La cúpula de TVE y sus principales figuras mediáticas de infoentretenimiento están dispuestas a jugar todas sus cartas para que el PSOE se mantenga en el poder tras las elecciones del 29-N.
"Hay que generar tensión en la calle", ha dicho a su equipo uno de los presentadores que lidera uno de estos programas de actualidad realizados por productoras externas.
Una estrategia marcada desde Moncloa y que coincide con el "nos interesa que haya tensión", la recordada frase que el entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero le dijo a Iñaki Gabilondo fuera de micrófono después de una entrevista realizada un mes antes de las elecciones de marzo de 2008.
Y es que estos rostros saben que se juegan su puesto en la cadena pública y que su única opción es que el PSOE -y Pedro Sánchez- sigan en La Moncloa. Por ello, el objetivo es introducir aún más intensidad para levantar y agitar al electorado de izquierdas.
Son conscientes de que deben convertirse en el principal ariete mediático del Gobierno en campaña -con permiso del grupo Prisa- y para ello la cúpula de la cadena ha ordenado redoblar los especiales e inundar con política (aún más si cabe) toda su parrilla.
Para ello, tendrán más informativos, más directos y más coberturas de actualidad. En definitiva más La Mañana, más Mañaneros 360, más Directo al grano y más Malas lenguas.
La primera medida ha sido colonizar la franja de los sábados por la noche en el prime time de La 1 con el Malas lenguas noche de Jesús Cintora. Así se aseguran intensidad para mantener vivos los temas que interesen al Gobierno durante toda la semana.
Pero además impulsarán la presencia de tertulianos más beligerantes y en lo posible con la mínima representación de posiciones más conservadoras en todos los programas e informativos.
Parte de esta estrategia la hemos visto esta semana, con máxima tensión no solo en estos programas, sino también en los informativos. Donde la presencia de las manifestaciones de la calle y la cobertura de los decretos de la vivienda se han convertido en claros protagonistas.
Y es que la súbita convocatoria de elecciones generales ha ocasionado una profunda sorpresa y una gran inquietud en los principales directivos de Radio Televisión Española (RTVE). También entre sus principales estrellas mediáticas.
Sorpresa, porque nadie hace una semana se imaginó el actual escenario de comicios inminentes. Por el contrario, confiaban -como se les había transmitido desde Moncloa- en que hasta mediados del próximo año no habría ningún movimiento.
De hecho, la única orden era apretar al máximo con el tema de la vivienda y dar cobertura a las acampadas que se estaban produciendo.
Pero unas elecciones lo cambian todo. Esto les ha obligado a replantearse su estrategia y asumir que tendrán solo dos meses para echar el resto definitivo para intentar apoyar con toda su artillería al Gobierno.
Pero la convocatoria electoral también ha generado inquietud, porque el adelanto electoral se produce con las encuestas en contra del PSOE y de los partidos de izquierda y con la posibilidad real de que gane el Partido Popular (PP) en alianza con Vox.
Dos partidos que no han ocultado su descontento con la cobertura de la cadena y que les han acusado en varias ocasiones de manipulación informativa y de cercanía con Sánchez.
Incluso VOX ha indicado que su objetivo claro es desmontar la actual Televisión Española y sus programas de infoentretenimiento en cuanto sea posible.
El PP anunció en abril la creación de una Comisión de Investigación para analizar las funciones de la cadena pública donde querían llamar a directivos, periodistas y trabajadores de RTVE.
Pero Vox fue más allá. Su diputado, Manuel Mariscal, puso sobre la mesa el despido de presentadores de RTVE si llegan al poder. "Entraremos con motosierra o con lanzallamas", dijo.
Gracias a las sucesivas reformas que ha hecho Sánchez, primero en 2018 y más recientemente en 2024, se han ido rebajando las mayorías parlamentarias para cambiar al presidente y Consejo de Administración de RTVE.
Nueva ley de RTVE
Es así como -con la actual ley- al PP solo le bastaría con tener el respaldo de 176 diputados para nombrar un consejo a su medida y proponer a un presidente de TVE afín. Las encuestas les dan poco menos de 200 votos en estos momentos.
Por ello, los señalados son todos. Los primeros, el equipo directivo con su presidente José Pablo López a la cabeza, un directivo situado por Moncloa ya que garantizaba máxima fidelidad a los mensajes del Gobierno.
López llegó a finales de 2024 y pese a que intentó dar un giro comercial hacia el corazón, a los pocos meses rectificó para poner en pantalla debates políticos pro Sánchez doce horas al día, prácticamente toda la jornada televisiva.
Los segundos que el PP y Vox querrán sacar son los miembros del consejo de administración, un órgano hecho a medida de los socios de la investidura de Sánchez.
Consejo de administración
Cinco consejeros del PSOE, cuatro del PP, dos de Sumar, uno de ERC, otro de Junts, otro de PNV y uno de Podemos. Una representación en la que se ha impuesto la mayoría de partidos minoritarios, pero que será difícil sostener tras las elecciones si hay cambio de color en el Gobierno.
Pero los más señalados son los comunicadores de los programas de actualidad que -desde hace dos temporadas- se han convertido en el mejor ariete de los mensajes y de la agenda pública que quiere imponer Moncloa.
En 2023, solo existía Las Mañanas con Silvia Intxaurrondo, pero es que ahora han irrumpido Mañaneros 360, con el repescado Jesús Cintora; Malas lenguas, con Gonzalo Miró, Esther Palomera y Ana Hinestrosa; y Directo al grano con Martín Barreiro y Marta Flich.
Por descontado que en un Gobierno del PP y de Vox todos estos programas desaparecerán y sus presentadores abandonarán la cadena pública. Y muchos de ellos tendrían difícil encaje en una cadena privada.
Es por ello por lo que todos se juegan más que su puesto de trabajo, la mayoría se juega su permanencia en la televisión. Lo mismo que muchos tertulianos que se han significado y que no podrían encajar en tertulias de otras cadenas. Con permiso de La Séptima. Se vienen curvas.
