El sector de la panadería quiere estabilizar su posición tras años marcados por la inflación, cierres de negocios, boom de panes de masa madre y vuelta al clásico pan de molde.
La industria cerró 2025 con una facturación de 966 millones de euros, un 0,4% menos que un año antes, según el ‘Informe Produlce 2025’ elaborado por la Asociación Española del Dulce.
“Es una categoría que difícilmente crece en volúmenes”, señala Rubén Moreno, secretario general de la patronal Produlce. Su volumen está topado y la única manera de crecer es buscando la especialización con panes integrales, de masa madre…
Sin embargo, lo que nos encontramos actualmente es un consumidor que está polarizado.
O compra el pan más barato en el supermercado por necesidad (a precios que oscilan los 60-90 céntimos), o busca una micropanadería especializada de masa madre y larga fermentación, asumiendo un precio mucho mayor (de entre 1,5 y 3 euros).
El término medio —la panadería de barrio tradicional— es la que está desapareciendo. De hecho, desde Produlce aseguran que los pequeños obradores son los que están cerrando, aunque no cuentan con datos concretos.
Esa afirmación coincide con el dato aportado en 2024 por la Asociación Española de la Industria de Panadería, Bollería y Pastelería (Asemac). Desde el estallido de la pandemia, alrededor de 600 establecimientos dedicados a la venta de pan han desaparecido.
¿Por qué? Primero porque en este tipo de negocios no hay relevo generacional. Y, segundo, por los elevados costes de producción.
La invasión de Ucrania y la inflación general han disparado el precio de las materias primas (como el trigo) y, sobre todo, la energía. Y eso se ha trasladado al consumidor (con subidas cercanas al 30% desde 2019), quien a su vez lleva años sufriendo como el precio de muchas cosas sube más que sus salarios.
“En momentos en que la renta disponible disminuye, se tiende a volver al pan de molde que resurge con fuerza o a la marca de distribuidor”, señalan desde Produlce. La marca blanca es más barata, mientras que el pan de molde dura más que una barra de pan.
Pero hay más razones que afectan a este estancamiento. La categoría de panificación, que representa el 12% del peso en facturación del sector del dulce, se vio lastrada en 2025 por las exportaciones, que cayeron un 8%.
El desplome de Francia (con una caída del 16%), junto a la atonía de Italia y Portugal, pasó factura a las ventas exteriores. La categoría volvió a presentar balanza comercial negativa.
No obstante, su consumo muestra un ligero crecimiento al alcanzar los 969 millones de euros, un 1,5% más.
Sector del dulce
La panadería es una de las categorías que forma parte del sector del dulce español, que en su conjunto cerró 2025 con una facturación de 8.110 millones de euros, un 4,5 % más que en 2024, según el informe de Produlce.
La producción nacional derivada al mercado español superó los 5.450 millones de euros (un 1,7% más), mientras que las exportaciones alcanzaron los 2.658 millones de euros (un 10,5% más).
Con este dato, el dulce se afianza como el quinto exportador de la industria agroalimentaria española.
En cuanto a las exportaciones, Europa concentró el grueso de las ventas exteriores, seguida de América, Asia y África.
El motor del impulso exportador fue el cacao y el chocolate, cuyas ventas al exterior se dispararon un 35,7 % hasta los 857,8 millones, con Francia, Portugal y Alemania como principales destinos.
Le siguieron las galletas (un 13,9% más con 702,9 millones), que consolidaron a Portugal y Francia como sus principales mercados.
La nota negativa es que se produce una pérdida importante en el continente americano, especialmente en EEUU, donde las ventas caen un 20% desde 2023.
Y en este país se produce un triple efecto negativo según Produlce: inflación en las materias primas, aranceles y devaluación del dólar frente al euro.
“Eso hace que las exportaciones sean más caras y el mercado de EEUU se contraiga y se exporte menos”, detalla Rubén Moreno.
La categoría de chicles y caramelos es la que más afectada se vio por la caída de este mercado.
