El oro se las ha prometido muy felices en 2019 prácticamente desde el principio. Arrancó el año con claras intenciones alcistas que, luego, con el paso de los meses fue confirmando y que ha mantenido hasta el final. A su lado, el petróleo también ha subido con fuerza en un año que en su caso quedará grabado para siempre por la histórica salida a bolsa de la petrolera saudí Aramco

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Por partes. En el caso del oro, la onza al contado comenzó 2019 por debajo de los 1.300 dólares. A las primeras de cambio superó ya esta barrera; esperó hasta el verano para saltar de los 1.400 dólares; y en julio se embaló para romper primero los 1.500 dólares, algo que no ocurría desde 2013, y atraverse luego con los 1.550 a comienzos de septiembre. Aunque luego corrigió hasta los 1.450 dólares, en la recta final de 2019 ha vuelto a coger velocidad para recuperar los 1.500 dólares y anotarse una revalorización anual del 18%

Con esta subida ha reivindicado su condición de activo refugio, cuando esta venía siendo discutida por la irrupción de las criptodivisas. Lo ha demostrado en los momentos más tensos en la guerra comercial entre EEUU y China, en los meses de verano, en los que el oro aceleró su escalada.  

DE LA OPEP A ARAMCO

El otro oro, el negro, el petróleo, también ha sido protagonista del año que acaba. La tensión gepolítica, en particular en torno a Irán y el Estrecho de Ormuz, y los esfuerzos de la OPEP, reforzada por Rusia, para mantener a raya la producción y presionar al alza sobre los precios han calentado la cotización del crudo. 

El barril de petróleo Brent, de referencia en Europa, encara el final de 2019 en los 67 dólares, con una subida acumulada en el año del 26%. El barril WTI, de referencia en EEUU, lo hace en los 61,5 dólares, con un encarecimiento del 35% en el ejercicio. 

Pero 2019 también ha dejado otro hito para el recuerdo en el universo de las materias primas: la salida a bolsa de la mayor petrolera del mundo, la saudí Aramco

Solo ha sacado el parqué el 1,5% de su capital, pero ha sido suficiente para acaparar la atención de todo el mundo. Y por varios motivos. El primerio, que ha sido la mayor salida a bolsa de la historia, porque ha recaudado 23.000 millones de euros. El segundo, porque ha dado lugar a la mayor compañía cotizada del planeta, con una capitalización que ronda los 2 billones de dólares. Y tercero, porque evidencia las dificultades fiscales que afronta Arabia Saudí, que ha recurrido a esta operación, que supone vender parte de su 'joya de la corona', para apuntalar sus cuentas públicas.