Los tres primeros meses del año se han caracterizado por una fuerte caída de los mercados mundiales a consecuencia de la Covid-19. En España, el Ibex 35 se desplomó casi un 29%, frente al -23% del Euro Stoxx 600, el -18% del S&P 500 o el -17,60% del Nikkei. Ninguna bolsa se ha resistido a las fuertes caídas.

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Con ellas, y tras años de continuas subidas que habían llevado a las principales bolsas a máximos históricos, los fondos indexados, aquellos que, como su nombre indica, replican a los índices, han acompañado a los selectivos en sus descensos. Este hecho ha vuelto a poner el foco de atención en el debate entre gestión activa y gestión pasiva.

El avance de la gestión pasiva ha experimentado un rápido crecimiento en la última década. Según fuentes del sector, en términos de volumen de activos gestionados, ha crecido 4,7 veces más rápido que la gestión activa en los últimos 10 años a nivel mundial.

A cierre de 2019, su cuota de mercado era del 27%, frente al 10% de 2009, y aunque Europa todavía está lejos de las cifras que maneja EEUU, donde más del 50% de la inversión acumulada en reta variable se encuentra en ETF, muchas son las voces que esperan un gran crecimiento para los próximos años.

En España, en concreto, la gestión pasiva es todavía resulta simbólica con solo un 2% de volumen invertido. El motivo, según Jordi Mercader, consejero delegado del roboadvisor InbestMe, se encuentra detrás de los bancos y entidades tradicionales, que evitan esta gestión por suponer menos comisiones que la activa.

En la cesta de la gestión pasiva encontramos los fondos indexados, con una cuota del 52% del total de activos gestionados bajo esta modalidad, y los ETF que manejan el 48% restante. Ambas opciones se caracterizan por conllevar comisiones mucho más bajas que los fondos activos. Los fondos indexados, de media, suponen en un 0,15% y un 0,20% de costes, frente a la media entre el 1,5% y el 2% de los fondos activos.

Además de los costes, los defensores de la gestión pasiva tienen a su favor la rentabilidad. Según el informe SPIVA, que analiza como se comportan los fondos activos frente a su índice de referencia, en EEUU solo un 10% de los fondos activos lograron batir al S&P 500 en los últimos 15 años. En Europa, en los últimos 10 años, solo el 12% lo hizo mejor que sus índices representativos. Pero, ¿qué ocurre cuando los fondos deben enfrentarse a unos mercados en mínimos y con intensos descensos?

Incluso ante este paisaje, los partidarios de la gestión pasiva siguen defendiendo sus ventajas en el largo plazo. De hecho, Mercader afirma que las carteras se están comportando según lo previsto, con descensos importantes para las opciones más arriesgadas y moderadas en los perfiles de menos riesgo.

Y es que la renta fija ha actuado como soporte, destacando las rentabilidades producidas por los bonos europeos gubernamentales (+0,24%) y de los bonos corporativos de grado de inversión emitidos en euros (-3,80%). Además, con los ETF no solo se consigue replicar índices, sino también áreas geográficas, sectores, materias primas... con lo que permiten hacer una gestión activa de la gestión pasiva.

En el corto plazo, según el consejero delegado de InbestME, los fondos indexados están sujetos a los movimientos del mercado, pero a largo plazo se benefician generalmente de la alta diversificación en activos descorrelacionados que acostumbran a absorber una parte de la volatilidad y las caídas de los mercados bursátiles.

Es más Mercader asegura que la rentabilidad de sus carteras se sitúa entre un 3% y un 4% por encima de la rentabilidad de los fondos de inversión tradicionales en largos periodos de tiempo, incluyendo tanto momentos alcistas como bajistas.

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