Cuando sube la rentabilidad de la deuda pública, solemos mirar al déficit, a la inflación o a la confianza en los gobiernos. Sin embargo, ese movimiento no termina en el mercado soberano. Acaba llegando a las empresas, encarece su financiación y pone a prueba inversiones que parecían viables con tipos más bajos.

Este artículo se detiene en ese efecto menos visible, porque puede convertirse en uno de los daños colaterales más importantes de la tensión que estamos viendo en los bonos de largo plazo.

El viernes tuvimos una nueva señal. La prima de riesgo francesa frente a Alemania superó los 100 puntos básicos por primera vez desde 2012. Que permanezca por encima o vuelva a bajar tiene una importancia relativa.

Lo significativo es que los inversores exigen una compensación creciente para financiar a gobiernos que encadenan gasto, déficit y deuda sin ofrecer siempre una vía convincente para estabilizarla.

La inflación explica una parte de esa presión, pero no toda. El BIS señala que las expectativas de inflación a largo plazo permanecieron relativamente estables durante el verano, mientras aumentó principalmente el componente real de la prima por plazo.

En el grado de inversión, una prima de solo 78 puntos básicos convivía con un rendimiento del 5,66%

El organismo menciona la incertidumbre fiscal entre las posibles causas, aunque reconoce que no puede aislar con precisión el peso de cada una.

Para una empresa, el coste de financiación depende del tipo base y de la prima asociada a su propio riesgo. Si sube el primero la factura aumenta aunque el segundo permanezca estable.

Entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026, el diferencial del high yield estadounidense bajó de 279 a 270 puntos básicos. Sin embargo, su rendimiento efectivo aumentó del 6,44% al 7,46%.

En el grado de inversión, una prima de solo 78 puntos básicos convivía con un rendimiento del 5,66%. El mercado de crédito todavía no grita crisis, pero financiarse ya es sensiblemente más caro.

La inteligencia artificial ofrece el ejemplo más visible. Amazon captó hace tan sólo unos días 4.250 millones de libras en su primera emisión en esa moneda. Sus bonos se colocaron con rendimientos comprendidos entre el 5,2% a tres años y el 6,7% a diecinueve, pese a pagar primas de solo 53 a 93 puntos básicos sobre la deuda británica. Incluso una compañía de gran calidad crediticia paga caro cuando el suelo soberano sube.

La OCDE calcula que la deuda corporativa mundial en bonos y préstamos sindicados alcanzaba 59,5 billones de dólares al cierre de 2025

Los grandes proveedores de nube habían emitido ya más de 200.000 millones de dólares de deuda en 2026, más del doble que durante todo 2025.

Oracle representa un caso todavía más exigente. La compañía mantiene un programa anual de inversión de entre 90.000 y 95.000 millones de dólares. En su primer trimestre invirtió cerca de 28.000 millones, generó un flujo de caja libre negativo de 5.000 millones y vendió acciones por 20.000 millones.

Pocos días después, 18.000 millones en préstamos vinculados a un centro de datos alquilado por Oracle cotizaban entre 89 y 91 centavos por dólar, después de que los bancos encontraran dificultades para distribuirlos. No estamos ante el estallido de una burbuja, pero sí ante una primera advertencia sobre los límites de la demanda.

Las grandes tecnológicas cuentan además con una ventaja excepcional ya que pueden utilizar su fortaleza crediticia para respaldar vehículos independientes que compran chips o construyen centros de datos.

Estos vehículos se endeudan apoyándose en garantías sobre alquileres o valores residuales. El proyecto no aparece íntegramente como deuda del grupo, aunque el riesgo económico no desaparece.

El periódico calcula que estas estructuras acumulan alrededor de 300.000 millones de dólares de exposición. Si el cliente deja de pagar o el activo pierde valor, una parte del riesgo puede regresar al garante.

Esa arquitectura no está al alcance de todos. Muchos antiguos campeones industriales han quedado empequeñecidos en bolsa frente a tecnológicas valoradas en varios billones de dólares, pero siguen necesitando invertir, competir y refinanciarse. Volkswagen acaba de reducir su previsión de margen operativo para 2026 a un máximo del 1%.

El proveedor ZF, calificado BB-, pagó 850 millones en intereses y costes de transacción en 2025. S&P espera que esa factura alcance 955 millones en 2026 debido a refinanciaciones más caras. Sus nuevas emisiones pagan cupones de entre el 5,5% y el 7,5%, mientras su inversión anual ha bajado de 2.252 a 1.779 millones.

La OCDE calcula que la deuda corporativa mundial en bonos y préstamos sindicados alcanzaba 59,5 billones de dólares al cierre de 2025. Entre 2026 y 2028 vence el 24% de la deuda de grado de inversión y el 31% de la especulativa.

Buena parte deberá sustituir cupones inferiores al 4% por financiación mucho más cara. Si los inversores cuestionan el precio de la deuda considerada más segura, todo el crédito acaba recalculándose. El riesgo que parecía estar fuera del balance nunca estuvo realmente fuera del sistema.