Laura Ojea Fernando Cano

Verano aciago para el Gobierno español. El Ejecutivo se marchó de vacaciones el pasado martes tras el último Consejo de Ministros del curso y solo una semana después ha vuelto a estar en el ojo del huracán por la imparable subida de los precios mayoristas de la electricidad.

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Una verdadera tormenta de verano impulsada por el ascenso de los precios de las materias primas que no sólo deja a la luz en sus mayores precios históricos, sino que además ha llevado a máximos anuales a los carburantes.

Algo que ya repercute directamente en los bolsillos de los españoles. Este año se han pagado ya tres de las seis facturas más caras de la historia y se están pagando los niveles más altos de gasolina desde 2014.

De hecho, la factura de la luz de los últimos meses se está pagando un 30% más cara que hace un año y llenar el depósito del coche es ya un 22,5% más costoso que hace doce meses. Un cóctel peligroso que le ha estallado al Gobierno en pleno agosto y que amenaza con movimientos sociales.

De hecho, el propio socio del Gob¡erno, Unidas Podemos, ya ha indicado que no descartan salir a la calle si fuese necesario para defender a los consumidores.

Impacto en la luz

Este jueves -y con el cuarto récord histórico consecutivo en el precio de la luz- la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, intentó salir al paso de las críticas de organizaciones de consumidores y partidos políticos indicando que una de las opciones que barajan es poner en marcha una empresa pública que gestione las concesiones eléctricas.

Una solución que, sin embargo, es de largo recorrido y que no tendrá un efecto inmediato. Mientras, y en lo que resta del verano y de este 2021, el Ejecutivo tendrá que resistir el peligroso cóctel del rally de las materias primas. 

En el caso de la electricidad, este viernes se registrará el quinto récord consecutivo del precio mayorista de la luz, con una media diaria de 117 euros por el megavatio hora (MWh) -el mayor jamás registrado- y las previsiones apuntan a que el resto del mes se mantengan estos valores que triplican los de hace un año.

En julio, el precio medio de la factura de la luz llegó a los 85,34 euros, el tercer recibo más caro a nivel histórico para el usuario medio. Hasta la fecha, las cinco facturas más elevadas habían sido los 88,66 euros del primer trimestre de 2012; los 87,81 euros de enero de 2017; los 83,55 euros de septiembre de 2018; los 82,13 euros de mayo de 2021; y los 81,55 euros de febrero de 2021.

Desde abril se han superado sucesivamente (excepto en junio) todas las facturas medias que los españoles habían venido pagando por la luz, con crecimientos interanuales superiores al 30%. En abril el crecimiento fue del 46%; en mayo, del 45%; en junio, del 34%; y en junio, del 36%.

Subida del petróleo

Una mala noticia para los bolsillos de los españoles que, además, llega en el peor momento. Los precios están desbocados en medio de la primera gran ola de calor de España con temperaturas que llegarán a los 45 grados en algunos puntos de la geografía. En agosto se pagará una factura media 25 o 30 euros por encima de lo que se pagaba hace un año por estas mismas fechas.

¿Qué ha pasado? El fin de la pandemia en Europa y Estados Unidos ha provocado un efecto yoyó en la economía. En abril de 2020, el mundo se paralizó, se produjo una caída histórica del barril de Texas, el gas no remontaba y el precio del CO2 en Europa apenas llegaba a los 20 euros la tonelada. 

Sin embargo, un año y medio después, el panorama es bien distinto. El repunte de los desplazamientos y las actividades de ocio en el mundo occidental alimenta la demanda de petróleo y agota sus suministros, según Norbert Rücker, Head Economics and Next Generation Research del banco suizo Julius Baer.

Para los analistas, el estado de ánimo del mercado está mejorando y agregando más vientos de cola a los precios. El precio del barril de petróleo de calidad Brent, referencia para el Viejo Continente, se situó este jueves en los 71,1 dólares (70,6 dólares hace una semana), mientras que el Texas ronda los 68,8 dólares (68,6 dólares la semana pasada).

Los precios del petróleo escalan a máximos y esto solo significa que las economías importadoras de combustibles fósiles como España van a sufrir. Y lo harán en el peor momento, cuando necesitan reactivar su actividad. 

Precio de los carburantes

Según Julius Baer, aparentemente, los precios del petróleo continúan su escalada lenta y constante. El rebote parece particularmente fuerte, ya que coincide con la temporada de viajes en Europa y los Estados Unidos.

Para Estados Unidos, "proyectamos una demanda récord de gasolina este verano y vemos que el almacenamiento se reducirá aún más por debajo de los niveles promedio de cinco años en el corto plazo".

Esto ha generado que el precio de los carburantes haya escalado a nuevos máximos anuales en la segunda semana de agosto. En concreto, el precio medio del litro de gasolina se ha encarecido algo más de un 0,2% respecto a la primera semana de agosto, para situarse en casi 1,420 euros, en máximos desde finales de julio de 2014, según datos del Boletín Petrolero de la Unión Europea.

Por su parte, el precio del gasóleo ha repuntado ligeramente esta semana, hasta los 1,270 euros, en niveles máximos desde noviembre de 2018. De esta manera, el llenado del depósito en esta segunda semana del mes de agosto es ya un 22,5% más caro, para el caso de la gasolina, y un 19,8% más elevado, en el gasóleo, que hace un año.

Es probable que el rebote de la demanda tenga un elemento temporal dados sus ingredientes de temporada. Sin embargo, alcanzar el pico no solo depende del consumo sino, lo que es más importante, de las proyecciones de producción. La actividad se está recuperando más lentamente de lo habitual, ya que las inversiones provienen principalmente de productores privados, no públicos.

Precios industriales, por las nubes

Con todo, la inflación del combustible se convierte en un punto de dolor económico para países como España. En definitiva, los precios van a seguir subiendo. Habrá que apretarse el cinturón porque su encarecimiento se ve reflejado en los carburantes y, a partir de ahí, en el resto de la cesta de la compra.

Las consecuencias ya se están sintiendo en España. La tasa anual del Índice de Precios Industriales (IPRI) general en el mes de junio se situó en el 15,4%, dos décimas por encima de la de mayo y una tasa no vista desde octubre del año 1983.

El incremento interanual de los precios industriales se ha debido principalmente a la energía, hasta el 7,6%. Se trata de la tasa más alta desde julio de 1995.

Otro de los mercados que están influyendo en la electricidad es el precio del CO2. Los precios de los derechos de emisión de CO2 marcaron su récord histórico el 5 de julio, con un valor de 57,77 €/t y el precio de cierre de la sesión del 10 de agosto fue 57,34 €/t. Según Gas Exporting Countries Forum (GECF), esto tiene una relación directa en los precios eléctricos que han expulsado al carbón y ahora es el gas quien marca los precios.

El mundo, Europa y España se enfrentan a muchos meses de precios energéticos altos, y esto significa carburantes más caros, la luz y el gas más costosos, los precios de los productos frescos más altos porque trasladan los costes energéticos al consumidor final así como los productos industriales. Un tsunami que dejará víctimas en una economía, como la de España, que ha sufrido especialmente las consecuencias de la pandemia en su sector estrella: el turismo.