Alba Almendros
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Las tensiones en Oriente Próximo han devuelto al petróleo al primer plano de las preocupaciones económicas. En otras épocas, fuertes subidas del crudo solían ir acompañadas de desaceleraciones e incluso recesiones.

Sin embargo, el escenario actual es distinto. A pesar de que los precios energéticos se han mantenido elevados durante más tiempo del esperado, la economía estadounidense sigue creciendo con solidez, Europa continúa avanzando y los mercados están mostrando una capacidad de resistencia notable.

Desde el punto de vista de la inversión, Mutuactivos considera que este entorno refuerza la importancia de mantener carteras diversificadas. Aunque persisten riesgos relacionados con la energía y la inflación, la economía global sigue ofreciendo señales de crecimiento.

En particular, Ignacio Dolz de Espejo, director de Soluciones de Inversión de Mutuactivos, advierte de que una cartera excesivamente concentrada en renta fija podría verse perjudicada si la actividad económica resulta más sólida de lo previsto y obliga a mantener los tipos de interés elevados durante más tiempo.

Por ello, defiende que las carteras con un horizonte de inversión adecuado sigan contando con una exposición razonable a renta variable.

“La clave para navegar este momento del ciclo es tener bolsa y activos reales. Si sólo invertimos en renta fija, la inflación y los tipos pueden limitar la rentabilidad de nuestra inversión. Hoy es fundamental tener un componente razonable de renta variable”, explica Dolz de Espejo.

Fortaleza económica

Para el experto de Mutuactivos, una de las claves está en el momento en que se produce este shock energético.

Según explica, no tiene el mismo efecto una perturbación de oferta cuando la economía atraviesa una fase expansiva que cuando se encuentra debilitada.

En el contexto actual, el encarecimiento del petróleo actúa como un freno que resta algo de crecimiento y añade presión inflacionista, pero no llega a detener la actividad porque existen otros motores que siguen impulsando la economía.

Entre ellos destaca el caso de EEUU, que mantiene un crecimiento cercano al 2,5%, apoyado tanto por el gasto público como por las fuertes inversiones vinculadas al desarrollo de la inteligencia artificial.

A ello se suma la buena evolución de los beneficios empresariales, un factor que contribuye a sostener el dinamismo económico incluso en un entorno marcado por la incertidumbre.

Otra diferencia relevante respecto a crisis energéticas anteriores es la velocidad con la que se transmite el impacto. El aumento del precio del petróleo no llega de forma instantánea a toda la economía. Primero afecta a las materias primas más expuestas, después a los costes de transporte y producción y, finalmente, acaba trasladándose a los precios que pagan empresas y consumidores.

Dolz de Espejo recuerda, además, que distintos estudios internacionales señalan que buena parte de los efectos económicos de estos episodios se perciben con varios meses de retraso. Por eso considera que los bancos centrales deben actuar con cautela para evitar endurecer la política monetaria más de lo necesario y terminar perjudicando la actividad económica.

Menos dependencia del petróleo

La mayor resiliencia de la economía mundial también tiene mucho que ver con los cambios estructurales de las últimas décadas. A diferencia de lo que ocurría en los años setenta, hoy se necesita considerablemente menos petróleo para generar la misma cantidad de riqueza.

Según los datos manejados por Mutuactivos, la intensidad petrolera de la economía global se ha reducido en torno a un 60% desde 1973. La mejora de la eficiencia energética, el desarrollo de fuentes alternativas, el creciente peso del sector servicios y el avance de la electrificación han reducido la dependencia directa entre el precio del crudo y el crecimiento económico.

China es uno de los ejemplos más claros de esta transformación. Aunque sigue siendo uno de los mayores importadores de petróleo del mundo, está acelerando su transición hacia un modelo más electrificado. Solo durante la primera mitad de 2026, más del 60% de los vehículos vendidos en el país fueron eléctricos.

Para Mutuactivos, el alcance de esta tendencia va más allá de la industria del automóvil. Como señala Dolz de Espejo, un vehículo eléctrico puede funcionar con electricidad generada a partir de múltiples fuentes, desde energía solar o eólica hasta hidráulica, nuclear, carbón o gas. Esa diversidad reduce la dependencia de puntos geográficos concretos y aporta una mayor estabilidad energética.

No obstante, la transición también abre nuevos frentes. El aumento de la demanda de minerales estratégicos como el litio o las tierras raras está creando nuevas dependencias geopolíticas, especialmente por la posición dominante de China en buena parte de estas cadenas de suministro.