Tras muchos años de debates infructuosos, los ministros de Economía de los Veintisiete han acordado este viernes en Luxemburgo un paquete de medidas para avanzar hacia la integración de los mercados financieros de la UE y derribar las barreras que frenan los flujos transfronterizos de capital. El objetivo es movilizar el ahorro privado hacia las empresas innovadoras, financiar el crecimiento e impulsar la competitividad europea.
Sin embargo, el compromiso aprobado por el Ecofin desvirtúa uno de los pilares de la propuesta original de Bruselas: centralizar bajo la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA), con sede en París, la supervisión de las principales plataformas financieras y de todos los proveedores de criptoactivos.
Las excepciones introducidas por los Veintisiete dejan fuera a operadores clave como Deutsche Börse y Bolsas y Mercados Españoles (BME), que esquivan así el control directo de la autoridad europea.
La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, y, sobre todo, la comisaria de Servicios Financieros, Maria Luís Albuquerque, han sido muy críticas con el acuerdo del Ecofin. La portuguesa alerta de que puede provocar precisamente lo contrario de lo que se pretende: más fragmentación, más burocracia, más lentitud en la toma de decisiones y más conflictos entre los supervisores nacionales.
"Lamentamos profundamente que el compromiso que se encuentra ahora sobre la mesa se quede muy por debajo del nivel de ambición necesario para alcanzar los objetivos del paquete de integración y supervisión de los mercados", ha denunciado Alburquerque.
En primer lugar, el Ecofin ha endurecido los criterios para determinar qué entidades significativas deben pasar a estar bajo la supervisión directa de la ESMA en lugar de los supervisores nacionales. Frente a la propuesta de Bruselas, el acuerdo deja fuera del control de la autoridad con sede en París a cuatro grupos de plataformas de trading, tres cámaras de compensación y dos depositarios centrales de valores.
En el caso de los proveedores de servicios de criptoactivos, Bruselas propuso transferir a la ESMA la supervisión de todo el sector. El Ecofin, sin embargo, limita el control directo de la autoridad europea a los proveedores considerados entidades significativas para la economía de la UE, de modo que solo una parte del sector quedará bajo supervisión centralizada.
"Esta reducción de las ambiciones envía una señal equivocada. Desincentiva que los operadores alcancen una dimensión suficiente a escala europea y reduce los beneficios concretos que los participantes en el mercado y los inversores deberían obtener de un marco de supervisión más integrado", ha afirmado la comisaria de Servicios Financieros.
Albuquerque también cuestiona la gobernanza prevista en el compromiso. El texto permite solicitar un debate previo en el Consejo de Supervisores (donde están representados todos los Estados miembros) sobre decisiones que corresponden al Consejo Ejecutivo de la ESMA, además de reforzar el papel de supervisores nacionales.
"Diluir el papel de la ESMA para acomodarse a intereses nacionales estrechos no solo debilitaría la eficacia de la supervisión, sino que también entrañaría el riesgo de crear un marco costoso e inadecuado precisamente cuando más necesitamos una respuesta europea creíble", critica la comisaria de Servicios Financieros, que todavía confía en que la Eurocámara eleve el nivel de ambición durante la fase final de las negociaciones.
En contraste, el vicepresidente primero del Gobierno y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha celebrado el acuerdo del Ecofin, negociado previamente entre las seis grandes economías europeas (E6): Francia, Alemania, Italia, España, Polonia y Países Bajos.
"Nos habría gustado más ambición en algunos aspectos, pero entendemos la necesidad del compromiso, del acuerdo. Y entendemos también que es un paso importante y en la buena dirección", ha dicho Cuerpo. La solución de compromiso ha recibido incluso el respaldo de países que siempre se han opuesto a centralizar la supervisión de los mercados de capitales, como Irlanda y Luxemburgo.
La UE cuenta con más de 300 plataformas de negociación, 14 cámaras de compensación y 32 depositarios centrales de valores, siete de ellos gestionados directamente por bancos centrales u otras entidades públicas.
En Estados Unidos, en cambio, solo hay dos depositarios centrales y ocho cámaras de compensación, lo que permite obtener "resultados más eficientes", según Bruselas. Por ejemplo, la capitalización bursátil de las bolsas de la UE equivale al 73% del PIB, frente al 270% en Estados Unidos. En la última década, el número de salidas a bolsa en Estados Unidos ha sido más del triple que en la UE.
La Comisión Europea sostiene que uno de los principales obstáculos para avanzar en la integración de los mercados europeos de capitales es precisamente la falta de una supervisión centralizada. Por eso propuso esta reforma: para conseguir que el ahorro de los europeos se ponga al servicio de las empresas de la UE, algo que ahora no sucede.
Actualmente, los hogares europeos mantienen 10 billones de euros en depósitos bancarios. Además, una parte importante del ahorro europeo se invierte fuera del continente: cada año salen de la UE unos 300.000 millones de euros netos para financiar inversiones en el extranjero, principalmente en Estados Unidos.
