Después de semanas sin nuevos contagios, países como Corea del Sur y China han vuelto a tener brotes de coronavirus y en otros como Alemania se han producido repuntes de contagiados tras las primeras semanas de desescalada.

El propio Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Emergencias y Alertas Sanitarias (CCAES), advertía este lunes de que España podía vivir una situación similar de rebrote "si no hacemos las cosas bien". "Estamos en una fase delicada. Si no hacemos las cosas bien podemos pasar a una situación parecida a la de Alemania o Corea del Sur", advirtió.

Es una realidad. Ni España ni ningún país está libre de que se produzcan nuevo casos, pero sí que pueden poner en marcha herramientas tecnológicas que permitan aislar a los contagiados y rastrear a quienes han estado con ellos para evitar que se vuelva a propagar el Covid-19.

Es la clave del desconfinamiento y la filosofía fundamental detrás de la "nueva normalidad". Corea del Sur, uno de los países que mejor ha logrado combatir la pandemia gracias a la tecnología de rastreo de teléfonos móviles, intenta frenar este nuevo brote aislando rápidamente a todos los posibles contagiados.

El país asiático ha podido saber casi en tiempo real quiénes podían estar afectados en el momento de detectarse el primer nuevo positivo. Es más, la tecnología de rastreo ha permitido tener en pocos minutos la ruta exacta del contagiado y conocer dónde y con quién estuvo. 

La clave es acotar el contagio y -lo que es más importante- aislar a los nuevos enfermos antes de que sigan contagiando sin saber que son portadores. ¿Resultado? Corea cerró rápidamente todos los pubs, restaurantes y bares que visitó el contagiado y ya están identificados y en búsqueda los 5.500 contactos que pudo haber tenido antes de ser aislado.

Por el contrario, ¿qué pasaría en España si al comienzo de este confinamiento -por ejemplo este lunes 11 de mayo- un infectado contagiara a decenas de personas en una terraza, visitando pequeñas tiendas o dando un paseo por la calle? No nos enteraríamos hasta dentro de dos semanas y sería imposible detectar y saber con quiénes han estado.

Contactos de los contagiados

Del mismo modo, a su vez, estos contagiados seguirían propagando la enfermedad en las dos semanas siguientes sin saberlo -el virus tarda quince días en ser detectado- por lo que en dos o tres semanas tendríamos un rebrote. Una situación peligrosa que podría recordarnos la crisis de marzo e incluso poner en riesgo la desescalda y devolvernos otra vez a la casilla de salida con los españoles reconfinados. Una situación que no podría soportar la sociedad ni la maltrecha economía española.

Los expertos sanitarios y la evidencia demuestran que ni Corea del Sur, el país que mejor ha combatido la pandemia, está libre de rebrotes a la hora de relajar las medidas de confinamiento, por lo que es urgente prever cómo se puede prevenir y aislar los posibles focos que puedan aparecer.

España comienza esta semana un momento crítico, el de la vuelta hacia la nueva normalidad en la mitad de sus territorios . El lunes hemos podido ver gente en terrazas -con menos de un metro de distancia entre mesas-, familiares que habitan en diferentes casas abrazándose en la calle y miles de españoles en playas, haciendo deporte y comprando en comercios.

Y todos sin app de rastreo. Lo que según todos los expertos, aumenta exponencialmente el riesgo de un rebrote. Estas mismas fuentes indican que con estas aplicaciones aumentarían radicalmente la velocidad de rastreo, mucho más eficiente  que el sistema de contactos manual que utilizó España al comienzo de la crisis, con la presencia física de personas entrevistando y buscando a los contactos de los contagiados. Estas aplicaciones pueden hacer mapas del movimiento de los afectados, haciendo el rastreo más eficiente y más veloz.

Pero, ¿qué ha pasado? El pasado fin de semana el ministro de Sanidad Salvador Illa confirmó que el Ejecutivo está trabajando en la apuesta europea y en tener una aplicación de rastreo unificando criterios con el resto de los países del continente. No obstante, los plazos son largos y no se espera tener un piloto de una aplicación en funcionamiento con estándares comunitarios hasta finales de mes o entrado junio.

AsistenciaCOVID

España lanzó hace más de un mes su aplicación de autodiagnóstico AsistenciaCOVID, pero por el momento su uso es testimonial. Esta aplicación es escalable, pero originalmente estaba pensada para realizar un rastreo con base en geolocalización, una modalidad descartada y sustituida en Europa por el sistema bluetooth.

En principio esta tecnología es menos intrusiva para la privacidad que los sistemas de geolocalización por GPS que se utilizan en Corea del SurChina o Japón. La precisión es menor y los datos son más difíciles de tratar, pero realiza un rastreo de los dispositivos móviles desde fuera de los aparatos y no dentro, como la geolocalización. Respeta, por tanto, mucho más la privacidad.

Estamos ante el modelo defendido por el consorcio Pan-European Privacy-Preserving Proximity Tracing (PEPP-PT), patrocinado en un comienzo por Alemania y que es la principal candidata para establecer los estándares y el código base para que las aplicaciones de los países europeos. Es un sistema similar al utilizado por la aplicación de rastreo presentada por Google y Apple.

Decidido el sistema de uso y en coordinación con el resto de países en Europa, toca decidir si es que se empieza de cero -con una nueva aplicación- o se actualiza y remodela AsistenciaCOVID. En el primero de los casos, los tiempos de implantación deberían ser mayores, ya que implica realizar un nuevo desarrollo al mismo tiempo que se perderán quienes ya se hayan descargado esta aplicación. No obstante, otras fuentes indican que es posible que el tener que adaptar la tecnología bluetooth a AsistenciaCOVID podría retrasar todo el proceso.

El tercer interrogante que debe resolver Moncloa es la voluntariedad de la instalación de la aplicación. Europa demanda que tiene que ser voluntaria y que deberán desmantelarse desde el momento en que ya no resulten necesarias.

Opinión de Bruselas

Del mismo modo, Bruselas pide que las apps tienen que funcionar con datos anonimizados: pueden alertar a los usuarios que hayan estado cerca de una persona infectada durante un determinado periodo para que se hagan la prueba o se aíslen, pero sin revelar la identidad del infectado.

España ya ha dicho en múltiples ocasiones que optan por poner en marcha campañas de concienciación para la instalación de la app antes que generar penalizaciones para quienes no lo hagan.

En cualquier caso, los retrasos españoles y europeos en la implantación de las apps de rastreo incrementan los riesgos de un rebrote en plena desescalada y con media España ya en fase 1 de desconfinamiento. Actuar con rapidez es fundamental en estos momentos, indican los expertos consultados.

Estas apps pueden controlar y aislar los brotes y pueden marcar la diferencia hacia la nueva normalidad y -lo más importante- ayudar a que el desconfinamiento no tenga una vuelta atrás y que no tengamos que retornar a situaciones como las de mediados de marzo, con todos los españoles recluidos en sus hogares y con los consiguientes impactos económicos que ya todos conocemos. España no podría resistir pasos atrás.

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