La semana pasada, Donald Trump afirmó que EEUU controla el estrecho de Ormuz e incluso propuso rebautizarlo con su propio nombre. Poco antes, dijo que «Irán es oficialmente una nación fallida

No tienen Armada, no tienen Fuerza Aérea, no tienen divisa, no pagan a sus soldados o policías, su inflación es del 300% y su cúpula está totalmente desmantelada y es incapaz de representar adecuadamente al país».

Y, en parte, tiene razón: Teherán atraviesa la peor crisis de los últimos 40 años. Sin poder exportar petróleo, los ingresos del Estado se desploman, la moneda se hunde, la inflación ronda el 70% y el PIB podría caer un 5,4% este año.

Aun así, el oro negro sigue subiendo. ¿Por qué?

Viendo cómo Irán sigue respondiendo a las ofensivas de EEUU, atacando esta semana ocho petroleros estadounidenses y otros dos buques en el golfo Pérsico, Washington podría haber subestimado el potencial militar de Teherán.

Si el petróleo sigue subiendo, ya no hablaríamos solo de una mayor presión inflacionaria que obligaría a los bancos centrales a subir tipos

También podría pesar el temor de que, si EEUU intensifica los ataques contra Irán, Teherán recurra a sus aliados en Yemen para bloquear Bab el-Mandeb, otro punto clave para el transporte mundial de petróleo.

Entonces, ¿hacia dónde vamos?

Con las elecciones de mitad de mandato en EEUU cada vez más cerca y Trump perdiendo apoyo, no es de descartar otro “TACO” del presidente.

Necesita al menos algún tipo de victoria geopolítica, de ahí que viéramos un nuevo intento de poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania.

Ahora, si el petróleo sigue subiendo, ya no hablaríamos solo de una mayor presión inflacionaria que obligaría a los bancos centrales a subir tipos, sino que, en última instancia, las economías podrían acabar en recesión.

Por ahora, los mercados no descuentan ese escenario y siguen apoyándose en resultados empresariales sólidos, pero, como ya vimos en otras crisis, la realidad acaba imponiéndose.

***Igor Kuchma es analista de Trading View.