Apenas un mes después de su salida a bolsa, la compañía de Elon Musk ya ha borrado toda la subida inicial y roza de nuevo el precio de la OPV, los 135 dólares, pese a su entrada récord en el índice Nasdaq 100.
Si no fue por un deterioro general del mercado —desde el 12 de junio, el S&P 500 ha subido casi un 2%, mientras que SpaceX ha caído más de un 15%—, ¿qué espantó a los inversores?
En primer lugar, la compañía salió a bolsa con una valoración de 1,75 billones de dólares, con un PER cercano a 100 veces, frente a las 20–25 veces de Nvidia. Con la acción en torno a los 200 dólares, la valoración resultaba aún menos atractiva.
En segundo lugar, el aumento de la competencia también podría estar pesando. China, a través de CASC, probó con éxito un sistema experimental de recuperación de cohetes, lo que podría convertirse en una competencia directa para SpaceX.
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A esto se suma que en septiembre termina el período de bloqueo (lock-up) de cerca del 20% de los insiders, quienes podrían vender parte de sus participaciones.
También preocupa que Morgan Stanley prevé que SpaceX mantenga un flujo de caja negativo hasta 2035, con inversiones anuales estimadas de hasta 300.000 millones de dólares en 2031 antes de alcanzar un flujo de caja libre relevante.
De esta manera, las acciones de SpaceX parecen estar sufriendo por una combinación de valoración elevada, mayor competencia, posibles ventas de insiders y perspectivas inciertas.
Otro riesgo para SpaceX podría ser un empeoramiento del sentimiento en el sector tecnológico. Si las grandes tecnológicas decepcionan —como IBM, cuyos ingresos preliminares del segundo trimestre quedaron por debajo de las expectativas de Wall Street—, la presión podría extenderse a todo el sector, incluida SpaceX
***Igor Kuchma es analista de Trading View.
