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La deuda mundial no para de dar señales de alerta. El FMI acaba de lanzar un ultimátum a los gobiernos para reducirla, al tiempo que ha avisado de que si 'no se abrochan el cinturón' tendrán que hacer un ajuste "más doloroso".

Lo cierto es que en Europa hay Estados cuya deuda supera o se encuentra en torno al 100% de su PIB. Y entre ellos, también está España.

Bajo este contexto, hay otro problema añadido. Los gobiernos cada vez pagan más caro los préstamos que les dan los inversores porque el rendimiento de los bonos no para de subir.

Valor añadido

De hecho, el interés de los títulos de deuda ha tocado niveles que no se veían desde hace más de 20 años, motivados por las perspectivas de que los bancos centrales tengan que seguir subiendo los tipos de interés (o los mantengan alto durante más tiempo).

Estas expectativas tampoco son casualidad. Lo cierto es que las principales instituciones monetarias -como el Banco Central Europeo (BCE) o la Reserva Federal de EEUU (Fed)- ya han tenido que subir el precio del dinero para paliar el repunte de la inflación derivado de la guerra en Irán. Y en este sentido, tampoco hay señales que moderen las expectativas de que los precios al consumo vayan a seguir subiendo.

Sin embargo, el interés de los bonos no sólo repunta porque se espera que suba el precio del dinero. Los inversores también empiezan a tener miedo a que los Gobiernos no puedan pagar sus abultadas deudas.

Y esto hace que exijan más prima por prestarles su dinero, lo que se traduce en una subida de la rentabilidad de los títulos de deuda.

Este escenario ha creado un círculo vicioso. A los Estados cada vez les cuesta más caro generar deuda, por lo que esta también empieza a crecer exponencialmente.

Además, tener una deuda cara también tiene sus consecuencias para empresas y familias. Y también para las bolsas. En general, endeudarse es más caro porque hay que competir con las altas rentabilidades que dan los bonos.

Las empresas frenan su financiación y pausan sus inversiones. Las familias recortan en consumo porque tienen que dedicar más dinero a asumir préstamos. Las bolsas se inclinan por los números rojos porque tienen un competidor directo que da más dinero, los bonos. Y además las valoraciones se vuelven mucho más exigentes y no hay margen para resultados que no convencen.

Hay, además, otro efecto colateral de toda esta 'tormenta': la depreciación de la moneda común. Aunque en un principio la subida de los tipos debería sentarle bien al euro, las dudas por la deuda de los estados han mermado cualquier efecto positivo sobre la divisa europea.

El caso francés

De hecho, el euro se ha depreciado un 3% en los últimos dos meses. En el mismo tiempo, el interés del bono francés ha repuntado un 21%. Y esto no es casualidad.

La deuda pública francesa alcanzó el 119% del PIB en el segundo trimestre, unos 3,6 billones de euros. El Gobierno galo prevé que alcance el 121% en 2027.

Esto significa que el Estado debe más dinero del que toda la economía genera en un año entero. Y de aquí surgen las dudas sobre si el país puede entrar en bancarrota.

En este punto conviene recordar que cada vez que pide dinero prestado es mucho más caro porque el interés de los bonos sigue creciendo. De nuevo, la tormenta perfecta.

Papel del BCE

Bajo este contexto, el Banco Central Europeo está en una encrucijada. ¿Intervenir para salvar el país o respaldar la credibilidad del proyecto común?

Si no hace nada y deja que Francia impague su deuda llegado el caso, la confianza de los inversores sobre el euro y su proyecto caerá. Y el miedo se traducirá en un repunte de la rentabilidad de los bonos del resto de países de la Unión.

Si interviene y rebaja el coste de la deuda francesa comprando bonos del país galo, la confianza también se hunde, porque el BCE estaría premiando a un país que no ha hecho los suficientes esfuerzos por reducir su déficit. Y daría alas al resto para hacer lo mismo.

Por último, puede que Francia salga de esta situación y reduzca su déficit. Pero aquí hay factores que no dependen del país y que afectan directamente al coste de su deuda, como la inflación derivada de la guerra en Irán. Y mientras, el país tendría que abrocharse muy pero que muy bien el cinturón.

El caso es que, pase lo que pase, el camino empieza a ser muy peliagudo y mientras se anda, el proyecto euro se va deteriorando. Como dicen los analistas, “jugar a la ruleta rusa tiene un alto riesgo”. Y en este caso, la imprudencia del Estado francés la podemos pagar en toda Europa.