Myriam Ávila Sandra Tobar

El semáforo nutricional sigue dando quebraderos de cabeza, esta vez entre los miembros del Consejo de Ministros. La disconformidad a los criterios de Nutriscore ha enfrentado a los Ministerios de Agricultura y Consumo, liderados por Luis Planas y Alberto Garzón, respectivamente. La clave está en los productos ibéricos: tampoco aprueban según los criterios del citado semáforo.

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El grito de guerra lo ha dado el propio sector del jamón ibérico. Asociaciones, empresarios y ganaderos han mostrado de forma conjunta su rechazo al método que alerta al consumidor de los productos no saludables. De A hasta la D, el semáforo puntúa tomando como referencia “cada 100 gramos que se ingieren” y -según critican- sin contar con las propiedades positivas.

En el caso del jamón, según explican fuentes del sector a Invertia, pasa por un proceso de salazón para que sea curado. “Es un proceso en el que la sal representa un 4% del total y la mayoría está en su superficie”, alertan las citadas fuentes que lamentan que, con esta premisa, Nutriscore tache de poco saludable el consumo del jamón ibérico.

Imagen de archivo de jamones en el secadero. Irene Rodríguez

Ante la polémica y la mala imagen generada de cara al consumidor, las organizaciones que engloban a la industria ibérica han impulsado su movilización para “ir todos de la mano”. Ya han mantenido encuentros con los gobiernos de Andalucía, Extremadura, Castilla y León y Castilla-La Mancha, administraciones que han mostrado su apoyo a la causa.

También se han dirigido al ministro y exconsejero andaluz de Agricultura, Luis Planas, quien les ha tendido la mano. Según confirma la industria ibérica a Invertia, el departamento de Planas le ha transmitido su “compromiso” para que Consumo establezca que dichos productos “no se rijan por dichos criterios” o que éstos sean modificados. 

Planas, "preocupado"

Planas ha expresado su “preocupación” por las notas que otorga este sistema de etiquetado Nutriscore. De hecho, el pasado lunes durante la rueda de prensa organizada por Lidl para presentar el pacto de precios del aceite con agricultores lanzó una advertencia. “Solo daré mi acuerdo si la situación de los productos de la dieta mediterránea están justamente valorados”, afirmó.

¿Y qué dice Consumo respecto al jamón? Desde el Ministerio liderado por Alberto Garzón defienden la funcionalidad de Nutriscore para fomentar “una alimentación saludable”, así como el funcionamiento “a través de un algoritmo que el fabricante aplica a la composición del producto”, con lo que es el fabricante el que aplica la etiqueta que le corresponde. 

Imagen de archivo de María Jesús Montero, Alberto Garzón y Luis Planas. Moncloa

De ahí que reiteren a Invertia que hay que “analizar producto por producto”, como ha ocurrido con el aceite y como podría ocurrir con el jamón. Sin embargo, declinan hacer declaraciones sobre la posibilidad de excluir también al jamón

El indulto del aceite

De momento, el aceite de oliva es el único que ha conseguido ser excluído de este semáforo. La Interprofesional del Aceite de Oliva Español envió una carta al titular de Consumo para reclamar una calificación máxima al aceite de oliva en Nutriscore. Una presión que consiguió el visto bueno del Ministerio para salir del semáforo. 

Hasta la fecha, este sistema de etiquetado frontal es voluntario para las empresas que decidan establecerlo, a falta de que la normativa europea decida sobre su obligatoriedad. Compañías como Nestlé o Danone lo aplican en muchos de sus productos e incluso supermercados como Eroski cuentan con el 20% de su marca blanca clasificada bajo este etiquetado. 

En este sentido, el Ministerio de Consumo anunció en verano que el sistema de etiquetado frontal nutricional Nutriscore entrará en vigor el primer cuatrimestre de 2021. De esta forma, España se suma a Francia, que ya tiene implementado este sistema, y a Bélgica y Alemania, que han anunciado a la Comisión Europea su deseo de ponerlo en marcha.

La estantería de un supermercado repleta de productos.

Nutriscore tiene cinco posibles variantes, cada una consta de un color (verde oscuro, verde claro, amarillo, naranja claro y naranja oscuro) asociado a una letra (A, B, C, D y E, respectivamente). 

Los productos se clasifican según su calidad nutricional y se les asigna una de las cinco variantes del logotipo, donde A (verde oscuro) es el producto más favorable desde el punto de vista nutricional y E (naranja oscuro) el producto menos favorable desde el punto de vista nutricional.

Cabe recordar que fue el Ministerio de Sanidad quien lanzó este semáforo en 2018. Ya entonces generó mucha polémica en estos sectores, pero al ser algo voluntario la polémica no llegó a más. Ahora, que aspira a ser obligatorio, es cuando se producen las disputas y muchos productos como el aceite y el jamón ven amenazada su imagen.