desde Telefónica proponen recuperar un concepto de "bienestar del consumidor" más amplio, que no se limite al precio, sino que incluya la calidad, la innovación y la resiliencia de las redes.
En este sentido, Augusto Baena recuerda que la salud del sector es un habilitador social: "Las telecomunicaciones son un habilitador de modelos económicos, de bienestar social y de cierre de brecha digital. Afortunadamente, esas redes las pagan en su mayor parte accionistas privados, pero las tienen que pagar si a cambio reciben un retorno".
Soberanía estratégica: el riesgo de la dependencia
La crisis geopolítica actual ha puesto de relieve la vulnerabilidad de Europa. En ámbitos como la comunicación satelital o la inteligencia artificial, la dependencia de terceros países es casi absoluta. Según el socio de Oliver Wyman, "no puedes estar en una situación de vulnerabilidad absoluta donde tú no tengas ningún activo".
Alejandra García Hoyos subraya que el plan estratégico de Telefónica identifica áreas donde Europa aún mantiene soberanía, como el propio sector Telco y el software, pero advierte de que para liderar en áreas de futuro como la "cloud soberana y la ciberseguridad", es imprescindible ganar escala a través de la consolidación.
"Sin consolidación es muy difícil que la Comisión avance, pero tenemos una oportunidad porque ahora es el momento de revisar las directrices", afirma García Hoyos, aludiendo a los recientes mandatos de las instituciones europeas.
Fusiones nacionales
El debate sobre cómo debe producirse esta consolidación apunta, en una primera fase, a los mercados nacionales.
Para Augusto Baena, aunque el mercado único es el objetivo ideal, "hoy por hoy la mayor parte de las sinergias y de los beneficios dependen de la fusión nacional".
No obstante, aclara que no todo pasa por fusiones completas, sino también por acuerdos de compartición de redes, como el reciente anuncio entre Telefónica y Vodafone España.
"Al consumidor no le interesa que haya redes vacías. Esa ineficiencia no le beneficia en nada", recalca.
Por su parte, la abogada de Competencia Telefónica insiste en que la autoridad de competencia debe cambiar sus "remedios" cuando analiza una operación.
En lugar de obligar a las empresas a desinvertir (vender activos para crear un nuevo competidor artificial), se deberían imponer compromisos de inversión.
"Si tienes dudas sobre los incentivos de las compañías, oblígame a invertir, pero no me obligues a desinvertir espectro", sentencia el responsable de la consultora.
Coste de no consolidar
El mensaje final de los ponentes es de urgencia. El retraso en la toma de decisiones no solo afecta a los balances de las operadoras, sino que genera un "coste de oportunidad" para todo el continente.
Para García Hoyos, existe el riesgo de que el tejido productivo europeo "no sepa ni qué puede producir por no estar listo en materia de redes y aplicaciones".
Baena concluye con una advertencia sobre la normalización del servicio: "Damos por hecho que la red funciona en cualquier lado, pero eso tiene detrás una inversión brutal".
Si Europa no permite que sus empresas de telecomunicaciones tengan el tamaño necesario para competir globalmente, el continente corre el riesgo de convertirse en un museo tecnológico: ciudades hermosas con infraestructuras obsoletas que obligarán a sus industrias más brillantes a buscar futuro fuera de sus fronteras.
