Fue a finales de 2018 cuando Ferrovial puso el cartel de ‘se vende’ a la división de servicios. En un principio, y según los cálculos de los analistas, la operación podría reportar a la compañía presidida por Rafael del Pino unos ingresos cercanos a los 3.000 millones de euros.

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Lo que iba a ser una venta en bloque, finalmente, acabó por trocearse. Y, a punto de alcanzarse el punto final, esa cantidad finalmente podría estar sobre los 2.100 millones de euros. El primer paso fue la venta de la filial australiana, Broadspectrum, a Ventia (Apollo y ACS). Un acuerdo que se cerró cuando 2019 estaba a punto de finalizar.

El montante de la operación fue de 288 millones de euros. Más tarde vendió su participación del 50% en TW Power Services a Worley por 12 millones. Un hito al que han seguido otros, sobre todo durante 2021. El primero de ellos fue la venta a Urbaser de seis proyectos de su negocio de recogida de residuos en Reino Unido que venía desarrollando Amey. Una cartera conjunta valorada en unos 34 millones de euros.

Sin embargo, la gran operación fue la venta de su negocio de medioambiente en España y Portugal a la alemana PreZero (grupo Schwarz) por 1.133 millones de euros. Si se suman a esta cantidad los 288 millones de euros de Broadspectrum, más los 12 de TW Power Services, más los 34 millones de parte de Amey, la cifra en desinversiones de la división de servicios de Ferrovial es de 1.467 millones de euros.

Una cifra que podría engordar antes de finalizar el año si la compañía a los mandos de Rafael del Pino finiquita la venta de la división de servicios: por un lado, el grueso de la filial británica Amey; por otro, el área de infraestructuras en España.

Por la primera, se estima que podrían alcanzar los 350 millones de euros. Por la segunda, entre 200 y 300 millones. Viendo el vaso medio lleno, unos 2.127 millones de euros son los que conseguiría Ferrovial y que no se aproximarían a los 3.000 millones que en su momento vaticinaron los analistas.

Eso sí, quedaría por vender el negocio en Chile, bajo la marca Berliam, dedicado a la prestación de soluciones integrales de operación y mantenimiento a la minería e industria, y Estados Unidos, centrado en empresas petroleras y concesionarias de infraestructuras.

Ambos se pueden considerar menores. La venta de las plantas de tratamientos de residuos en Reino Unido se pospone a 2022 o 2023. Un ligero acercamiento a esos 3.000 millones.

Menos trabajadores

Junto a estas desinversiones de la división de servicios, Ferrovial ha ido desarrollando otras. Así, a lo largo de 2021, la cantidad supera los 1.655 millones de euros. Un ejemplo es la venta de una empresa de materiales de construcción en Estados Unidos por unos 120 millones de euros: Southern Crushed Concrete (SCC).

Una venta que supuso que Ferrovial se desprendiera de su plantilla: 175 trabajadores. Pero ¿en cuánto se ha desinflado la plantilla tras los acuerdos en la división de servicios? En febrero de 2019, cuando se puso en venta, alcanzaba casi los 80.000 empleados.

A cierre de 2020, servicios representaba el 77% del total de la plantilla: 61.691 personas. Un descenso que se vio impulsado, sobre todo, por la venta de Broadspectrum. En concreto, fueron 9.849 personas las que ‘cambiaron de jefe’.

Con el acuerdo alcanzado con PreZero (grupo Schwarz) por el negocio de medioambiente en España y Portugal, ese ‘cambio de cromos’ acabará afectando a 16.000 empleados. Por tanto, sólo con estos dos movimientos, la suma alcanza casi a 26.000 personas.

Si finalmente, y antes de concluir el año, se llega a los acuerdos con la parte de Amey e infraestructuras, la cifra podría dar un importante salto. La plantilla de Amey, según la memoria de Ferrovial, la conforman 9.000 personas (conviene recordar que no toda la filial está a la venta). E infraestructuras la componen unas 26.000 personas. Por tanto, la cantidad final podría acercase a los 50.000 empleados.

Aunque Ferrovial ha tenido muchas ‘novias’ por la división de servicios, la gestión de grandes grupos de personas suele ‘asustar’ a los fondos de capital riesgo. Subidas, como la del salario mínimo en España, suelen descuadrar salarios e incrementos anuales que suelen estar pactados en contratos a largo plazo.