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Las claves

Las señales de alerta no dan tregua en el mercado mundial de deuda. La rentabilidad de los bonos soberanos vive un rally que ya toca máximos de casi dos décadas y que lleva semanas avisando de la particular situación que atraviesa la renta fija.

El interés del bono del Tesoro de EEUU a 30 años ha subido casi un 10% en lo que va de año, aunque ni siquiera es el dato más llamativo. La rentabilidad del Long Bond estadounidense acumula seis semanas por encima del 5%.

El 30-year Treasury ha llegado a alcanzar un rendimiento del 5,3%. Es el nivel más alto para este tipo de deuda desde 2007, cuando llegó a rozar el 5,4% y sumó dos meses consecutivos por encima del 5%.

Este tipo de papel está a dos semanas de batir dicho récord. Pero no es la única referencia que preocupa a los inversores dentro del mercado de renta fija.

En el Viejo Continente las miradas están puestas en los bonos con vencimientos a algo más cortos, pero también dentro del largo plazo. En concreto, el papel a 10 años es el que copa el protagonismo en este mercado.

Referencias europeas

La rentabilidad del bono soberano alemán a 10 años ha repuntado hasta el 3,2%, máximos desde 2011, cuando llegó a tocar el 3,39%. El bund acumula seis semanas con un interés por encima del 3% tras subir un 13,7% en lo que va de año. La última gran racha por encima de esta referencia también fue en 2011, cuando superó dicho nivel durante casi cinco meses.

Aún más atrás en el calendario hay que viajar para ver niveles como los que sustenta en estos momentos la deuda soberana francesa. El interés del bono galo a 10 años ha alcanzado el 4,1%, un umbral que no veía desde 2008.

La rentabilidad de este tipo de papel lleva al alza desde junio. En lo que llevamos de 2026 ha repuntado un 15,3%.

En el plano nacional, la deuda española no escapa de esta tormenta. El interés del bono a 10 años en España se sitúa en el 3,7% tras subir un 12,49% en el año y alcanza máximos desde 2014.

Para entender por qué se mantiene este rally en la rentabilidad de la deuda fija hay que mirar hacia los tipos de interés. Y en este sentido, los plazos de vencimiento de los bonos de deuda son determinantes para comprender qué es lo que más presiona a cada una de las referencias.

De hecho, la subida sostenida del interés del bono estadounidense a 30 años contrasta con los vaivenes en las expectativas de que la Fed suba los tipos en su próxima reunión. Tras los últimos datos de empleo e inflación de EEUU, que perfilan una ralentización del mercado laboral estadounidense y una tregua en la subida de los precios, los pronósticos de una alza en las tasas en septiembre se han frenado.

Desde Renta 4 cifran en un 37% la probabilidad de que la Reserva Federal suba el precio del dinero tras el verano. ¿Y entonces por qué sigue subiendo la rentabilidad del bono estadounidense?

Como explica Antonio Castelo, analista de mercados de iBroker, a este diario, la Fed controla directamente los tipos muy a corto plazo y por ello "las expectativas sobre sus próximas decisiones tienen mucha influencia sobre los bonos de vencimientos cortos".

Por ello, al hablar del comportamiento de los bonos a más largo plazo entran en juego otras muchas más variables. Y en este caso la inflación es una de las que más preocupa a los inversores, pero no tanto por las consecuencias más inmediatas que pueda tener un repunte de la subida de los precios al consumo.

Castelo señala que el mercado cuestiona si "se está entrando en un mundo con tipos estructuralmente algo más altos que los de la década anterior", a lo que se añaden las dudas sobre en qué niveles se estabilizará la inflación a largo plazo.

Todo ello condiciona la denominada prima de plano, que, como explica el analista de iBroker, viene a ser "la compensación adicional que exige un inversor por inmovilizar su dinero durante muchos años y asumir la incertidumbre", a lo que en el territorio estadounidense hay que añadir el elevado déficit público, que implica unas importantes necesidades de financiación.

Esto implica que el estado tenga que emitir grandes cantidades de deuda, lo que aumenta la cantidad de bonos que el Tesoro estadounidense coloca y, a su vez, la exigencia de los inversores que tienen que asumir dicha oferta.

En cuanto a Europa, el cóctel que guía el interés de los bonos sí que está contemplando la presión de la política monetaria, por lo que la consecuencia de las expectativas de tipos altos durante más tiempo por parte del BCE se ha trasladado a los bonos con vencimientos más cortos, los 10 años.

La subida de su rentabilidad se justifica en las presiones inflacionarias derivadas de las nuevas alzas en los precios de la energía. La inflación en la eurozona repuntó hasta el 2,9% en julio según el dato preliminar de Eurostat, lo que añade aún más presión al Banco Central Europeo para volver a subir los tipos a la vuelta del verano o, al menos, para mantenerlos elevados durante un plazo más largo del previsto.

Consecuencias

Con todo, la caída generalizada de los bonos también tiene sus impactos. Javier Cabrera, analista de XTB, señala a EL ESPAÑOL-Invertia que el primero de ellos es "el aumento de los costes financieros de los Estados", que tienen que asumir un incremento del gasto en intereses y que golpea más a los que cuentan con déficits más altos.

Por otro lado, el analista expone que las empresas y los consumidores también notan la subida del interés de la deuda. "El incremento de los costes de financiación pueden perjudicar al consumo y a la inversión empresarial, porque hay empresas que dependen del endeudamiento para llevar a cabo planes más a largo plazo", expone Cabrera.